El gran déficit de nuestra educación

El gran déficit de nuestra educación

 

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Si la educación no sirve para para cambiar el mundo, entonces, no sirve para nada. Desde hace más de cuarenta años soy educador. Mi vocación es la educación, por eso me interesé por la política.Los educadores y educadoras, como decía Paulo Freire, somos políticos, hacemos política al hacer educación. Y educamos al hacer política. Es curioso esto que les estoy diciendo cuando estarán cansadxs de oír de boca de “periodistas” que no entienden nada de educación que a la escuela se va a estudiar, no a hacer política. Claro, tampoco entienden de política. Si entendieran algo no dirían semejante burrada. Pero como no son verdaderos periodistas, sino operadores del establishment, no les podemos pedir tanto.

Porque soy educador me interesó la política. Y porque me interesó e interesa la política, estoy convencido que es necesario mejorar nuestro nivel de alfabetización política, porque es muy pobre. Tan pobre es que nos engañan como a niños. Tan pobre es que elegimos a nuestros verdugos[1]. Es urgente, entonces, elevar el nivel de nuestra consciencia politica. Y esta tarea tiene un fuerte componente educativo y cultural.

Pero no le podemos pedir –aunque algunos se lo demandemos todo el tiempo- al sistema educativo que nos ayude en esta tarea, porque está en manos del establishment y, por lo tanto, sería un suicidio de clase que promoviera la criticidad y la toma de consciencia política. Paulo Freire tenía bien claro este punto:

“Sería en verdad una actitud ingenua esperar que las clases dominantes desarrollasen una forma de educación que permitiese a las clases dominadas percibir las injusticias sociales en forma crítica”[2].

Reflexionen sobre sus experiencias escolares y lo van a comprobar. Y lo medios hegemónicos, lo pueden verificar con facilidad, directamente trabajan al revés, no sólo no promueven el espíritu crítico, sino que nos desinforman y manipulan de distintas maneras. Revisen los diarios hegemónicos (Clarín, La Nación) con espíritu crítico y se van a sorprender de cómo manipulan la información.

En verdad, más allá de las pruebas Pisa, las discusiones sobre la calidad de la educación, si los chicos no comprenden los textos, si estamos retrasados respecto de la educación en los países centrales, si debemos ir a Finlandia a aprender de su sistema, la cuestión de fondo, el problema esencial, es que no tenemos educación política. No la hay por ningún lado. Y como esto no le importa al establishment, es más, va en contra de sus intereses, es un punto ciego para una población moldeada por quienes hegemonizan la educación y la cultura. No existe consciencia del valor y la importancia de la formación política. Que la formación política esté ausente de lo que entendemos por “educación” no le preocupa a nadie. No es un déficit percibido por la población en general.

La mayoría de la población, incluso las personas con una fuerte escolarización, intelectuales, universitarios y hasta doctores, poseen un bajo nivel de afabetización política, no comprenden el fenómeno político. Su lectura del fenómeno político es muy ingenua. Y lo peor de todo, es que esta ausencia de educación política esta “naturalizada” en el imaginario colectivo. Lo peor es que no somos conscientes de que no existe y de que la necesitamos imperiosamente[3]. Esto es lo más grave de todo. En los medios no hay un solo debate sobre el tema educativo, en el que se mencione este gravísimo problema. Solo imaginar los costos de esta carencia, da escalofrios. En nuestro país hoy podemos verlo en la vuelta del FMI y sus genocidas políticas de ajuste. ¿Cómo y por qué están volviendo a nuestro país? Más allá de la situación económico social del gobierno anterior, que no era buena, pero sí estable y mejorable sin necesidad de ajustes, todo comenzó el 10 de diciembre de 1915, después de una campaña electoral plagada de mentiras y promesas, que una sociedad sin memoria y anestasiada aceptó sin beneficio de inventario. ¿Cómo es posible que esto sucediera conociendo el prontuario de Mauricio Macri y sabiendo a quiénes representaba? Es cierto que la explicación no es fácil porque existen una serie de causas convergentes. No obstante, no cabe duda de que quienes perteneciendo al campo popular votaron a Cambiemos, poseían un bajo nivel de alfabetización política. Esto no ofrece ninguna duda[4].

Desconocer cómo funciona la política nos expone a todo tipo de manipulaciones por parte de los sectores dominantes. Estas manipulaciones se convierten directamente en “consenso” respecto de quienes conducen las sociedades y el mundo. Consenso que les permite imponer sus valores e intereses en las sociedades, convirtiendolas en lugares donde campean la desigualdad y la injusticia social. Sin consenso y aceptación de los dominados, los dominadores no pueden dominar, se les complicaría enormemente la tarea. Por eso, les es esencial lograrlo. Y lo logran manipulando a la gente, creando una opinión pública favorable a sus valores e intereses.

Pero no basta con manifestar nuestra crítica, sino que debemos trabajar en un camino de propuestas y soluciones, que por cierto son complejas, pero no imposibles. Hay un comienzo que depende de que asumamos la responsabilidad personal de comprometernos en nuestra transformación. ¿Cómo comienza, entonces, este proceso de elevación de nuestro nivel de alfabetización política? Con la comprobación de una evidencia incontrastable: la existencia de la división dominadores-dominados, un hecho histórico, ya que tuvo su origen con la aparición del excedente productivo después de la Revolución agrícola (10.000 años a.C). Como mostraremos en siguientes artículos, con esta división nace el fenómeno político. Y el camino de la alfabetización política, como veremos, consiste en aprender a leerlo desde aquí, esto es, a partir de todo lo que se deriva e infiere de esta división originaria, que instala un conflicto básico de intereses contrapuestos. Como vamos a mostrar fehacientemente, la dinámica política sólo puede entenderse cablamente desde aquí.

Sin ningún tipo de tremendismo, en el aprender a leer en forma crítica el fenómeno político nos va la vida.

  1. Yo no voté a Mauricio Macri, pero la mitad más uno de la población lo hizo, y nos perjudicamos todos. Por eso digo “votamos”, porque el pueblo, mi pueblo, lo votó, y yo pertenezco a él.
  2. Freire, P. (1984): La importancia de leer y el proceso de liberación. México: Siglo Veintiuno Editores. Página 71.
  3. Este es un triunfo de la biopolítica, mediante cuyo mecanismo, la valoración de la formación política de la ciudadanía fue borrada de la consciencia de la gente. Lo que valoran y no valoran los dominadores se instala, así, en el fuero interno de los dominados. Por eso, Paulo Freire insiste tanto en la importancia crucial, en la lucha contra la opresión, de “expulsar” al dominador que se nos instaló en nuestro interior.
  4. Todas esas ideas de que hay que respetar a la gente, de que no se debe subestimar al pueblo, de que nunca se debe decir que se equivocó, realmente son una gran estupidez, una verdadera zoncera, como diría Arturo Jauretche. Los pueblos se equivocan, y cuando, en general, poseen una baja cultura política pueden cometer errores tremendos. Que en los sistemas educativos esté ausente la formación política, por supuesto en el sentido crítico, es un dato relevante, ya que los sectores dominantes tienen bien claro que el pueblo no debe ser parte del manejo de las cuestiones políticas. No nos confundamos, la instrucción cívica, la educación democrática y la educación en ciudadanía, no tienen nada que ver con la formación política crítica, ya que están pensadas para instruir a la ciudadanía formal, con el objetivo de su integración adaptativa a la democracia liberal.

 

José Luis Lens

Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación. Actualmente, Profesor Titular de la Cátedra de Educación Popular en la FCH-UNCPBA y Profesor Adjunto de Ciencias Políticas en la UBA-CBC.

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