La crítica al idealismo democrático de Manuel Castells

La crítica al idealismo democrático de Manuel Castells

Resultado de imagen de manuel castells en chile

Resultado de imagen de la crisis de la democracia según manuel castells

La degradación de la democracia liberal

Este artículo requiere que los lectores realicen tres pasos:

1) Vean y analicen las dos conferencias de Manuel Castells[1]. Aquí señalamos dos realizadas en Chile a fines del año 2019.

2) Lean la crítica que le hacemos a su propuesta en nuestro artículo.

3) Extraigan sus propias conclusiones.

Existen muchas evidencias de una creciente degradación de la democracia liberal. En nuestra región alcanzan para ponerla a la luz dos hechos trágicos acontecidos recientemente: la llegada al poder de Mauricio Macri en nuestro país y de Jair Bolsonaro en el Brasil, ambos a través de elecciones de la democracia formal. Lo trágico aquí es que los pueblos votaron en contra de sus intereses.

Es fundamental, entonces, entregarle valor e importancia al tema, preguntándonos por las causas de esta realidad que ensombrece el destino de los países y pueblos de nuestra región. De ahí nuestro interés por debatir sobre esta problemática, en lo posible, orientándolo a la acción transformadora.

El destacado académico Manuel Castells pronuncio recientemente en Chile dos conferencias sobre lo que él denomina “crisis de la democracia liberal”, que merecieron mi atención, sobre todo porque los análisis críticos sobre la democracia liberal son escasos y tenemos mucho para decir al respecto, aunque no soy un académico prestigioso, sólo un profesor universitario sin ningún, por ahora, acceso a los medios. Por otra parte, estimo que el prestigio y lo honores no es lo que más debe interesarnos, sino la importancia, valor y calidad crítica de las reflexiones, de cara a la tarea urgente de superar la situación en la que nos encontramos.

Más que de una crisis de la democracia liberal deberíamos hablar de la devaluación de la democracia

Manuel Castells nos habla de la crisis de la democracia liberal, categorización que nosotros no compartimos, porque la democracia liberal nace y se proyecta históricamente como una expresión política de una clase dominante y, por lo tanto, siempre reacia a compartir su poder con el pueblo. Si bien frente a la organización política despótica de la monarquía es un gran avance, en tanto expresión de los intereses de la burguesía es lógico que en su contrato el pueblo quede despolitizado (el pueblo no delibera ni gobierna, sino a través de sus representantes, reza en las constituciones liberales), con lo cual el vínculo de representatividad se convierte, desde su nacimiento, en un Talón de Aquiles de los pueblos.

Si bien frente a los distintos tipos de dictaduras la democracia formal es el mejor de los sistemas políticos, no cumple ni nunca cumplió con el contenido que enuncia su etimología: “gobierno del pueblo”. Aquí es valioso recordar la importante reflexión de Cornelius Castoriadis en la Universidad de Buenos Aires en 1993:

“Habría que empezar preguntándose en qué consiste esta famosa democracia a la occidental. Pienso, por mi parte, que hablar de democracia en estos casos, es parte de la inmensa regresión ideológica y de la amnesia histórica que caracteriza a nuestra época y que se expresan también en el plano intelectual, en la reflexión política, en la filosofía y en la economía. La palabra democracia es simple en su sentido y en su intención central. Los griegos inventaron ese término al mismo tiempo que inventaban la cosa, la realidad a la que correspondía. Democracia: nada más ni nada menos que el poder del pueblo. No hay lugar para juegos filosóficos o hermenéuticos. La democracia es el poder del pueblo. Entonces, es una vergonzosa hipocresía decir hoy que hay algún país en este planeta en que el pueblo tiene el poder. Consideremos los regímenes políticos en los países occidentales. Si miramos, no la letra de las constituciones, sino el funcionamiento real de las sociedades políticas, comprobamos inmediatamente que son regímenes de oligarquías liberales”

Compartimos con Castoriadis la idea de que “democracia” y “democracia liberal” no son equivalentes, aunque para Castells pareciera que lo son.

Mientras la oligarquía pueda manipular y condicionar a la democracia representativa de diferentes maneras mediante sus recursos de poder, todo va bien y no hay problema, pero cuando se agotan sus recursos, entonces no duda en usar la fuerza y el poder fáctico y simbólico que detenta. El ejemplo más reciente lo encontramos en el golpe cívico-policial-militar producido en Bolivia, con el siempre infaltable apoyo de Washington. Tenemos que saber que la derecha neoliberal es autoritaria por dictado de su ADN.

Un diagnóstico que elude la búsqueda de las verdaderas causas

Castells detecta algo muy evidente: la pérdida de representatividad de los políticos y el cansancio y apatía de la ciudadanía. Pero su análisis es epidérmico, porque no llega al fondo del problema, dado que su planteo se basa en un recorte ideológico del contexto de comprensión y no proporciona una propuesta concreta de cambio. Es cierto que existe una profunda crisis de representatividad política en la mayoría de las democracias liberales. Como ejemplo extremo tenemos la explosión social del pueblo chileno, y también las movilizaciones de Ecuador, Colombia y Haití, así como el descontento con la clase política en prácticamente todos los países de la región y el mundo. Según cuenta Castells este descreimiento de los ciudadanos en los políticos es un indicador que viene aumentando en todo el mundo. La brecha creciente entre representantes y representados ha producido, según Castells, un rechazo de la gente hacía “los de arriba”, esto es, al establishment, y este rechazo ha traído consigo nuevas formas de organización dentro de la sociedad, cuya ruptura con las instituciones de la democracia liberal cobra un sesgo cada vez más marcado. .

También, para Castells, la globalización ha contribuido al declive de la democracia liberal. En la globalización los Estados-nación actúan como nodos de una red internacional en la que predominan las categorías de la economía neoliberal sobre la vida de los ciudadanos y de las comunidades locales. Para Castells la crisis económica que golpeó a Occidente desde 2008 puso en evidencia las tensiones entre la concepción globalista de las élites y la de una clase media que requiere del apoyo del Estado-nación.

Por otro lado, la política está expuesta al aparato de los medios de comunicación, que han establecido una dinámica que no contribuye de ninguna forma a la legitimación de la democracia. El juego de la política del escándalo, plagada de mensajes negativos y acusaciones, sostiene Castells, de corrupción entre los diferentes políticos, acentúa el descrédito, la apatía política y la desconfianza de la ciudadanía hacia sus representantes. También coloca al crimen organizado y al terrorismo internacional como factores que contribuyen a lo que define como una crisis de la democracia liberal.

Es claro que Castells elude los causales de fondo del problema. Cuando se refiere al Brasil de Bolsonaro, en una de sus conferencias de Chile, señala, como uno de los factores de su victoria en las elecciones, un trabajo de preparación de varios años en las redes con el apoyo de unos multimillonarios estadounidenses y las más fuertes corporaciones brasileras, soslayando un hecho que fue crucial para el triunfo de Bolsonaro, el encarcelamiento fraudulento de Lula, que lo sacó de la cancha cuando iba primero en las encuestas. El lawfare no existió ni existe para Castells, lo que señala su intención implícita de soslayar el principal factor, como mostramos en todas nuestras publicaciones, de degradación de la democracia: la geopolítica imperialista de Washington, lo que conlleva una impresionante manipulación de la ciudadanía a través de medios de comunicación monopólicos y hegemónicos. Nos referimos al Plan Cóndor 2, pero está vez teniendo como su principal instrumento el lawfare.

El peor enemigo de la democracia que existe hoy en nuestra región y en el mundo es, sin duda alguna, el imperialismo norteamericano. No hay mayor depredador de la democracia que Washington. Pero de este tema, Castells, no habla una sola palabra. Y este no puede ser un olvido involuntario en un investigador como Castlels. Es cierto que se conocen más a las personas por lo que no dicen que por lo que dicen.

Una invitación a la despolitización de la ciudadanía

Pero, además de sus “olvidos”, descontextualizaciones y falta de deseos de ir al fondo del problema, la lectura que realiza Manuel Castells respecto de la democracia liberal tiene ribetes de ingenuidad política, que le quita profundidad a su análisis. En principio dicotomiza la sociedad civil de la clase política, lo que es un primer error, porque entre ambas, como veremos, existe una relación dialéctica, una interacción, un condicionamiento recíproco. Si como dice Castells los políticos sólo están interesados en ganar elecciones para usufructuar el poder, si se organizan en una clase cerrada con reglas y normas que deben cumplirse y estilos de comportamiento que impiden el ingreso al club de los que no están a tono con sus reglas, si sólo piensan en el marketing para atrapar clientes; esto ocurre porque hay una ciudadanía manipulable, con un bajo nivel de educación política. ¿Qué pasaría si la ciudadanía que conforma el amplio campo popular tuviera un mayor nivel de consciencia política y fuera más participativa y movilizada? ¿podrían los políticos comportarse como se comportan? ¿podrían darse el lujo de no representar cabalmente los intereses de quienes les delegaron el poder de gobernar? Es claro que con pueblos empoderados, que inciden sobre sus representantes, los exigen y los controlan, estos últimos seguramente serán mejores. No es pensable que a pueblos realmente empoderados sus representantes y líderes los traicionen. Además, los pueblos politizados y movilizados promueven mejores líderes políticos.

Su pensamiento dicotómico, esto es, antidialéctico, queda más claro todavía cuando distingue netamente los movimientos sociales de los políticos. Los movimientos sociales no luchan por el poder político, buscan cambiar el tono cultural de las sociedades. Por eso, para él, la claridad y posibilidades de cambio están en los movimientos sociales, mientras que los movimientos y partidos políticos solo pelean por el control del Estado. De esta forma el poder popular queda de un lado y el poder político de otro. Perspectiva que nos lleva al fracaso, porque los movimientos sociales por sí solos no pueden transformar la realidad. Es preciso que se produzca una sinergia entre el poder popular y el poder político[2].

Existen muchos enfoques teóricos y movimientos y organizaciones sociales basados en la idea de que la clave de las transformaciones verdaderamente progresistas está en el poder popular. Por lo tanto, la tarea fundamental es construir poder desde abajo. Incluso, no pocos plantean un desprecio por el poder político, sustentado en el rechazo por la política representativa y los políticos tradicionales. Un trabajo emblemático en este sentido es el de John Holloway[3]: “Cambiar el mundo sin tomar el poder”. Si bien la construcción de poder popular es completamente necesaria, no es suficiente para frenar y superar a la derecha conservadora neoliberal. Se requiere también, en forma indispensable, de poder político.

Pero estos enfoques teóricos y movimientos y organizaciones sociales, como acertadamente dice Emir Sader, se agotaron en su falta de perspectiva política para construir, o ser parte concreta, de una verdadera alternativa al neoliberalismo:

Del otro lado, los que planteaban la autonomía de los movimientos sociales –autonomía respecto a la política, a los partidos, al Estado– no han logrado construir ninguna fuerza mínimamente significativa en ningún país del continente. Ni siquiera han dado cuenta de la desaparición de los piqueteros, que habían seguido sus orientaciones. Los 20 años del surgimiento de los zapatistas han sido conmemorados sin ningún balance de qué fuerza han construido hoy en México, de por qué han quedado –heroicamente, es cierto– recluidos en Chiapas, dejando de representar una referencia en la política nacional mexicana. Son posiciones que se quedaron en las denuncias puntuales, en la crítica, mientras que las alternativas a los gobiernos progresistas están siempre en fuerzas de derecha, nunca de los sectores de ultraizquierda, que a menudo se alían a la derecha contra esos gobiernos”[4].

Por eso, nosotros sostenemos que la construcción de poder tiene que realizarse en dos direcciones que deben interactuar y potenciarse entre sí de una forma dialéctica. De abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo. Para nosotros van a ser dos acciones complementarias, un verdadero par dialéctico, ya que, como vamos a ver, no es posible concebirlas una sin la otra.

Sin embargo, para Castells la clase política es una clase endogámica, que se devora a sí misma y que, por eso, genera el rechazo de los jóvenes y la apatía de gran parte de la ciudadanía. No tenemos dudas de que su crítica, basada en la dicotomía entre la clase política y la sociedad civil, aunque no sea intencional, es una clara invitación a despolitizarnos, lo que es funcional a las oligarquías.

Idealismo democrático: una propuesta meramente académica

Respecto de lo que para nosotros es una degradación de la democracia hay diferentes abordajes y lecturas, pero prácticamente todas diagnósticas, esto es, interpretaciones críticas pero con muy pocas propuestas para una transformación de dicha realidad. Se trata de lecturas teóricas que no están orientadas a convertirse en prácticas transformadoras. A lo sumo finalizan en ideas generales, pero si las ideas no se llevan a la práctica quedan girando inoperantes en el vacío. Las interpretaciones críticas son fundamentales y muy necesarias, pero si no están orientadas a la transformación de la realidad pierden mucho de su valor. Aquí es importante recordar la Tesis XI sobre Feuerbach de Karl Marx, señalada en grandes letras doradas como epitafio central en el mármol de su tumba en el cementerio de Highgate en Londres:

“Los filósofos se han encargado de interpretar el mundo de diferentes maneras, pero de lo que se trata es de transformarlo”.

Quien entienda bien esta reflexión de Marx llegará a la conclusión de que debemos interpretar para transformar, porque la crítica por la crítica misma o por alimentar los apetitos de nuestro ego académico no sirve para mucho, sobre todo en la tarea urgente de mejorar las calamidades de un mundo conducido hoy por las oligarquías neoliberales.

Castells parece saber que interpretar sin formular propuestas es un ejercicio estéril, por eso cierra sus exposiciones con una, que enfatiza: “El idealismo democrático”. Y ¿que es el idealismo democrático para Castells? La generación de ideas para transformar la democracia liberal. Desde ahí nos invita a todos a trabajar en ese camino. A que propongamos ideas. Podemos proponer miles de ideas, pero sin acción y lucha será imposible cambiar el designio de la democracia que tenemos. Ahora bien, esto es prácticamente lo mismo que dejarnos sin propuesta. Incluso a los chilenos en sus charlas les dice: “Yo les expuse el problema, pero ahora la solución es de ustedes”. “Ustedes tienen que buscarla”. Pero si el problema de lo que él denomina crisis de la democracia liberal es general, es de todos, como sostiene, la solución también debemos buscarla entre todos, ¿no les parece? Y la solución seguro que no pasa sólo por proponer ideas, que debemos tenerlas, pero orientadas a la construcción de estrategias de lucha que nos permitan derrotar al neoliberalismo, hoy el más grande enemigo de los pueblos.

La lucha por la sustantivación de la democracia requiere, entre otras cosas, una muy importante: pueblos con consciencia política, de lo que se infiere que sin una educación política liberadora no hay democracia. Esto implica librar una dura batalla cultural, a la que no conviene que le pensemos un final, porque la libertad, como decía Paulo Freire, es libertad conquistándose. De esto no habla Manuel Castells en sus conferencias.

Decimos que sin una educación política liberadora no hay democracia. Y este es el tema central de nuestras investigaciones y publicaciones[5]: promover y difundir la idea de que la educación política de los pueblos es una necesidad impostergable para luchar contra la manipulación de las democracias, siendo conscientes de que ni el sistema educativo y, menos aún, los medios de comunicación hegemónicos, se la proporcionan al pueblo. En nuestras publicaciones le brindamos a la ciudadanía conocimientos, instrumentos y herramientas orientadas a la elevación de su nivel de alfabetización política, imprescindible para participar y movilizarse en defensa de su comunidad y, en consecuencia, de su propio bienestar.

La ignorancia política es una de las peores tragedias de nuestra época. Por eso, estamos convencidos de que la promoción de la cultura política debería convertirse en una cruzada de las naciones y pueblos que, como el nuestro, están sometidos a un intervencionismo dominador que les roba su soberanía.

Mientras cierro este artículo escucho en el noticiero de TV que proscriben a Evo Morales para presentarse a las elecciones en Bolivia. Aquí está la degradación de la democracia de la que hablamos, que es manipulada de mil maneras por la derecha local asociada a Washington, con el único objetivo de impedir que accedan al gobierno aquellos que trabajan a favor de la soberanía de la patria y los intereses del pueblo. Pero de esto no habla nada el prestigioso académico Manuel Castells.

  1. Son dos conferencias de más de una hora cada una, que sería necesario que vean para poder entender la crítica que realizamos aquí, aunque no es necesario que vean las dos, porque prácticamente trabajan los mismos temas:

    Manuel Castells en el CEP

    https://www.youtube.com/watch?v=h97emCUyMf0&t=2035s

    Valparaíso 2019. La crisis global de la democracia liberal: Manuel Castells

    https://www.youtube.com/watch?v=q9blcS9bxO0

  2. Ver: “La conjunción dialéctica de poder popular y poder político”, en: Lens, José Luis (2018) Nosotros somos los que estábamos esperando. Buenos Aires: VI-DA TEC Editores. Página 163.
  3. Holloway, John (2002) Cambiar el mundo sin tomar el poder. Buenos Aires: Editor Alfredo Méndez. Revista Herramienta.
  4. Emir Sader, La ultraizquierda fracasó, 12-1-2015, Diario Página 12.
  5. Lens, José Luis (2017) Para que no nos tomen por bolud@s. Elevemos nuestro nivel de alfabetización política para derrotar a la derecha conservadora neoliberal. Buenos Aires: Editorial Dunken.

    Lens, José Luis (2018) El valor de tu alfabetización política en la lucha por otro sociedad. Mauritania: Editorial Académica Española.

    Lens, José Luis (2018) Nosotros somos los qu estábamos esperando. Buenos Aires: VI-DA TEC Editores.

José Luis Lens

Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación. Actualmente, Profesor Titular de la Cátedra de Educación Popular en la FCH-UNCPBA y Profesor Adjunto de Ciencias Políticas en la UBA-CBC.

Un comentario en “La crítica al idealismo democrático de Manuel Castells

Deja un comentario