Neoliberalismo

Las alternancias perversas y la asunción de las tareas postergadas

Las alternancias perversas y la asunción de las tareas postergadas

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El problema más importante de la Argentina y de los países de nuestra región es la geopolítica de dominación de Washington y sus socios, las oligarquías locales entreguistas. Estamos convencidos de que no hay manera de refutar con argumentos válidos esta tesis, que se oculta y tergiversa con todo tipo de noticias falsas (new fake) en los medios de comunicación hegemónicos, ocupado por comunicadores mercenarios que manipulan sin ningún miramiento a la ciudadanía.

La alternancia de los gobiernos, que es un valor apreciable en las democracias sanas, en este marco se convierte en una pesadilla para nuestros pueblos. Los gobiernos de signo neoliberal, apoyados y alentados todo el tiempo por Washington y los sectores de poder locales, que no cesan nunca en su acción de ataque y desgaste de los gobiernos de signo nacional y popular, destruyen, en cada alternancia, los avances logrados.

La deuda externa, un claro instrumento de dominación y condicionamientos y extorsiones de todo tipo, es un azote que no podemos quitarnos de encima. Ante este cuadro, es hora de que tomemos medidas de fondo que, debido a las debilidades y condicionamientos continuos, nunca se toman. Por ejemplo, entre otras importantes, asumir dos tareas, de responsabilidad compartida entre pueblo y gobierno. Una campaña, de carácter nacional, de promoción de la elevación del nivel de alfabetización política de la ciudadanía. En esta iniciativa, es indispensable promover transformaciones profundas en el sistema educativo que, además de público, debe convertirse en popular, porque no es tolerable, por dar un ejemplo, que en las escuelas no se enseñe a pensar en forma crítica a los educandos[1]. La otra, que es la contracara de la primera, encarar, mediante diferentes estrategias, la democratización de los medios de comunicación masivos, hoy monopolizados por los sectores dominantes[2].

Vivimos en un sistema de dominación global-local, de tipo material-cultural, que genera sociedades desiguales y des-humanizadas. Quienes tienen el poder material fáctico, poseen, a la vez, los recursos para practicar una dominación cultural a través de una continua y persistente colonización subjetiva de las poblaciones. En nuestra región de Latinoamérica, y en el mundo, el sistema está regido por Washington y las oligarquías locales de las distintas regiones y países que se le subordinan. Esto es muy evidente y existen ejemplos y pruebas históricas y actuales abrumadoras que lo corroboran. No obstante, está realidad es ocultada sistemáticamente por los medios hegemónicos, que impiden que la ciudadanía la visualice como la contradicción principal a resolver, no sólo en la Argentina, sino en la región y el mundo. Este es el gran problema, el más fuerte obstáculo para desarrollarnos de forma soberana, que tenemos hoy en nuestro país y la región. No tenemos duda de que la principal fuente de todos nuestros males proviene de esta dominación que nos ahoga, aborta nuestro crecimiento y llena de desasosiego a nuestros pueblos. Un notorio representante del imperio anglo-sajón, como Wiston Churchill, decía esto en la reunión de Yalta (1945):

“No dejemos que Argentina sea potencia, arrastrará tras de sí a toda América Latina. La estrategia es debilitar y corromper por dentro a Argentina, destruir sus industrias, sus fuerzas armadas, fomentar las divisiones internas apoyando bandos de derecha e izquierda. Atacar su cultura en todos los medios. Imponer dirigentes políticos que respondan a nuestro imperio. Esto logrará la apatía del pueblo y una democracia controlable, donde sus representantes levantarán sus manos en servil sumisión”.

A confesión de partes, relevo de pruebas. Está muy claro verdad. Bueno, Washington, aliado incondicional de Gran Bretaña, es hoy el continuador de esta geopolítica, que amenaza seriamente nuestro destino soberano, así como el de los demás países de nuestra región.

Se trata de un sistema de neocolonialismo, en el que quienes conforman el bloque dominante, impiden intencionalmente y de diferentes formas, el desarrollo autónomo y soberano de nuestros países, condenándonos a una frustración continua que ensombrece nuestro futuro. En este marco es imperioso reflexionar y tomar consciencia de la necesidad de asumir responsablemente la lucha por superar esta situación. Una lucha que involucra a dos poderes, el popular y el político. Los dos son necesarios y deben potenciase mutuamente.

En lo que hace a la construcción de poder popular, es esencial la toma de conciencia de cada uno de nosotros y nosotras, que debemos asumir responsablemente la tarea de elevar nuestro nivel de alfabetización política. No se trata de un acto individualista y cerrado, sino, por el contrario, es una acción de alto contenido comunitario y con una clara proyección colectiva, ya que la incorporación de pensamiento crítico y consciencia política en cada uno de nosotros y nosotras, son imprescindibles para luchar contra la colonización subjetiva, una de las armas más contundentes que poseen las oligarquías para imponer su dominio. La manipulación mediática tiene como complemento imprescindible, para lograr el éxito, la ignorancia política de la población. Cuanto más ignorante es la ciudadanía, más penetración y daño propiciará la manipulación de la información.

Tenemos que decirlo así, sin cortapisas ni eufemismos, nuestro país y los de la región están infectados por una caterva de falsos periodistas, verdaderos mercenarios dispuestos a vender a su patria por veinte monedas, que se refugian en una libertad de expresión malversada. Su misión rentada, es ocultar estas realidades, difamar a los políticos y funcionarios con coloratura nacional y popular y blindar a fuego a los verdaderos corruptos y entregadores de la nación. Si no existiera la ignorancia política de una parte importante de la ciudadanía, estos personajes nefastos no tendrían audiencias para envenenar con sus continuas difamaciones y mentiras.

Por eso, la participación, movilización y organización del pueblo, requiere de, en un primer momento, la decisión responsable, de cada uno de nosotros y nosotras[3], de emprender la tarea de educarnos políticamente, que consiste en lograr conocimientos y competencias para leer en forma crítica el fenómeno político. Esta es una tarea ardua, que nos exige administrar muy bien nuestros tiempos y mucha responsabilidad. Porque si todos somos cero, la suma de ceros siempre dará cero.

Con esto, no sólo colaboraremos responsablemente en la lucha por conseguir una democracia verdaderamente sustantiva, donde el poder esté en los pueblos, sino que también será un beneficio para mejorar la calidad de vida de cada uno de nosotros y nosotras, porque no hay mejor autoayuda para nuestra realización personal. que ayudar a que todos los que nos rodean se realicen.

  1. Sabemos que los sectores dominantes, como decía Paulo Freire, no se suicidan. Por lo tanto, no van a promover y alentar un sistema educativo que permita que los sectores subalternos adquieran herramientas para leer en forma crítica la realidad. Todo lo contrario, van a impedir y bloquear todo el tiempo que sucedan estas transformaciones.
  2. La Ley de medios fue una iniciativa muy valiosa del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, abortada por las cautelares de los jueces sometidos al Grupo Clarín y el DNU de Mauricio Macri, a pocos días de haber asumido como presidente.
  3. Esta decisión cobra una relevancia todavía más especial, en una sociedad cuyo sistema educativo no tiene como objetivo la formación de los educandos, en ninguno de sus niveles, para pensar en forma crítica la realidad y, menos aún, para leer con verdadera competencia el fenómeno político. Los sistemas educativos de las democracias liberales, tienen bien claro que el pueblo no delibera ni gobierna, por lo tanto, no necesita pensamiento crítico y, menos aun, competencias para leer el fenómeno político.

José Luis Lens

Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación. Actualmente, Profesor Titular de la Cátedra de Educación Popular en la FCH-UNCPBA y Profesor Adjunto de Ciencias Políticas en la UBA-CBC.

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