El tremendo error de poner en el gobierno a megaempresarios

El tremendo error de poner en el gobierno a megaempresarios[1]

Resultado de imagen para Cambiemos un gobierno de CEOSEl Estado tiene un objetivo excluyente: promover y garantizar el bienestar general, el de toda la población. Por lo tanto, no sólo es una incompatibilidad ética que lo administren empresarios multimillonarios, sino el peor atentado contra una verdadera democracia. (Lens, José Luis, Para que no nos tomen por bolud@s, página 29.)

La primera enseñanza a mis alumnos/as de Ciencias Políticas en el CBC de la UBA, apunta a ayudarlos a tomar conciencia de cuatro saberes que para el conocimiento del juego de la política son fundamentales: 1) El objetivo del Estado, que es promover el bienestar general o el bien común; 2) El objetivo de las corporaciones o empresas, que es la maximización de las ganancias; 3) La fundamental diferencia entre los objetivos de ambas instituciones y 4) El problema derivado de tener en cuenta los tres puntos anteriores, esto es, que los administradores del Estado provengan del campo privado, lo que se concretaría en gobernantes y funcionarios formateados para la búsqueda de la rentabilidad y, lo que es peor aún, comprometidos con los intereses de las corporaciones. Para cerrar esta constelación de ideas, les doy una recomendación final: “Nada nos garantiza que los administradores del Estado provenientes de la política no vayan a cometer actos de corrupción, pero elegir a mega empresarios para que se hagan cargo del gobierno es un suicidio seguro. Por eso, mi recomendación es que nunca voten a empresarios, menos aun a mega empresarios, como ha sucedido en nuestro país en la última elección”.

Como argumento de prueba contundente respecto de lo que acabamos de señalar, veamos la siguiente recopilación de hechos que muestran de qué manera el mega empresario Mauricio Macri y su grupo están utilizando el Estado para hacer negocios:

“Sólo en su primer año, muchas decisiones del gobierno de Cambiemos  favorecieron a la megafortuna de la familia Macri. Apenas asumió, en febrero de 2016, anunció que por decreto el Estado entregará 45 mil millones de pesos a las empresas del grupo Macri, encabezadas por su primo Calcaterra. Habían ganado la licitación para el soterramiento del ferrocarril Sarmiento con la obligación de conseguir el financiamiento de la obra. Como nunca lo consiguieron, la obra no empezaba. Macri cortó por lo menos sano, puso plata del Estado y mantuvo el resultado de la licitación a favor del grupo Macri. Y después el gobierno de Macri autorizó al primo de Macri, Calcaterra a comprar un banco con dos sedes, una en Buenos Aires y otra en un paraíso fiscal donde irá a parar el dinero que provenga del soterramiento del Sarmiento y otras obras públicas.

Otra vez sorprendió con el descaro cuando eliminó por decreto la cláusula que impedía entrar al blanqueo a familiares de los funcionarios, o sea a sus familiares, dueños de sus empresas. Se podría agregar la política de  desregulamiento de cielos que favorecerá sin dudas a la empresa Avianca que absorbió a MacAir, la empresa de vuelos de cabotaje de Macri, en detrimento de Aerolíneas Argentinas.

Y el escándalo de coronación: condonó la deuda multimillonaria de su padre por el Correo. Macri no es la excepción. Las medidas del gobierno han favorecido a las empresas de muchos de los funcionarios y dirigentes del PRO.

Por lo menos, tienen denuncias Federico Pinedo por haber intentado favorecer a través de un proyecto de ley de telecomunicaciones a la empresa satelital TESAM S.A. que fundó en 1996 junto a José Antonio Sánchez Elía, el referente del PRO en temas de comunicación. El ministro de Energía, Juan José Aranguren, está investigado por la compra de gas a Chile, de la empresa Shell, de la cual fue CEO principal en Argentina. Varios de los funcionarios del gobierno especularon con el dólar y se favorecieron con la decisión de devaluar el peso por parte del gobierno que ellos integran. En la lista figuran el jefe de asesores del  Presidente y apoderado nacional del PRO, José María Torello; y entre otros, los súper secretarios Gustavo Lopetegui y Mario Quintana. En todos los casos, la reacción oficial es casi infantil. Como si no tuvieran la obligación de hacer un descargo documentado. El problema es que ya no son una empresa y todos sus actos son esencialmente públicos. Si el Grupo Macri tiene casi cincuenta empresas y cuentas offshore, de las que se usan para lavar dinero, ya no es un tema privado, es de interés público. Por una cuestión publicitaria, convierten a sus vidas privadas en públicas –como hace Macri cuando expone permanentemente a su esposa y su hija pequeña– y pretenden que lo público sea una cuestión privada.

La sociedad, donde se verifican reacciones cada vez más virulentas contra las tarifas y los despidos, asiste a este fenómeno con perplejidad. El sector que votó a Macri, que parecía tan sensibilizado por las denuncias de corrupción, pone en evidencia que en realidad la corrupción no era lo que importaba, sino que la usaba de excusa para tapar la inquietud por otros fenómenos, entre ellos la fuerte movilidad social que se había generado durante los gobiernos kirchneristas. Ese mismo público que reaccionó con tanta furia contra el gobierno anterior, permanece inmutable ante los hechos de corrupción de esta gestión de Cambiemos” (Choreos y negocios, por Luis Bruschtein, Diario Página 12, sábado 11/2/2017).

Destaco la última reflexión de Luis Brushctein respecto de la población, una gran parte de extracción popular, que votó y puso en el gobierno a Mauricio Macri. Es sorprendente su insensibilidad, inmutabilidad y silencio frente al tremendo desastre que está causando el gobierno de Cambiemos. Se pueden buscar muchas razones, pero una, con seguridad, tratándose de sectores sociales bajos y de clase media, es su bajo nivel de cultura política para entender lo que está ocurriendo y puede ocurrir, precisamente porque esta realidad es completamente contraria a sus intereses.

El gobierno de la derecha conservadora neoliberal de Mauricio Macri, es terrible y triste tener que decirlo, no tiene la menor intención de hacer algo para superar los problemas del país y su gente. Vinieron a aprovecharse del país para seguir haciendo negocios. Antes los hacían mediante el poder fáctico que detentan y hoy lo hacen con un plus fabuloso, porque también tienen el poder político. Usan al Estado a destajo para engrosar sus capitales y expandir sus empresas, con lo que desvirtúan el objetivo fundamental de aquél, que es el bienestar común, esto es, atender realmente los intereses del pueblo. En verdad, no encontramos adjetivos para descalificar esta gestión, porque su nivel de corrupción y entreguismo no tiene parangón. Por eso necesitan, además del escandaloso blindaje que le brindan los medios hegemónicos, con el Grupo Clarín a la cabeza, un marketing político de mentira y simulación, que tape la mugre de su corrupto accionar gubernamental.

Para los que todavía no se dieron cuenta del engaño, usan el marketing político de la mentira, la simulación y la estafa a la buena fe de la gente. Y para los que no compraron la estafa, para los que se rebelan, se manifiestan en las calles y ocupan los lugares de trabajo de los que los echan sin ninguna contemplación, tienen gases lacrimógenos, palos y balas de goma. Esta es la lógica de la derecha neoliberal.

  1. Este es un subcapítulo de mi último libro: “Para que no nos tomen por bolud@s”, página 33.

José Luis Lens

Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación. Actualmente, Profesor Titular de la Cátedra de Educación Popular en la FCH-UNCPBA y Profesor Adjunto de Ciencias Políticas en la UBA-CBC.

Deja un comentario