Todas sus jugadas son malas porque el gobierno está perdiendo la partida

Todas sus jugadas son malas, porque el gobierno está perdiendo la partida.

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No voy a entrar en tecnicismos, ni en estadísticas, ni en números, porque hasta los propios acólitos del Contubernio Cambiemos-Grupo Clarín-Comodoro PY las exponen con crudeza. Y son muy negativos. Mi lectura es eminentemente política. El gobierno de Mauricio Macri tiene, por lo menos, tres frentes de tormenta, sin respuesta para ninguno:

Una división al interior de su alianza de derecha conservadora neoliberal. Sus socios en el ejercicio del poder no están satisfechos con la actuación y decisiones del gobierno, porque la exportaciones están hundidas, el tipo de cambio está atrasado y, en síntesis, las inversiones no vienen, ni van a venir y la economía no despega de ninguna manera. Además, los mercados y los grupos de poder, a los que les importa un comino el componente político, presionan para que el ajuste sea más rápido y contundente. Por ejemplo, el Ministro de Agroindustria que, a la vez, es el Presidente de la Sociedad Rural Argentina, Luis Miguel Etchevehere, pide con total ambición de clase e irresponsabilidad social un dólar a 30 pesos para Marzo del 2018. Imaginemos que un dólar a 30 pesos provocaría una devaluación que haría estallar el entramado social. Es evidente que en este frente Cambiemos no tiene respuesta.

Un endeudamiento feroz y totalmente irresponsable, que virtualmente hipoteca el país. Los intereses de la deuda cada vez representan una porción más grande del presupuesto nacional que, tratándose de un gobierno oligarca, se traduce en una presión de ajuste sobre los sectores más vulnerables de la población[1]. Los intereses de la deuda, sin duda, los paga el pueblo. El fantasma del default se cierne sobre Cambiemos, porque quienes le prestan están continuamente evaluando cuál es su capacidad de pago, la que cada vez es menor. Cuando comprueben que el riesgo es grande, lo que no falta mucho para que ocurra, el fantasma del default se convertirá en una realidad insoslayable. El gobierno, hasta ahora, no tiene otro argumento que el endeudamiento para equilibrar el déficit fiscal. Aquí Cambiemos tampoco tiene respuesta.

Su ADN oligárquico le impide al gobierno de Cambiemos recurrir a los sectores del poder concentrado de la economía para resolver los severos problemas del déficit fiscal. Por el contrario, el desfinanciamiento del Estado se debe a su inclinación innata a reducirles los impuestos a los sectores del poder económico, en una palabra a los ricos. Por lo tanto, el déficit fiscal, Cambiemos está dispuesto a solucionarlo mediante un brutal y progresivo ajuste a los sectores populares, a los grupos más vulnerables de la sociedad[2]. Bueno, esta política incrementa e incrementará la tensión social. Aquí el gobierno, de la misma forma, no tiene respuesta. Parece que piensan seguir hasta el estallido social, que ya ha comenzado, pero que no están dispuestos a reconocer.

A esto debemos agregarle la soberbia de Cambiemos, la indignante y petulante soberbia de un presidente que no está dispuesto a reconocer la más mínima situación o expresión de debilidad. No hablemos de autocrítica, porque este gobierno desconoce esta palabra. No soñemos que le vaya a pedir la renuncia a un Ministro de los que dicen cualquier cosa y hacen todo tipo de barbaridades. No soñemos en que pueda reconocer un error. Su soberbia es incalculable. También su torpeza política y su perversidad.

Como dijo y dice continuamente Carlos Heller, el ajuste y la represión llegarán hasta donde aguanten los ajustados. Y, por lo que vemos, este momento ha dado comienzo. A los ajustados, frente a tanta iniquidad, se nos está acabando la paciencia. Y como decía el General Perón, con su sabiduría política: “Cuando los pueblos agotan su paciencia, hacen tronar el escarmiento.

Aún así, la lucha y la resistencia son completamente pacíficas, doy fe porque lo compruebo en cada una de las manifestaciones a las que vengo asistiendo. Además, no creo en ella y detesto la violencia. Pero no nos olvidemos que los responsables de toda violencia son quienes la inician. Y no hay nada más violento que sacarle a los pobres para aumentar la riqueza de los ricos. El camino que eligió el gobierno, es el peor de todos los caminos. Por eso, no es descabellado decir que estamos asistiendo a la crónica de un final anunciado. Pero un final del que el único y exclusivo responsable será el gobierno de Cambiemos, más allá de todas sus chicanas y manipulaciones agitando el fantasma de los intentos de golpe y derrocamiento.

  1. Es claro que un gobierno oligarca como el de Cambiemos tiene un ADN que le prohíbe sacarle algo a los sectores concentrados de la economía y a los ricos. Si hay que ajustar, Cambiemos siempre lo van a hacer sobre los sectores más vulnerables de la sociedad.
  2. Es el eufemismo de las “reformas continuas” de las que cínicamente habla Mauricio Macri. En realidad se trata de “ajustes” continuos a los sectores más débiles y vulnerables de la sociedad.

José Luis Lens

Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación. Actualmente, Profesor Titular de la Cátedra de Educación Popular en la FCH-UNCPBA y Profesor Adjunto de Ciencias Políticas en la UBA-CBC.

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