Neoliberalismo

Soberanía política lo más digno de ser pensado

Soberanía política: lo más digno de ser pensado

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La pregunta por la esencia es lo que mejor define a la filosofía[1]. En nuestros talleres de alfabetización política la primera de las preguntas que nos hacemos es la siguiente: ¿cuál es la esencia de la política? Para responderla ponemos en juego el modelo cartesiano de la duda metódica. Dudamos de todas las doctrinas y teorías de izquierda, de derecha y de centro y de todo lo hablado y dicho sobre el fenómeno político, hasta llegar a un hecho que no ofrece ninguna posibilidad de duda: la división dominadores-dominados. Una evidencia incontrastable.

Ahora hagamos lo mismo con la política de nuestros países, en este caso de la Argentina y los de la región de América latina y el Caribe. ¿Qué es lo que merece ser pensado aquí? Nuestro análisis metódico nos lleva a la “soberanía política”. ¿Por qué? Porque hoy como ayer está seriamente amenazada. Washignton y sus socios han apretado el acelerador para afianzar el dominio sobre su patio trasero, tal como lo consideran los oligarcas, medios y periodistas del Imperio, así como sus esbirros sometidos en los países de la región.

Está claro que la soberanía política incluye la independencia económica y la justicia social, sin las cuales toda idea de autodeterminación es inviable. No hace falta ser muy incisivo en el análisis político para darnos cuenta de la feroz embestida restauradora del neoliberalismo, que están llevando a cabo Washignton y sus socios en la región. Persecución implacable a los gobiernos y figuras progresistas en un claro Plan Cóndor mediático-judicial, denominado Lawfare (guerra judicial), creación de grupos de países con gobiernos cipayos, como el Grupo de Lima, del cual la Argentina de Mauricio Macri es un miembro activo, con el objetivo de boicotear y derrotar a la democracia bolivariana de Venezuela, persecución y encarcelamiento de líderes políticos con posibilidades serias de ganar elecciones, etc. Todos planes de Washignton.

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Una vez debilitada y, como en el caso de Argentina, prácticamente aniquilada la soberanía política, porque el FMI es hoy quien nos gobierna, los países no tienen futuro. La destrucción de la soberanía política de un país es un tiro debajo de la línea de flotación, el hundimiento del país es inevitable. La economía siempre depende de la política, pero cuando se termina la soberanía, lo único que queda es el ajuste permanente hacia el abismo y la tensión social imprevisible. Aquí la economía ya no tiene otro norte que consolidar la dependencia. Entonces vienen los análisis insoportables de los talibanes neoliberales que ocupan todo el espacio mediático hegemonizado por la oligarquía, que obsesiva, dogmática y perversamente repiten que la solución está en el déficit fiscal cero y en la reducción del gasto social, los caballitos de batalla para aplastar cualquier reacción de las fuerzas progresistas. El discurso económico manipulador avasalla y borra de la escena la discusión política, que es reducida a la nada por el blindaje mediático.

Una buena lectura crítica del fenómeno político nos dice, entonces, que la “soberanía política” es la llave que nunca debemos perder para encauzar a nuestros países por el camino de la autodeterminación y el desarrollo.

El mejor ejemplo de esta defección lo tenemos en nuestro país. El análisis del desempeño del gobierno de Cambiemos nos señala con absoluta claridad que el único plan de este gobierno fue y, lamentablemente sigue llevando a cabo todavía, la entrega de la soberanía política de nuestra nación. Hoy por hoy, no sólo vivimos un desastre económico que nos hundió en una deuda impagable, sometió y sigue sometiendo a los sectores más vulnerables a un genocidio de baja intensidad, pauperizó y sigue pauperizando a las clases medias, sino que hay algo más dañino aun, nos está dejando sin soberanía política, lo que impide cualquier instancia real de cambio, de giro de ciento ochenta grados, como necesitamos imperiosamente. Sin soberanía política es imposible alcanzar la independencia económica y la justicia social.

El plan de Washignton para nuestro país ya está sobre el tapete: el Lawfare con la inestimable colaboración de un amplio opoficialismo del peronismo traidor[2] y la CGT colaboracionista, que en forma eufemística los medios hegemónicos con su periodismo cipayo denominan “peronismo racional” y “sindicalismo dialoguista”. La complicidad de la oposición, el súper blindaje mediático y el bajo nivel general de alfabetización política de la población, han permitido la instalación de un sentido común hegemónico que impide una reacción proporcional al enorme daño causado por Cambiemos. Es increíble que todavía no hayamos reaccionado, porque la traición a la patria y a su pueblo es descomunal, inédita en la historia argentina.

Esta realidad tan preocupante nos indica que debemos darle más valor a la geopolítica, del que realmente le damos. Debemos percatarnos de qué forma los gobiernos cipayos colaboraron y colaboran para quebrar toda posibilidad de una geopolítica regional propia, esto es, de autodeterminación. Es notorio el boicot y desmantelamiento de los magníficos proyectos tendientes a establecer una política regional autónoma, como Unasur, Alba, Celac. También es imposible no ver que la OEA, aunque siempre fue funcional a Washignton, hoy con la dirección de Luis Leonardo Almagro[3] cumple un papel escandaloso de subordinación total y desvergonzada a los intereses norteamericanos en la región. Tenemos que saber que sin una geopolítica propia en la región, será muy difícil que nuestros países logren una verdadera soberanía política. La lucha por una geopolítica regional propia es una tarea insoslayable.

Frente a esta realidad, debemos estar muy atentos con todxs aquellxs que nos vengan convocando a una propuesta de centro (ya sea de centro izquierda o de centro derecha), porque nos estarán mintiendo vilmente. Ya sabemos que las ansias de dominio de las oligarquías no tienen límites y, lo más importante, que no hay terceras opciones, o estamos con los dominadores o con los dominados. Aquí cabe recordar el Evangelio según San Mateo (Mateo 6:24-34):

“Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro. No se puede servir a la vez a Dios y a las riquezas”.

  1. El filósofo Martín Heidegger decía que la principal tarea de la filosofía es descubrir lo digno de ser pensado. Compartimos esta idea.
  2. No nombramos al radicalismo porque este partido es aliando de Cambiemos, es más, le dio el componente territorial que el entreguista proyecto de Cambiemos necesitaba para ganar las elecciones. Claro que debemos señalar que no todo el radicalismo traicionó su anclaje histórico popular, ya que debemos señalar las honrosas excepciones de políticos como Leopoldo Moreau y Leandro Santoro, por nombrar las excepciones más notorias.
  3. Luis Leonardo Almagro Lemes es un abogado, diplomático y político uruguayo. Fue ministro de Relaciones Exteriores de Uruguay durante el gobierno de José Mujica. Desde el 26 de mayo de 2015 es el secretario general de la OEA. Es enorme la traición de Almagro a los ideales y valores de José Mujica, quien lo proyectó a ese cargo.

José Luis Lens

Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación. Actualmente, Profesor Titular de la Cátedra de Educación Popular en la FCH-UNCPBA y Profesor Adjunto de Ciencias Políticas en la UBA-CBC.

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