Pensamiento crítico y filosofía de la praxis en una democracia en destrucción

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La principal tarea del pensamiento crítico: descubrir lo digno de ser pensado

No hay pensamiento sin una finalidad. Y no hay finalidades sin valores. Siempre que construimos nuestros objetivos hay valores en juego. Los valores son el supuesto fundamental. Hasta la ciencia, que se jacta de contar con una objetividad indiscutible, tiene supuestos, como fundamenta admirablemente Max Weber[1]:

“Hoy en día, consideramos, en general, la ciencia libre de presuposiciones. ¿Es posible algo semejante? Depende de lo que entendamos por ello. Todo trabajo científico presupone la validez de las reglas de la lógica y el método; éstas constituyen nuestra base general de orientación en el mundo; y, al menos para nuestro problema particular, estas presuposiciones constituyen el aspecto menos problemático de la ciencia. La ciencia presupone también que el producto del trabajo científico es importante, en el sentido de que es digno de saber. Es evidente que aquí aparecen todos nuestros problemas. En efecto, es imposible demostrar esta presuposición por medios científicos” (Weber, 1918: 98).

Precisamente, una condición esencial del pensamiento crítico, que no es nada fácil de alcanzar, está en la tarea de descubrir qué es lo digno de ser pensado. El filósofo Martín Heidegger[2] señalaba que la primera tarea de la verdadera filosofía era la de descubrir lo digno de ser pensado. Y esta tarea, en un mundo como el que tenemos, entraña dificultades extremas. Es evidente que gran parte de la población ha perdido la orientación valorativa progresista, porque la sociedad capitalista se caracteriza por inculcar valores que promueven la reproducción del sistema mediante sofisticadas estrategias de manipulación a través de los medios de comunicación, que han cobrado un nivel de monopolización y hegemonía del espacio mediático nunca antes visto. Ya en las décadas de los sesenta-setenta Herbert Marcuse[3] mostraba cómo la sociedad de consumo, que él llamaba carnívora, formateaba con sus valores el espíritu y la líbido de la población, promoviendo en ella valores reaccionarios y conservadores:

La llamada economía de consumo y la política del capitalismo accionario han creado en el hombre una segunda naturaleza que lo liga en forma libídica y agresiva a la forma de la mercancía. La necesidad de poseer (tener), de consumir, de emplear, de renovar constantemente los aparatos, los descubrimientos, los motores ofrecidos e impuestos a la gente, de usar estos bienes también a riesgo de la propia destrucción, se ha transformado en una necesidad biológica, en el sentido que acabamos de definir. Así, la segunda naturaleza del hombre milita contra cualquier cambio que pueda socavar, o directamente abolir esta dependencia del hombre de un mercado cada vez más excesivo de mercaderías –de abolir su existencia como consumidor-, que se consuma en la compra y la venta. Las necesidades generadas por este sistema, son necesidades eminentemente conservadoras, estabilizadoras, la contra-revolución anclada en la estructura instintiva (…) No son los automóviles, ni los televisores, ni los aparatos eléctricos los que deben suprimirse, sino su incorporación a la existencia de las personas, a convertirse en parte esencial de su realización. De esta manera deben comprar en el marcado partes esenciales de su existencia, la cual es la realización del capital….La autodeterminación, la autonomía del individuo se afirma en el derecho de correr con el automóvil, de manejar los instrumentos a motor, de comprarse una pistola, de comunicar su opinión a vastas masas del público, por ignorante o agresivo que pueda ser…El sistema se reproduce a partir de generar “servidumbre voluntaria”…Los resultados justifican el sistema de dominación. Los valores establecidos -instalados en la dimensión orgánico-biológica de los individuos- se transforman en valores la población: la adaptación se convierte es espontaneidad, autonomía, y la elección entre las distintas necesidades impuestas aparece como libertad. (Marcuse, H., 1969: 19-20).

Imaginemos que esto lo estaba analizando y señalando Marcuse en la sociedad norteamericana de las décadas de los sesenta-setenta. Cómo será hoy, que los medios de comunicación han adquirido un poder extraordinariamente superior a entonces. Su alcance y penetración es infinitamente mayor que en la época de Marcuse. Los valores conservadores han adquirido una dimensión inusitada. Sin duda, desde entonces, las sociedades fueron siendo cada vez más conservadoras. Sin valores realmente filosóficos, esto es, progresistas, el pensamiento crítico se queda sin motor ni sustento. Y esto se puede evidenciar fácilmente en nuestra época. No sólo el pensamiento crítico no se practica, sino que ya no interesa. Ha perdido valor.

Por otro lado, en un mundo convertido en espectáculo, el temple de ánimo de la población es la de espectador y, por lo tanto, es receptivo-pasiva. El individuo medio de esta sociedad no va en búsqueda de la información, sino que ya asimiló y asumió la actitud de recibir en forma pasiva la información que se le envía. En vez de buscador-emisor ha quedado reducido a pasivo-receptor. Y en estas condiciones el ejercicio del pensamiento crítico también se ve fuertemente obstaculizado y dificultado.

Recapitulemos. ¿Qué tiene que tener un pensamiento para ser considerado crítico? Primera condición, una finalidad, que se traduce en una clara orientación valorativa. Siempre se piensa para algo. Y ese algo se decide a partir de algún valor. En el pensamiento crítico, tal como lo entendemos nosotros, los valores son fundamentales. Pero no los valores conservadores, que obligan a engañar y manipular a la población, porque no fundamentan ni promueven un pensamiento crítico, sino acciones político-culturales para la dominación. El pensamiento crítico es intrínsecamente progresista, porque es disparado por valores de esa índole, por la búsqueda de una transformación humanizadora de la realidad. Cuando los valores son conservadores y reaccionarios, no es posible hablar de pensamiento crítico.

Decálogo del pensamiento crítico

El pensamiento crítico es:

  1. Movido y estimulado por valores transformadores progresistas

Frente a la indiscutible división socio-política dominadores-dominados, la opción por los dominados se convierte en el principal motor y estimulador del pensamiento crítico. No hay pensamiento crítico auténtico sin el motor de la búsqueda de otro mundo posible.

  1. Activo

El pensamiento crítico es activo, por lo tanto está a contracorriente de la principal actitud de la generalidad de la población actual, que es receptivo-pasiva. Por eso, este pensamiento requiere de sujetos espiritual e intelectualmente inquietos, inconformistas, analíticos y antidogmáticos.

  1. Emancipador

El pensamiento crítico es emancipador por naturaleza. Al anunciar y denunciar una realidad injusta y opresora, ya por eso, es un pensamiento liberador.

  1. Epistemológico

Es memorable la definición de Platón[4] referida al comienzo de la filosofía. Para Platón la filosofía comienza con el “asombro”. Cuando nos asombramos de aquello que siempre nos pareció obvio, comienza el pensamiento crítico. El asombro requiere que aprendamos a tomar posición epistemológica. Esto es, tomar distancia de la realidad en la que estamos inmersos y objetivarla para su análisis.

  1. Desnaturalizador y cuestionador

La predisposición epistemológica lleva al pensamiento crítico a no aceptar la naturalización de ninguna situación, hecho o realidad socio-cultural-política, precisamente porque son el resultado de acciones humanas. Como pensamiento de índole filosófica practica una reflexión desnaturalizadora y cuestionadora por excelencia.

  1. Desocultador de los supuestos

Su raigambre filosófica lo convierte en un pensamiento “desocultador” de los supuestos que poseen los conceptos, las ideas, los relatos y los discursos. Una vez le preguntaron a Miguel de Unamuno[5] si creía en la existencia de Dios y él contestó: «Dígame usted que entiende por creer, por existir y por Dios y entonces le contesto”.

Con el concepto de democracia sucede algo similar. La oligarquía macrista se pasa todo el tiempo hablando de la “democracia”, cuando el ADN de la oligarquía es antidemocrático. Por eso, la primera tarea de un pensamiento verdaderamente crítico es averiguar qué entiende el macrismo por “democracia”. Desocultar ese supuesto es fundamental para discutir y debatir con éxito los fundamentos y argumentos en los que se sostiene su proyecto político. Como un primer dato vale señalar que la democracia liberal tiene como condición de existencia la despolitización de la ciudadanía. Y esto, que es histórico y está presente en todas las constituciones liberales, queda claramente explicitado cuando se señala que: “El pueblo no delibera ni gobierna, sino a través de sus representantes”. Si aceptamos la definición del filósofo Cornelius Castoriadis[6], quien señala que “democracia es el poder del pueblo”, entonces, debemos reconocer que la democracia liberal (representativa) no es una democracia real. Menos aun la democracia macrista, que está violando sistemáticamente la independencia de los poderes. Fiscales y jueces completamente subordinados al poder ejecutivo, que hacen y dicen lo que les manda su patrón.

  1. Dialéctico

Desde los griegos podemos hablar de la dialéctica. Comenzando por Heráclito[7], para quien todo estaba en permanente movimiento. Es famosa su afirmación de que nadie puede bañarse dos veces en el mismo río. Pero lo que nos interesa aquí es mostrar cómo el pensamiento debe seguir a la realidad. Y si la realidad es dialéctica, como creemos que es, el pensamiento también deberá serlo, si es que quiere entenderla.

La dialéctica supone que la realidad está compuesta de partes relacionadas e interactuantes, en contraste con la metafísica que entiende a los fenómenos como entidades separadas. La dialéctica pretende descubrir las incontables interacciones, causas y efectos que actúan juntos en el universo. La primera tarea de un análisis dialéctico es, por lo tanto, resaltar la necesaria conexión de todos los aspectos, partes, fuerzas y tendencias de las situaciones y fenómenos.En este sentido, la filosofía neoliberal niega ideológicamente la dialéctica, porque en su afán de dominación debe dividir, descontextualizar, recortar la realidad, escamotear las causas, etc.

  1. Transformador

Uno de los filósofos más importantes y valiosos de la historia, Karl Marx[8], en su Tesis XI sobre Feuebach, sostiene que “todos los filósofos se han dedicado a interpretar el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo. Marx no niega el momento de la interpretación, que es fundamental, sino que considera que la acción filosófica es incompleta, si la interpretación no está orientada a un segundo momento, que es crucial, el de la transformación de la realidad. Con estas ideas Marx inaugura la “filosofía de la praxis”, ya que sólo podemos lograr un verdadero conocimiento del mundo cuando intentamos transformarlo.

  1. Un pensamiento imprescindible para adquirir un buen nivel de conciencia política

Sin pensamiento y espíritu críticos es imposible elevar nuestro nivel de conciencia política. La comprensión de que existe una división básica dominadores-dominados y de que los dominadores poseen un ADN que los impulsa continuamente a buscar más y más poder en detrimento de los sectores populares, es clave para tomar conciencia de que la búsqueda de otro mundo posible no se conseguirá sin lucha. Por eso, la filosofía no debe ejercerse sólo en el plano de los intereses individuales, sino fundamentalmente de los colectivos, para lo cual debemos entenderla como praxis[9].

  1. Auténtico, pero sólo cuando la teoría que genera está en función de una práctica transformadora

Aquí hay que poner en juego la Tesis XI sobre Feuerbach, que ya señalamos. El pensamiento crítico es tal, cuando la teoría está indisolublemente unida a la práctica. El pensamiento crítico debe fundarse en una filosofía de la praxis.

Corolarios finales:

  • El pensamiento crítico no es meramente instrumental, ya que depende del motor e impulso de valores progresistas.
  • El pensamiento crítico no es un valor en sí mismo. Si el pensamiento crítico no está orientado, no sólo pierde en eficacia, sino que carece de valor socio-cultural. El pensamiento crítico, que no posee un valor en sí mismo, es crítico cuando realmente está al servicio de la transformación progresista del mundo.
  • El pensamiento crítico en el marco de un academicismo aséptico y neutral, se desnaturaliza y pierde su esencia. Se convierte en un ejercicio meramente diletante y falsamente apolítico.
  • El pensamiento crítico es eminentemente filosófico, porque:
  • Nace del asombro desnaturalizador de los hechos y situaciones de la realidad.
  • Requiere como condición la capacidad de tomar posición epistemológica frente a los hechos y fenómenos de la realidad.
  • Tiene como principal fundamento la búsqueda de la verdad, esto es, el valor “verdad” es su guía y faro orientador. Vale recordar aquí la memorable afirmación de Aristóteles[10]: “Soy amigo de Platón, pero más amigo de la verdad”. Sin amor a la verdad no hay filosofía.
  • Ante los relatos y discursos del poder, ataca los supuestos, con el objetivo de desenmascararlos y ponerlos a la luz del análisis.
  • Se fundamenta en una filosofía de la praxis.

Finalmente, el pensamiento crítico es de vital importancia en una sociedad donde la manipulación de la ciudadanía, a través del monopolio y hegemonía de los medios de comunicación concentrados, está destruyendo la posibilidad de una verdadera democracia.

Bibliografía:

MARCUSE, H., (1969) Ensayo sobre la liberación. Buenos Aires: Editorial Gutiérrez.

  1. Maximilian Karl Emil Weber fue un filósofo, economista, jurista, historiador, politólogo y sociólogo alemán, considerado uno de los fundadores del estudio moderno de la sociología y la administración pública, con un marcado sentido antipositivista. 
  2. Martin Heidegger fue un importante y reconocido filósofo y profesor universitario alemán. Su obra emblemática es Ser y Tiempo.
  3. Herbert Marcuse fue un filósofo y sociólogo de nacionalidad alemana y estadounidense. Fue una de las principales figuras de la primera generación de la Escuela de Frankfurt.
  4. Platón fue un filósofo griego seguidor de Sócrates y maestro de Aristóteles. En 387 fundó la Academia, institución que continuaría su marcha a lo largo de más de novecientos años y a la que Aristóteles acudiría desde Estagira a estudiar filosofía.
  5. Miguel de Unamuno​ fue un notable y reconocido filósofo y escritor español perteneciente a la generación del 98.
  6. Cornelius Castoriadis fue un filósofo y psicoanalista, defensor del concepto de autonomía política y fundador en los años 40 del grupo político Socialismo o barbarie, así como la revista del mismo nombre.
  7. Heráclito de Éfeso, conocido también como «El Oscuro de Éfeso», ​ fue un filósofo griego de los denominados presocráticos. Nació hacia el año 540 a. C. y falleció hacia el 480 a. C.​​​ Era natural de Éfeso, ciudad de la Jonia, en la costa occidental del Asia Menor.
  8. Karl Marx​ fue un filósofo, economista, periodista, intelectual y militante comunista prusiano. Su obra emblemática es el Capital, un trabajo de enorme influencia en las corrientes de pensamiento y acción del socialismo y la izquierda progresista.
  9. Definimos el concepto “praxis” como la unidad indisoluble de la teoría y la práctica en interacción dialéctica.
  10. Aristóteles fue un filósofo, lógico y científico de la Antigua Grecia cuyas ideas han ejercido una enorme influencia sobre la historia intelectual de Occidente por más de dos milenios

José Luis Lens

Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación. Actualmente, Profesor Titular de la Cátedra de Educación Popular en la FCH-UNCPBA y Profesor Adjunto de Ciencias Políticas en la UBA-CBC.

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