Las estrategias manipuladoras del sicariato comunicacional de la oligarquía

Las estrategias manipuladoras del sicariato[1] comunicacional de la oligarquía[2]

Cómo enfrentar la hegemonía comunicacional del neoliberalismo

El “periodismo” que tenemos hoy en nuestro país, salvo, por supuesto, las honrosas excepciones que existen, está cumpliendo un papel totalmente contrario al que tradicionalmente se instaló en el imaginario de la población, esto, es un cuarto poder en oposición a los poderes fácticos. El periodismo de hoy, que nos es periodismo, sino una actividad mercenaria al servicio de la oligarquía, es un ariete de guerra de los poderes fácticos. Por lo tanto, no debe sorprendernos que nos mienta descaradamente, intente manipularnos todo el tiempo con argumentaciones que insultan nuestra inteligencia y comparta operaciones ilegales con sectores corruptos de los poderes del Estado, como jueces que responden a los grupos mediáticos monopólicos y espías de los aparatos de inteligencia. No obstante esto, hay una cantidad importante de quienes conforman el amplio campo popular que compran su discurso manipulador, por ejemplo, amplios sectores de la clase media y populares. Y ¿por qué son manipulados y engañados como niños?, ¿por qué compran su discurso? Puede haber otras razones, pero sin duda una de ellas es la ignorancia política.

Pero, ¿cómo engañan, manipulan e insultan la inteligencia de la población? Utilizan mentiras, argumentos falaces y todo tipo de manipulaciones. Hay miles de ejemplos, pero podemos señalar algunos. Uno. Confundir el concepto de “pandemia” con el de “cuarentena”. No es lo mismo decir, como lo hizo La nación en una tapa de su diario: “La pandemia hizo estragos en la economía de los Estados Unidos, que, en otra: “La cuarentena le jugó una mala pasada al gobierno de Alberto”. En el primer caso el gobierno no tuvo nada que ver, porque fue la pandemia la causante del quebranto económico, pero en el otro fue el gobierno, porque es el responsable de obligar a una cuarentena. ¿Cuál es el objetivo? Sencillamente, desacreditar al gobierno de Alberto Fernández. Otro caso. El “periodista” Sergio Berensztein utilizó un argumento falaz en un programa de televisión, defendiendo en forma burda, mezclando bananas con sardinas, la posición del estafador directorio de la empresa Vicentín. Respecto de un asalto señaló: “cómo un gobierno no puede brindar seguridad a la población pretende hacerse cargo de una empresa como Vicentín”. No sigo relatando ejemplos para no ser redundante. Creo que lo mejor es mostrar cuáles son las principales líneas estratégicas de su discurso, que está orientado a la construcción de una opinión pública desestabilizadora y destituyente respecto del gobierno nacional y popular:

Una muy clara es la de escamotear la contradicción principal oligarquía-pueblo, con lo que se anula la existencia de la dimensión de la politización, quedando solamente la de la partidización. Desaparecida la contradicción fundamental, que es la única y verdadera brecha, sólo quedan las falsas brechas, esto es, las partidarias, que cumplen varias funciones:

  • Conseguir que la oligarquía, antidemocrática por naturaleza, se pueda disfrazar de democrática camuflándose como partido político, porque la democracia liberal se lo permite. Está claro que El PRO no es un partido, sino la oligarquía disfrazada.
  • Dividir al campo popular entre falsas opciones, como kirchnerismo-macrismo, peronismo-radicalismo, etc. Porque la única opción válida, la auténtica opción política es la de oligarquía-pueblo, las demás son todas falsas, son opciones partidarias. Más allá de las críticas que podamos hacerle al kirchnerismo y de sus errores, la elección entre macrismo y kirchenerismo no es partidaria, es la elección entre oligarquía y pueblo.
  • Exculpar a la oligarquía del fracaso argentino y culpar a la clase política. Eliminada de la escena la dimensión política, sólo queda la horizontalidad del partidismo, de la clase política, la culpable de lo que pasa, de todos los fracasos. De esta manera la oligarquía, la verdadera culpable de todo, queda exculpada ante la opinión pública que ella misma creó mediante su poder mediático.

Culpabilizar a la clase política es una excelente herramienta para despolitizar a la ciudadanía. Los políticos son todos ladrones, corruptos, inútiles, etc. Si los políticos son corruptos y sobornables, debe haber alguien que los soborne y corrompa, ¿no es cierto? Hay que tomar a la ciudadanía como muy idiota para que se trague el sapo de políticos sobornados sin sobornadores.

La falta de respeto a la ciudadanía ya alcanzó ribetes inconcebibles. El operador de la oligarquía Jorge Lanata, porque es aberrante llamarlo periodista, a raíz del asesinato de un ex secretario de Cristina Fernández, dijo lo siguiente: “Estamos ante un crimen vinculado al dinero K, no tenemos pruebas, pero si la hipótesis de que detrás de este crimen está el dinero K”. Es escandaloso y denigrante, que alguien a quien se le infla el pecho diciendo que es periodista, diga semejante burrada. Sostenga, y se atreva a confesarlo, una noticia en una mera hipótesis y no en hechos. El tema se apagó como un fósforo a los pocos días, porque fue un crimen pasional. Quisieron caranchear el hecho, como dice, el sí periodista Gustavo Silvestre, pero no les dio resultado.

Fíjense, también, que en los titulares de las tapas de Clarín y La nación, que trabajan en tándem, se usan los verbos en modo potencial: Máximo Kirchner y Nilda Garré “tendrían” cuentas en paraísos fiscales, Cristina Fernández “habría” lavado dinero a través de sus hoteles, etc. Cualquiera que tenga una mínima idea de lo qué es una noticia, sabe que no se usan los verbos en potencial, porque las noticias no se pueden basar en especulaciones, sino que deben hacerlo en hechos. Pero una parte importante de la ciudadanía sigue manteniendo una relación muy ingenua respecto de las acciones de esta verdadera mafia que construye a una opinión pública que atemoriza a la ciudadanía y a los gobiernos.

¿Cómo se logra que una parte de la ciudadanía compre todo esto? Bueno, los medios concentrados y sus sicariato comunicacional pueden lograrlo. Fíjense cómo los principales medios –por su alcance y difusión y no por su respeto a la verdad- y sus sicarios, abroquelados en la defensa a ultranza de los poderes fácticos, atacan todo el tiempo al Estado, al que califican de ineficaz e inoperante, a la clase política que señalan como corrupta y fracasada, a los políticos de ladrones que viven del Estado. Fíjense cómo cualquier medida que tome el gobierno, en su carácter de administrador del Estado y responsable del bien común, que implique una acción reguladora o controladora respecto de una empresa privada, aunque ésta haya cometido ilícitos contra el Estado, es tomada como un atentado a la sagrada “propiedad privada”. Lo mismo ocurre si un comunicador de los medios hegemónicos es acusado de un delito, otra vez salta la corporación mediática manipuladora, ahora porque atacan el otro tabú de la oligarquía la “libertad de expresión”. Es ridículo e indignante ver cómo es defendido el operador Luis Majul por la corporación de operadores de la oligarquía, invocando a la sagrada “libertad de expresión”, cuando está seriamente sospechado de haber cometido un delito y con gran cantidad de pruebas en su contra. Los periodistas no tienen coronita, si cometen un delito deben ser imputados como cualquier hijo de vecino. Pero no, la poderosa corporación sostiene que es un atentado contra la libertad de expresión. ¿Por qué puede ocurrir esto? Es simple de entender, porque todavía, a pesar del nuevo gobierno de sesgo nacional y popular, la mafia mediática sigue teniendo un gran poder y, por lo tanto, la subordinación de un conjunto de fiscales, jueces y camaristas. Luis Majul está blindado y Mauricio Macri, un mafioso de película, también esta blindado.

Es incomprensible que una parte importante de la ciudadanía no se de cuenta de que personajes como Alfredo Leuco, Diego Leuco, Luis Majul, Baby Etchecopar, Eduardo Feinmann y Jonatan Viale no son periodistas, sino sicarios de la oligarquía. Hay otros un poco más formados y prolijos, como Antonio Laje, Luis Novaresio y Ernesto Tenembaum, que también trabajan para la oligarquía, pero con más sutileza. No obstante, la oligarquía, como lo hizo siempre en nuestra historia, está empeñada en esmerilar y erosionar continuamente a los gobiernos de sesgo nacional y popular. De ahí que debamos prepararnos para una larga lucha, en la que el poder popular es fundamental.

  1. Un sicario es una persona que mata a alguien por encargo de otro, por lo que recibe un pago. El sicariato es el oficio de los sicarios. Entonces, vale decir que existe un sicariato mediático, compuesto de figuras y periodistas que “matan” por encargo a todos aquellos y aquellas molestos para el poder. ¿Cómo los matan o intentan matarlos? Con difamaciones, mentiras, calumnias, operando mediáticamente sobre el poder judicial, etc.. Todo su talento, si es que lo tienen, lo dudo, se enfoca a esta deleznable tarea, que ellos cumplen con la rigurosa profesionalidad de los periodistas independientes y objetivos, valores de los que, en forma pedante, se jactan.
  2. Acá vamos a usar el concepto de “oligarquía” en su más pleno sentido etimológico. El término es griego y proviene de “oli”, que es “poco” o “escaso” y “arjé”, que es “poder” o “gobierno”. Oligarquía, entonces, significa: el poder o gobierno de unos pocos.

José Luis Lens

Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación. Actualmente, Profesor Titular de la Cátedra de Educación Popular en la FCH-UNCPBA y Profesor Adjunto de Ciencias Políticas en la UBA-CBC.

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