Neoliberalismo

El acuerdo con el FMI vulnera la soberanía política

El acuerdo con el FMI vulnera la soberanía política de nuestro país, por lo tanto debemos rechazarlo de plano con todas nuestras fuerzas

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La catástrofe del acuerdo con el FMI es un gran revulsivo para las consciencias. Es inconcebible el nivel de amnesia de una población que sufrió el desastre hace menos de veinte años, respecto de que significa caer en las garras de este organismo, que esta cooptado por los mega intereses del sistema imperialista que gobierna hoy el mundo. La cosa es todavía más increíble e indignante cuando pensamos cuáles son los motivos de este acuerdo –que enseguida veremos-, a espaldas, por supuesto, del pueblo y de la dirigencia política y sindical opositora.

Los dos protagonistas principales son, por supuesto, el FMI, que representa los intereses del sistema financiero especulativo global, y el Contubernio Grupo-Clarín-Cambiemos que, según la brillante idea del economista del establishment, Carlos Melconián, debe abrazar el “Plan Perdurar”: un neoliberalismo por siempre. Pero es más probable que mañana se apague el sol, que el neoliberalismo ajustador pueda mantenerse en nuestras sociedades. No obstante, este es el ideario del neoliberalismo, esta es su distopía: un mundo de ricos cada vez más ricos, y pobres cada vez más pobres.

¿Cuáles son los motivos del FMI? Su principal objetivo es “disciplinar” a los países emergentes. Su intervención tiene por finalidad “impedir” que nos desarrollemos, su tarea es quebrar toda posibilidad de autodeterminación de los pueblos. El FMI es un cepo al desarrollo de la Argentina. Lo fue, lo es y lo será siempre, porque esa es su función principal. Esto queda reflejado con total claridad en sus principales “condicionamientos”. El primero de ellos: “atacar el déficit fiscal reduciendo los mal llamados gastos del Estado[1]”. Su dogma, intocable para los economistas talibanes del neoliberalismo, es “el equilibrio fiscal, pero a partir de la reducción del “gasto” social. Todos los males de los países de nuestra región están en el “desequilibrio fiscal”. Su argumento, que apela engañosamente al sentido común y que nos lo repiten hasta el hartazgo, es que no se puede gastar más de lo que se recauda. Y acá está la falacia, que estos perversos personajes manejan de forma maestra. Porque la única receta posible, “el único camino posible”, como dice nuestro Presidente, es “ajustar”, esto es, reducir el mal llamado “gasto”, mediante el genocidio de los sectores populares, que incluye a las clases medias. ¿Por qué falacia? Porque el problema del déficit fiscal, que no es central, pero aparece muy bien dibujado cuando se nos dice: “no se puede gastar más de lo que se recauda”, lo cual es cierto, admite dos soluciones, no una como nos quieren hacer creer los talibanes del neoliberalismo. No es cierto que no hay otro camino que “ajustar el gasto social”. Esto quiere decir gastar menos de lo que se recauda. Esta es una vil mentira. La solución neoliberal es masacrar a los pueblos, haciendo más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Pero hay otra solución: “recaudar más de lo que se gasta”, expandiendo la economía. Claro que para que ocurra esto último es necesario poseer “soberanía política”, estar libres de condicionamientos y utilizar el Estado a favor de los intereses populares y no del mercado. Justamente lo inverso de lo que está sucediendo en la Argentina de Mauricio Macri.

El Estado desreguló el sistema financiero y el mercado, permitiendo que los exportadores liquiden cuando les de la gana, que los inversores especulativos entren y salgan cuando les de la gana y permitiendo la apertura de las importaciones a destajo. A todo esto se le sumaron los negocios, utilizando el Estado, de la runfla de ministros CEOS, cada uno con el suyo (energía, farmacias, peajes, hipermercados, empresas aeronáuticas, etc.). Solamente en energía (Ministro Aranguren, Empresa beneficiaria Sheell), el aumento irracional de la tarifas produjo un fenomenal recorte de los salarios, contribuyendo notablemente a la depresión del mercado interno. Las empresas pymes hoy en la Argentina están al borde de la quiebra y la desaparición, este es el combo que las está destruyendo: 1) Reducción drástica del mercado interno; 2) Apertura indiscriminada de las importaciones y 3) Aumento irracional de las tarifas de energía (electricidad, gas y agua). Esto está liquidando la industria nacional, mientras genera desocupación y cada vez menos mercado interno. No nos podemos olvidar de la timba de las lebacs, cuyos inversores externos, sin encajes, se llevan los dólares cuando les viene en gana. La fuga de capitales en el gobierno de Mauricio Macri, unos 30.000 millones de dólares, es una realidad que lastima. Importando más de lo que exportamos el déficit de cuenta corriente se convierte es una realidad agobiante que este gobierno, irresponsablemente, decidió saldar con deuda externa. Claro que el endeudamiento no puede ser eterno y se corta cuando la deuda contraída hace sospechar a los acreedores que el deudor no va a pagar. Ahí el plan económico, si se le puede llamar plan a esto, termina en una crisis. ¿Cómo se soluciona la crisis? Recurriendo al FMI, que no es un prestador, sino un disciplinador y un sicario que garantizará el cobro de la deuda. Por eso, tenemos que saber que todo el dinero que nos prestará será para pagar la deuda, por lo tanto nada irá para el desarrollo del país. Y aquí comienza una nueva etapa de este gobierno nefasto. Pero esta etapa va a ser mucho peor que la anterior, mucho más dramática.

Pero antes de continuar, nos quedaba una pregunta que responder: ¿Cuál son los motivos del gobierno de Mauricio Macri para someterse y someternos al FMI? Tengo uno en mente que hasta me da asco mencionarlo, pero tiene mucho asidero. Con el salvavidas de plomo del FMI el gobierno de Macri pretende recomponer su ruinoso y fracasado plan económico para poder aspirar a la reelección del año que viene. Parece mentira que estén urdiendo esto, pero eso es lo que están haciendo. Están buscando un poco de oxigeno para seguir engañando y manipulando a la población con el marketing de Durán Barba y el blindaje de los medios hegemónicos, encabezado por el Grupo Clarín. Llamarlos irresponsables es ser muy generosos, su gestión, si se le puede llamar así, es cipaya, antipatriótica y antipopular y, además, tremendamente incompetente. No entiendo cómo pretenden estirar esta situación. Es realmente inconcebible e indignante.

Además de corruptos y delincuentes, su nivel de irresponsabilidad no tiene parangón. Y no caigamos en la estupidez de pedirles sensibilidad social, que cambien el rumbo económico o que hagan cualquier otra cosa, porque vinieron a hacer esto. En nuestra historia, más allá de la amnesia que nos devora, no podemos dejar de reconocer que siempre vinieron a hacer lo mismo. Sus políticas fracasan porque no son políticos, sino miembros de la oligarquía, cuyo objetivo es moldear al país a imagen y semejanza de sus valores e intereses. Ellos nunca fracasan, quien fracasa es el país y su gente, que se ve engañada y frustrada. Fracasa el pueblo, fracasa la Nación, fracasa la Argentina. Porque lo que ellos vienen a hacer lo logran. Por eso, creerle a estos tipos, creerles cuando dicen que vienen a cambiar la Argentina, es el pecado de ingenuidad más grande que se puede cometer. No lo hay mayor.

Todo es una gran mentira que, cuando se descubre, ya estamos hundidos hasta el cuello. Todos los argumentos son falaces. Revisemos rápidamente uno de los principales, el mito del “desequilibrio fiscal” como problema central de la Argentina. Todos los economistas, los talibanes neoliberales del establishment que legitiman a los gobiernos de derecha, como Cambiemos, fijémonos que sólo hablan de “ajuste”[2], siempre “ajuste”. Su argumento es el siguiente, nos dicen: “no se puede gastar más de lo que se recauda”, lo cual es rigurosamente cierto. Una vez que aceptamos esa premisa de sentido común, viene la falacia. A renglón seguido, y como consecuencia de lo primero, señalan: “por lo tanto tenemos que reducir los gastos, tenemos que realizar un ajuste”. ¿En dónde está la falacia? En que lo segundo no se concluye necesariamente de lo primero. ¿Por qué? Porque el “ajuste” no es la única alternativa. La otra alternativa es la “expansión económica”. Pero ningún economista neoliberal habla jamás de “expansión de la economía” o de “desarrollo económico”. Escucharon alguna vez a Espert, Broda, Melconián, Roque Fernández, Pou, Bein, Prat Gay, Milei, Solanet, Artana, De Pablo, Ávila, Bour, Navajas, López Murphy, Urbiztondo, Llach, Fernando de Santibañes y otros, hablar de que el desequilibrio fiscal hay que atacarlo con más desarrollo económico, mas industrialización, más mercado interno, sustituyendo importaciones, mas regulación del Estado para que no haya fuga de capitales, para controlar el mercado financiero, etc. NO, jamás hablan de esta alternativa. Siempre, invariablemente, su credo es el “ajuste” que, por supuesto, siempre recae en los sectores populares y las clases medias.

En primer lugar, nos quieren hacer creer que el principal problema de la Argentina es el desequilibrio fiscal y que toda nuestra desgracia está ahí. La Argentina nunca despegó porque nunca solucionó su problema esencial: el desequilibrio fiscal. Esto es totalmente falso. El problema central es que la Argentina nunca se pudo desarrollar en forma autónoma, autodeterminada, a partir de la soberanía política. Si siempre triunfaron, y siguen triunfando, las fuerzas que impiden y bloquean un desarrollo autodeterminado del país, el fracaso es lógico.

Esta cofradía perversa de economistas del establishment no habla de expansión económica, de desarrollo económico, sino siempre de “ajuste”, de reducción de gastos, de achicamiento del Estado. ¿Por qué? Es simple de entender. Su relato debe legitimar los intereses del sistema económico-financiero mundial, cuyo objetivo primordial es la maximización de la tasa de ganancia de los capitales concentrados de la economía que, para ello, deben impedir que los países emergentes posean soberanía política y, por ende, autodeterminación económica. Si en Bolivia, Argentina y Brasil están las reservas de litio más importantes del planeta, ninguno de los tres debe poder generar una industria de producción de baterías. Ese recurso natural lo deben industrializar los países centrales, los dueños del mundo. Esta es la verdadera razón por la que siempre plantean el único camino del ajuste, para lo cual en su discurso manipulador deben escamotear la alternativa de la expansión económica. Es lo que dice el embaucador máximo de la Argentina, Mauricio Macri, “créanme, no hay otro camino”. No Macri, mentiroso serial, “hay otro camino”, claro que hay otro camino.

Estos talibanes del neoliberalismo trabajan con una idea de mundo que Paulo Freire dejó al descubierto cuando señaló: “El mundo no es. El mundo está siendo”. Los economistas del establishment neoliberal trabajan instalando en la consciencia de la población, por supuesto con la inestimable ayuda de los medios hegemónicos, la idea de que el mundo, en este caso la economía, “es” como ellos dicen. Con falacias y ocultaciones, como hemos visto, hacen creer a la ciudadanía que “hay un único camino”, que es la lucha contra el desequilibrio fiscal mediante el “ajuste”. Una vez que esa idea cala en la gente que, por otro lado, tiene, en general, pocos elementos para desmontarla críticamente, está allanado el camino. Pero la clave está en pensar que las cosas pueden ser diferentes, porque no “son”, sino que “están siendo”. Y si “están siendo”, podemos intervenir para que sean de otra manera.

Gran parte del “ajuste”, lamentablemente ya está realizado, y ahora con la FMI, que va a comandar nuestra economía vulnerando la soberanía política de la Argentina, vendría lo peor. Y uso el potencial, porque me niego a aceptar que “viene” lo peor, ya que todo dependerá de lo que hagamos los que nos oponemos con todas nuestras fuerzas a que nuestra patria sea nuevamente sometida y mancillada por la oligarquía local vendida al sistema económico-financiero mundial liderado por el imperialismo norteamericano.

El gobierno ajustador especula con la supuesta división de la oposición que, por otra parte fomenta continuamente. Busca oxigeno con el FMI para “estirar” su fracaso político hasta el año que viene que, con una oposición dividida, le da alguna esperanza de repetir el mandato. El gobierno está experimentando perversa e irresponsablemente con el pueblo, lo que es de una gravedad inaudita y lo condena históricamente. Por su parte, la oposición en general, salvo excepciones, no está a la altura de las circunstancias porque muestra resignación frente a un hecho que, en todas sus manifestaciones nos damos cuenta que lo percibe y acepta como un hecho consumado, cuando de ninguna manera lo está. El acuerdo con el FMI debe pasar por el Congreso. Y son muchas las razones para exigirlo. La primera y fundamental es que trasciende el mandato del gobierno actual. También la Constitución Nacional obliga a que semejante compromiso de deuda sea convalidado por el Congreso. Y la más importante, que no está señalada explícitamente en la Constitución, nos dice que las exigencias y condicionamientos del FMI vulneran severamente la soberanía política de la Argentina.

Carlos Heller, repite continuamente: “el ajuste llegará hasta donde lo permitan los ajustados, porque los ajustadores no tienen límites”. Creo que es la hora de los ajustados, es hora de gritarles un NO rotundo en la cara a los ajustadores.

  1. Decimos “mal llamados gastos”, porque, en verdad, no son gastos, sino “inversiones” en la gente. Claro que, para la mentalidad del Management, son gastos, simplemente porque no generan un retorno, es decir, una ganancia.
  2. Tengamos claro que el ajuste se realiza siempre sobre los sectores populares. A los sectores altos no les llega nunca.

 

José Luis Lens

Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación. Actualmente, Profesor Titular de la Cátedra de Educación Popular en la FCH-UNCPBA y Profesor Adjunto de Ciencias Políticas en la UBA-CBC.

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