La espiral del silencio y las políticas del embuste permanente

La espiral del silencio y las políticas del embuste permanente

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La única política cierta que tiene el macrismo para la Argentina es la del embuste permanente, el marketing político continuo, porque el interrogante que esencialmente les interesa responder es el de cómo seguir teniendo consenso para permanecer en el poder sin dejar de lado su objetivo primordial: subordinar la Argentina a los intereses de los Estados Unidos y el capital financiero internacional, mientras realizan todo tipo de negocios con el Estado. Se trata de un conjunto de ceopolíticos y ceofuncionarios surgidos del riñón de la oligarquía argentina, que se hicieron dueños del Gobierno estafando la buena fe del electorado, con la ayuda del más grande blindaje mediático de que tengamos memoria. Con el Presidente a la cabeza, se enriquecen y engrosan sus cuentas en las guaridas fiscales, haciendo todo tipo de negocios, situándose de los dos lados del mostrador, esto es, administrando el Estado, que debería controlarlos, a favor de sus intereses privados, empresariales y corporativos[1].

Para ocultar y tapar estas acciones fraudulentas, desde que tomaron el poder político en sus manos instalaron una escandalosa agenda de mentiras y relatos manipuladores de todo tipo. La última de estas mentiras, que causa gracia, espanto y rabia a la vez, es la de que “bajó la pobreza”. Mauricio Macri, en una nueva versión de la fracasada frase de Fernando De la Rua: “qué lindo es dar buenas noticias”, y faltándole el respeto a la población e insultando su inteligencia, señaló hace un par de días que la pobreza había bajado. Mientras los medios hegemónicos, en contubernio con Cambiemos, se dedican a instalar la idea en la población mediante sus tapas en los diarios y la caterva de periodistas basura que los sirven. Algunos, como Ernesto Tenembaum, hasta se atrevieron a descalificar respuestas y refutaciones precisas y contundentes como la del diputado Leopoldo Moreau, a partir del supuesto de que la oposición, sobre todo la kirchnerista, lo único que hace es contradecir todo lo que hace y dice Macri que, en verdad, es una escandalosa máquina de mentir y manipular al pueblo. Tenembaum pretende confundir a sus lectores de una forma tonta e ingenua, porque la respuesta de Moreau es irrefutable:

“Sube el gas un 40% promedio. Suben los peajes y suben trenes y colectivos. El macrismo baja salarios y jubilaciones. Y son tan caraduras que nos quieren hacer creer que baja la pobreza. Solo se pueden sostener estas mentiras con la complicidad de los medios hegemónicos”.

Sólo un blindaje descomunal como el que está realizando el Grupo Clarín y sus socios, que avergüenza a la Prensa argentina, puede sostener semejantes mentiras y manipulaciones de la población. Que la pobreza bajó en la Argentina no resiste el más mínimo análisis del sentido común.

La operación mediática también requiere comprar voluntades. Comprar el silencio de muchos periodistas y comunicadores timoratos, así como a los generadores de investigaciones y estadísticas con arraigo en la opinión pública, como es el caso de Agustín Salvia, titular del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, quien avaló los números de pobreza del Indec:

“Los números del Indec son creíbles. Falta muchísimo, pero es indudable que la pobreza viene bajando”.

Está claro que en la Argentina se ha instalado una “espiral del silencio”[2] que nos está haciendo mucho daño como país y comunidad. La teoría de la “espiral del silencio” señala que la opinión pública es una forma de control social en la que los individuos que conforman la población adaptan sus comportamientos a las actitudes predominantes sobre lo que es aceptable y lo que no lo es. Esta teoría sostiene que la mayoría de las personas tienen miedo al aislamiento. Por eso, al manifestar sus opiniones, en primer lugar, identifican las ideas dominantes para, posteriormente, sumarse a la opinión mayoritaria. Si partimos de este supuesto, veremos que la principal fuente de información son los medios, hoy hegemónicos, por lo que éstos serán quienes definirán el “clima” de opinión respecto de los asuntos de actualidad. En nuestro caso, concretamente, quien define la agenda de temas dominantes es el Grupo Clarín, principal socio de Cambiemos.

Se produce, así, un cóctel fatal para conseguir democracias realmente sustantivas y gobiernos con espíritu nacionalista y verdaderamente populares. Nos referimos a la sinergia dialéctica negativa entre el poder hegemónico de los medios de información y el bajo nivel de alfabetización política general de la población.

Sin temor a equivocarnos decimos que existe una muy baja conciencia general respecto de la importancia crucial que posee el tema del nivel de alfabetización política de la ciudadanía. En los intercambios y debates sobre educación de nuestro medio, el tema está completamente ausente, cuando es de una importancia decisiva. Aunque debemos saber que en el sistema educativo formal, por razones de necesidad de reproducción del poder de los dominadores, la alfabetización política de la ciudadanía nunca estuvo en su agenda.

La espiral del silencio, dadas sus características, es una fuente generadora de “conformismo social”, cuyo peligro es inmenso. La espiral del silencio es el caldo de cultivo del marketing político, de las políticas del embuste permanente. ¿Por qué decimos que el peligro es enorme? Porque si la población incorpora y naturaliza los relatos manipuladores de la oligarquía que nos está gobernando, la democracia está irremediablemente muerta. El conformismo de la población en general[3] es hoy, sin duda, una de las mayores desgracias que castigan a nuestros pueblos, tanto al de la Argentina como a los de los demás países de la región.

¿Cómo luchar contra la espiral del silencio? Por cierto que no hay recetas mágicas, aunque hay cosas que se pueden hacer. Es evidente que el conformismo que da vida a la espiral del silencio está vinculado al derrumbe del espíritu crítico de las personas en la era de la información y las redes sociales. No es menos evidente la relación que existe entre la baja del espíritu crítico y el analfabetismo político, la apoliticidad que muchas personas exhiben como una condición virtuosa, ignorando que, además de lamentable, es imposible. Porque no perciben que se puede ser a-partidario, pero nunca a-político, ya que la política impregna todas nuestras acciones. No comprometerse con los destinos de nuestras sociedades y el mundo, es asumir una determinada posición política, es convalidar el statu quo.

En esta lucha hay dos dimensiones, una personal y otra colectiva. En principio, tenemos que ponderar el papel de los medios hegemónicos, por supuesto una expresión del establishment dominante, pero sin pretender entenderlo como un hecho aislado, quebrando, así, la comunión dialéctica entre su carácter manipulador y la condición pasivo-receptiva de las audiencias, que cierra el juego del apagón informativo.

Lo importante es tomar consciencia de que la población, la gente, la ciudadanía tiene un papel clave. Asumir la responsabilidad que nos cabe como personas individuales es decisivo. Se trata de una responsabilidad que, en tanto tal, es indelegable. Por eso, declararnos a-políticos es asumirnos como parásitos sociales. Aquí está la base para entender que poseer una opinión propia es fundamental, lo que nos señala la necesidad de revisar con gran minuciosidad crítica lo que nos trasmiten los medios. Y esta esfera individual, en realidad, personal, si es responsablemente asumida y se la intenta ejercitar tiene, de por sí, una dimensión colectiva, porque el empoderamiento personal en este sentido, ayudará al empoderamiento general: “si yo me empodero, vos te empoderás”.

Es cierto que esta cuestión tiene muchas aristas, pero que son totalmente abordables si dejamos de lado la resignación y el conformismo y asumimos el contenido de una idea que es fundamental: “buscar lo imposible para que algo sea posible”.

El protagonismo popular, que requiere imperiosamente de la elevación de nuestro nivel de alfabetización política, es un elemento clave para luchar contra las oligarquías como la que nos gobierna, cuya estrategia de generación del fatalismo y la resignación en la población en general les viene dando algunos resultados, pero que no tenemos ninguna duda de que tiene fecha de vencimiento.

  1. A esto lo llaman “conflicto de intereses”, cuando se trata, lisa y llanamente, de corrupción, directamente de una defraudación al Estado.
  2. La Espiral del silencio es una teoría de la comunicación formulada por la alemana Elisabeth Noelle-Neumann en su libro:”La Espiral del silencio. Opinión pública: nuestra piel social publicado en 1977. En este libro la autora estudia a la opinión pública como una forma de control de la masa social. En esta situación los individuos, por temor a quedar aislados, adaptan su comportamiento a las actitudes de las mayorías.
  3. Es importante aclarar que no toda la población está hundida en el conformismo, ya que existe un núcleo opositor bastante impermeable –aunque no sin un gran esfuerzo crítico- a los efectos de las políticas del embuste.

José Luis Lens

Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación. Actualmente, Profesor Titular de la Cátedra de Educación Popular en la FCH-UNCPBA y Profesor Adjunto de Ciencias Políticas en la UBA-CBC.

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