Geopolítica

La lucha por la liberación en el marco de la contradicción Imperialismo-Patria

La lucha por la liberación en el marco de la contradicción principal: imperialismo-patria. Reflexiones y replanteos después del golpe de Estado en Bolivia

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En el golpe cívico-militar genocida del mal llamado Proceso de Reorganización nacional de 1976 yo tenía treinta años. En ese infierno vi desaparecer a varios de mis profesores (en ese entonces estaba comenzando mi licenciatura en Filosofía), amigos y compañeros de trabajo de mi padre. Yo no tuve la misma suerte de milagro. Este golpe de Estado en Bolivia me proyectó hacia ese pasado y escuché, con enorme pena, crujir al “nunca más”. No nos equivoquemos, nosotros estamos en la lista de Washington y una parte importante de nuestra población tiene, sin duda, una impronta derechista y reaccionaria. El cóctel perfecto para el golpe. Por eso, en la medida en que logremos una mayor soberanía política, independencia económica y justicia social, la amenaza será más intensa. Ante esta realidad debemos prepararnos.

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América latina no es un territorio en disputa, como dicen los periodistas influenciados por el establishment, sino un territorio intervenido y dominado por los Estados Unidos, sus socios de la globalización neoliberal y las oligarquías locales. El golpe duro propiciado contra la Bolivia de Evo, no deja ninguna duda. América latina es un territorio en lucha por su liberación. Las palabras sin eufemismos que hay que volver a pronunciar con todas nuestras fuerzas y sin ningún temor, que habían sido prohibidas por los medios hegemónicos, son: “Imperialismo” y “Liberación. Digan lo que digan los tibios y moderados, tenemos que gritarlas a los cuatro vientos. El Imperialismo de Washington y sus aliados de la Unión Europea y las élites locales cipayas de los países de la región, nos empujan a una lucha por la “liberación”. A la estrategia de Washington de fragmentarnos[1] y exacerbar maliciosamente a las derechas locales para derrocar a nuestros gobiernos nacionales y populares, debemos oponerle una enorme tarea de defensa de la patria y búsqueda de la unidad latinoamericana.

Las injerencias e intervenciones de Washington en los países de nuestra región no son nuevas, pero han sido secuestradas de la memoria de gran parte de la población y la opinión pública, por los medios hegemónicos y el periodismo cipayo. Tanto es así que hoy no son pocos los que ponen en duda el golpe de Estado producido en Bolivia. Y este no fue un golpe blando, como en los últimos años venía sucediendo, este fue un golpe duro. Nadie puede dudarlo. Probablemente el gobierno de Evo no haya visto venir el golpe concreto–aunque sí lo olfateaba- en lo que hace a lo que le estaban orquestando Estados Unidos y la derecha racista local, antes de descabezar a las fuerzas armadas y elevar a cargos de conducción a militares afines a su proyecto. Pero este es otro tema, que nos queda por analizar.

Aquí hay varias cuestiones que, en el marco de la lucha que estamos librando, debemos analizar:

El injerencismo e intervencionismo histórico de Estados Unidos, ocultado por los medios hegemónicos

Es indudable el injerencismo e intervencionismo histórico y actual de los Estados unidos en la región. Lo que está probado y sufrido todo el tiempo por nuestros gobiernos y pueblos. Es imposible negar esta realidad porque las pruebas y los argumentos son abrumadores[2]. Este es el primer problema que deben abordar los proyectos y gobiernos nacionales y populares de nuestra región. La lucha contra este injerencismo e intervencionismo continuo, que es una verdadera plaga para los países y pueblos de la región, así como un problema político de gran envergadura, tiene, como veremos, muchas facetas a analizar.

La fragmentación cipaya de la región

Una de las principales estrategias del intervencionismo es la fragmentación y división de la región en gobiernos aliados y subordinados a Washington, gobiernos verdaderamente cipayos[3], que trabajan codo a codo a favor de los intereses del Imperio, y gobiernos que, con sus matices intentan desarrollar políticas soberanas[4]. Por supuesto que, cuanto más radicalizada es la intención de soberanía, más enemigos de Washington son y más ataques, de todo tipo, reciben de su parte.

La estrategia de fragmentación es de doble rango. La división de los países de la región entre los cipayos, los que defienden su soberanía con uñas y dientes, como Cuba, Venezuela y Nicaragua y los que aspiran a ser soberanos y viven ciclos continuos de gobiernos nacionales y populares y neoliberales, como Argentina, Brasil, Uruguay y Ecuador.

La otra división es la interna, también alimentada por Washington, estableciendo, a través del accionar de los medios de comunicación hegemónicos, grietas y peleas internas artificiales, que impiden la unidad de la población en una mayoría sostenedora de los intereses del país y del pueblo. Separando y dividiendo, esto es, poniendo a unos países contra otros y, dentro de los propios países, enfrentando a los sectores sociales divididos, el campo queda libre para ejercer con éxito su proyecto dominador. No cabe duda de que la unidad de los países de la región y de los sectores sociales que los conforman, echaría por tierra sus planes y logros intervencionistas.

El conjunto de países cipayos y sus organizaciones y grupos, como por ejemplo la OEA de Luis Almagro, títere de Washington y Canciller traidor de Pepe Mujica y el Grupo de Lima, que se creó exclusivamente para derrocar a Nicolás Maduro, donde sobresale nuestro vendepatria Mauricio Macri, configuran, sin duda, un contexto potencialmente golpista, un huevo de la serpiente enquistado en nuestra región. Son gobiernos, organizaciones y grupos preparados para socavar, de mil formas, a todos aquellos gobiernos que intenten desarrollos no permitidos por Washington. Como por ejemplo, Bolivia, un ejemplo de desarrollo intolerable para el Imperialismo, como antaño lo fueron las misiones jesuíticas arrasadas y el Paraguay de Solano López aniquilado en la Guerra de la Triple Alianza. Si Bolivia es el primer productor de litio del mundo, las baterías de litio y los coches eléctricos no los debe elaborar Bolivia, sino las corporaciones promovidas por los Estados Unidos. La economía de Bolivia debe seguir primarizada.

Frente a esta realidad es imperiosa la unidad de los países de toda la región. De ahí que los organismos como Mercosur, Unasur, Celac y Alba sean una amenaza para el Imperio[5]. Por eso, una tarea primordial de todo gobierno verdaderamente nacional y popular es promover, en forma insoslayable, la unidad de América latina y el Caribe.

La lucha contra la penetración del imperialismo norteamericano a partir de contrarrestar el espionaje y el lobby desde las embajadas en los países de la región

La injerencia y el intervencionismo de Washington en los países de nuestra región han logrado y mantienen una dinámica de penetración de amplio espectro. Por ejemplo en nuestro país tenemos a la RAP:

“La Red de Acción Política (RAP) es una fundación que se dedica a la  formación de la dirigencia política en Argentina. Es auspiciada y financiada por embajadas y multinacionales, grandes bancos privados, y las principales empresas locales de propiedad de las familias Urquia, Rocca, Pagani, etc. Entre sus integrantes hay altos funcionarios del Pro, la UCR, el socialismo, el justicialismo, el GEN, el Frente Renovador, e incluso del kirchnerismo.  En su  consejo directivo y asesor, figuran banqueros con intereses en la deuda pública argentina, e intelectuales orientados al pensamiento neoliberal. Que ejecutan una bajada de línea hacia numerosos políticos argentinos, creando así una red o logia moderna, que atraviesa a casi todos los partidos políticos. Y ha facilitado la instauración de determinadas políticas a favor de los intereses empresarios y geopolíticos de quienes la financian y auspician, no precisamente en bienestar del pueblo, ni de los intereses argentinos”[6]

Se trata de una red de espionaje que alarga sus tentáculos hacia diferentes sectores del poder. También lo hace hacia las fuerzas de seguridad y militares, así como hacia poderes del Estado, como el Judicial. Basta ver el comportamiento de la Policía Boliviana y sus Fuerzas Armadas, que se alinearon en forma inmediata al golpe de Estado y están reprimiendo brutalmente al pueblo boliviano. Observemos la Guerra judicial (Lawfare) en la región, mediante una alianza entre los medios hegemónicos y fiscales y jueces adoctrinados en la nueva Escuela de la Américas de Washington para producir figuras judiciales cipayas. Es evidente el carácter ilegítimo de cómo sacaron de la escena política a un Lula que ganaba las elecciones, v cómo persiguieron y persiguen a Cristina Fernández con causas inventadas y todo tipo de acciones deleznables en su contra.

Esta realidad obliga a que los gobiernos de sesgo nacional y popular implementen necesariamente un contraespionaje para controlar e impedir la penetración del imperialismo, que lo viene logrando a través de diferentes acciones y organizaciones, en nuestro país y en la región. Esta tarea implica, entre otras, realizar una fuerte inteligencia patriótica para evitar la acción de Washington sobre todos los estamentos nacionales (gubernamentales y privados) y hacerse cargo de la educación de las fuerzas de seguridad y militares, enfocándose en una formación patriótica, esto es, basada en la defensa de los intereses de la nación y el bienestar de su pueblo, por supuesto más allá de todo partidismo, pero nunca soslayando los intereses de la Nación y la región, que debe unirse necesariamente para defender su soberanía vulnerada históricamente por el Imperialismo norteamericano.

Tengamos en cuenta que los golpes de Estado, tanto blandos como duros, se preparan mediante varias estrategias, unas más contextuales y lentas y otras más focalizadas y rápidas. Las primeras son de desgaste y erosión de los líderes políticos populares a través de los medios hegemónicos y todo un conjunto de mal llamados periodistas e intelectuales cipayos, cuya acción es muy efectiva en la formación de la opinión pública, sobre todo en las capas de población con un bajo nivel de alfabetización política. Este desgaste, que es lento y persistente, ayuda a generar un consenso negativo de las figuras atacadas mediante este método. A esto hay que agregarle el anillo de países neoliberales cipayos de la región, que constituye, sin duda, un potencial contexto golpista. Tengamos claro que cada nuevo gobierno de sesgo neoliberal en la región es un ladrillo más en la pared del imperialismo. Y si el gobierno provino de un golpe de Estado, el peligro es todavía mayor.

La lucha contra la orquestación de los golpes de Estado

Las estrategias focalizadas y rápidas son las que se utilizan para producir el desenlace final concreto. Estas acciones se orquestan y programan. Estos golpes siempre se organizan con la complicidad de los grupos oligárquicos locales[7]. Y aquí es donde aparecen las mentiras y tergiversaciones sobre la democracia, concepto convertido en un fetiche para amplios sectores de la población. Veremos esto con detenimiento luego. En el caso de Evo no son pocos los que esgrimen que su error, fíjense en el razonamiento, fue desconocer el no del referéndum para presentarse a una cuarta elección. Qué minucia frente a la extraordinaria transformación realizada en Bolivia. Aquí se pone en juego la norma de la “alternancia” que, conjuntamente con la doble vuelta (ballotage) hoy son dos argucias de la derecha para legitimar la sucia tarea de sacar de la escena política a los gobiernos nacionales y populares. Se preguntaron, por qué un gobernante realmente patriótico, que tiene un enorme éxito en poner en marcha, de forma autónoma y autodeterminada, un país y que mejora notablemente la calidad de vida de las mayorías, no puede continuar en el poder. No tengan la menor duda de que es porque al imperialismo no le conviene. No hay otras razones. Por eso, la alternancia se presenta como algo sagrado. Hasta el límite de que muchas personas elijan colaborar con el hundimiento del país en una guerra civil, antes que soportar que el gobernante siga un nuevo período. Cuando oigo a todas esas personas decir que Evo era un dictador y que estaba arruinando a su país porque desconoció el referéndum, me asalta una gran indignación. Y la doble vuelta (el ballotage), ¿a quién le conviene? Indudablemente, a la derecha, porque siempre va dividida en la primera vuelta y se une en la segunda en contra del candidato popular para derrotarlo. Me asalta un interrogante, ¿por qué nuestros sistemas políticos aceptan el ballotage, si beneficia sólo a la derecha? Después tenemos que soportar la paradojal situación de que el candidato más votado por el pueblo, termina perdiendo. Es lo que le hubiera ocurrido a Evo si no lograba ganar en primera vuelta.

Más allá de las normas que obligan a ganar por un diez por ciento frente al segundo, Evo ganó en primera vuelta con el cuarenta y siete por ciento[8]. Esto es, lo votó la mayoría. No obstante, había que cumplir con las normas. Las normas, sacralizadas, son más importantes que los países, que las personas, que los pueblos. La democracia formal fetichizada es la gran excusa legitimadora de los opresores.

La lucha contra el monopolio mediático

La monopolización de los medios es otra de las condiciones a tener en cuenta en el análisis de la lucha contra el imperialismo. Aquí comprobamos un monopolio mediático global que influye notablemente en los monopolios locales, esto es, los grupos hegemónicos nacionales como el Grupo Clarín en Argentina, la Cadena O’Globo en Brasil, el Mercurio en Chile, la Cadena Caracol en Colombia, etc., que responden a Washington y a sus oligarquías locales asociadas. Estos monopolios mediáticos inciden directamente en la población, creando opinión pública favorable a la construcción de un consenso destituyente de los gobiernos de sesgo nacional y popular. Tenemos que saber, además, que los monopolios mediáticos anulan el derecho a la información de los pueblos, con lo cual destruyen la democracia, la verdadera democracia. Este es un problema que debe ser abordado por los gobiernos nacionales y populares y el pueblo. A las acciones culturales para la dominación que continuamente producen las oligarquías se le deben oponer acciones culturales para la liberación, que deben producir los gobiernos con el respaldo de sus pueblos politizados y empoderados.

La lucha por el derecho a la información debe ser uno de los temas prioritarios de la agenda de gobierno de las administraciones nacionales y populares. Y los pueblos deben incidir continuamente para que los gobiernos cumplan con ese mandato propio de toda auténtica democracia. Las derechas neoliberales se la pasan hablando de democracia y republicanismo, pero callan sus voces ante los monopolios mediáticos que las sostienen, la mayor amenaza para las verdaderas democracias.

La necesidad de la educación política de los pueblos

La educación política del pueblo, entre otras cuestiones también de relevancia, comienza con la toma de consciencia de la contradicción fundamental, que no tiene nada que ver con la grieta macrismo-kirchnerismo, una burda manipulación gestada en los medios hegemónicos para dividir el amplio campo popular. Tenemos que saber que, por ejemplo, las contradicciones peronismo-radicalismo, kirchnerismo-macrismo, socialismo-capitalismo, no son fundamentales son, en el mejor de los casos, contradicciones secundarias. La contradicción fundamental es “imperialismo-patria”, que es por donde hay que comenzar el análisis político y la educación política de la ciudadanía. Es muy importante que la población, del signo político que fuere, siempre que esté dentro del amplio campo popular, tome consciencia de dicha contradicción. Vale enterarnos aquí de lo decía Sir Wiston Churchill, un claro representante del imperio anglo-sajón, en 1945 en la reunión de Yalta, donde hablaba en contra de un desarrollo autónomo de la Argentina, que podría arrastrar a los otros países de la región:

“No dejemos que Argentina sea potencia, arrastrará tras de sí a toda América Latina. La estrategia es debilitar y corromper por dentro a Argentina, destruir sus industrias, sus fuerzas armadas, fomentar las divisiones internas apoyando bandos de derecha e izquierda. Atacar su cultura en todos los medios. Imponer dirigentes políticos que respondan a nuestro imperio. Esto logrará la apatía del pueblo y una democracia controlable, donde sus representantes levantarán sus manos en servil sumisión”.

No cabe duda de que esta es la agenda retomada por Washington, no sólo para la Argentina, sino para toda la región. Tenemos que saber que siempre el tema del imperialismo, su leit motiv es impedir el desarrollo autónomo de los países de la región. ¿Para qué? Para usufructuar sus riquezas, para quedarse con la producción primaria, para que no seamos nosotros los que le agreguemos valor a esa producción primaria.

Es elemental, y el ciudadano común tiene que tomar consciencia de que debe responsabilizarse, no sólo de mejorar su nivel de educación política, sino de asumir una instancia de movilización y participación responsable, para colaborar en la lucha para que esto no ocurra. Porque observen ustedes, que cuando se les agota la posibilidad de desalojar a los gobiernos nacionales y populares a través del sistema eleccionario, de la democracia formal, caso Bolivia, que se les traba, que no pueden manipular a la población a los efectos de que se traicione a sí misma votando a sus verdugos, como ocurrió en Argentina, como ocurrió en Brasil; cuando no pueden hacer eso, entonces acuden a los golpes tradicionales, a los golpes duros.

No es cierto lo que manifiesta todo ese grupo de analistas mediocres que están siempre tratando de hacer algún tipo de estilismo teórico, diciendo que, por ejemplo, ahora ya los golpes son blandos. Los golpes son golpes. Son blandos cuando les conviene. Porque les resulta mejor un golpe a partir de una operación mediático-judicial para deponer a un mandatario, o manipular las elecciones, que tener que hacer todo lo que implica un movimiento de tipo de golpe de Estado cruento. Debemos tener claro esto, no nos confundamos, ellos van a hacer lo que tengan que hacer. Entraron en el modelo de los golpes blandos[9], como se dice, porque se dieron cuenta de que había una posibilidad de colonizar subjetivamente a grandes partes de la población y acceder al poder político vía elecciones o manipulaciones de la población, lo cual le daba una legitimidad mucho más alta que dando golpes, porque este golpe en Bolivia tiene un costo para los Estados Unidos y tiene un costo para la política boliviana y para los políticos bolivianos, porque fue un golpe que interrumpió un proceso constitucional. Si ellos pueden no interrumpir los procesos constitucionales magnífico, pero cuando no pueden, entonces, hay que echar al gobierno indeseable de cualquier forma y tomar el poder como sea. Nunca olvidemos que la derecha neoliberal y el imperialismo son autoritarios por naturaleza

Por eso, la educación política de la ciudadanía, esto es, la necesidad de elevación de su nivel de alfabetización política, es otra cuestión fundamental a tener en cuenta. Inevitablemente, la lucha contra el intervencionismo de Washington, obliga a los gobiernos nacionales y populares a desarrollar todo un plan de educación y culturización de sus pueblos. Este es un eje ideológico-educativo esencial en el cual debemos tener en cuenta varios elementos. Primero. Los gobiernos deben darle al plan de educación y cultura todo un sesgo claramente no partidista. No debe tener ningún rasgo partidista, tiene que ser político en el sentido trascendente del concepto. Y en el sentido transcendente de la política, más allá de los partidos, partimos de la evidencia científico-filosófica de la división dominadores-dominados, de la que inferimos que la verdadera antinomia o contradicción, es imperialismo-patria. A partir de aquí es preciso lograr que la ciudadanía tome consciencia de que quienes pretenden dominarnos, o sea el imperialismo norteamericano que rige en la región, que históricamente intervino y tuvo injerencia en nuestros asuntos internos y todo el tiempo tiene injerencia, perjudica a todos los componentes del amplio campo popular, que incluye a las clases medias. La prueba la tenemos en Chile, donde las clases medias fueron fuertemente deterioradas por un sistema político como el neoliberal, que fortalece al Estado a favor de los poderes fácticos, eliminando las políticas públicas a favor de una feroz privatización de la educación, la salud y las pensiones y jubilaciones, produciendo una brutal desigualdad. El Chile que nos tiraban todo el tiempo a la cara como un modelo a seguir los economistas neoliberales y el periodismo cipayo. El Chile que estalló en una revuelta popular sin precedentes en toda su historia. El Chile de la increíble explosión social, es una fuente de enseñanza.

Hoy los sectores populares –en el cual se incluyen las clases medias- tienen que entender, más allá de si son radicales, social demócratas, socialistas, peronistas, comunistas, macristas, o del partido que fuere, que el neoliberalismo los perjudica notablemente.

Pero tenemos aquí un problema con la izquierda radicalizada, que es dogmática, y su dogmatismo no la deja ver que la verdadera contradicción, la contradicción madre, es imperialismo-patria, no socialismo-capitalismo. No es que estemos en contra del socialismo, pero el capitalismo está instalado de tal manera que resulta inviable intentar desmontarlo. Por eso se lo critica a Evo. Fíjense, el ejemplo clarísimo es la crítica a Evo, ¿por qué lo critica a Evo la izquierda radical? Porque Evo no combate al capitalismo. Pero Evo lo que hizo fue negociar con un capitalismo que sabía que no podía erradicarse, que sabía, con muy buen criterio estratégico, que pretenderlo no es viable ni estratégico. Y Evo tuvo un éxito notable negociando con el capitalismo a partir de una posición de poder. Un gobierno fuerte respaldado por un pueblo movilizado.

Si antes de Evo las petroleras multinacionales se llevaban el ochenta y dos por ciento de las ganancias y el gobierno de Bolivia el diez y ocho por ciento, Evo invirtió ese reparto: ochenta y dos por ciento para el gobierno de Bolivia y diez y ocho por ciento para las multinacionales petroleras. Hizo lo mismo con el gas y la minería. Más allá del golpe de Estado, mostró que era posible crecer y desarrollarse en forma autónoma en el sistema capitalista. Claro que la izquierda radical puede decir: justamente porque negoció de esa manera perjudicando los intereses de las corporaciones, es que le dieron el golpe. Es cierto, esa pudo ser una de las causas, pero la causa determinante, fue, sin duda, que Bolivia mostró que mediante un modelo político de sesgo social, esto es, no neoliberal, podía desarrollarse de forma autónoma, sin endeudarse, ni depender de la ayuda exterior. Ese fue su pecado. El mismo pecado que cometió el Paraguay del heroico Francisco Solano López, borrado del mapa por la Triple Alianza.

La idea es colocarnos en una posición de aceptación del capitalismo, pero como un modelo que está instalado estructuralmente y, desde allí, plantear y desarrollar políticas afines al socialismo, fundamentalmente que posibiliten una distribución más equitativa de la riqueza, pero sin la pretensión de que desaparezca el capitalismo, porque es una tarea inviable en la coyuntura actual del mundo. Tenemos que plantear y llevar a que los sectores populares cada vez tengan más fuerza a los efectos de negociar de otra manera, pero no con la idea de derrotar al capitalismo, porque es una misión que no tiene mucho sentido desde el punto de vista de la estrategia política, porque no es posible hacerlo. La izquierda, que lo plantea todo el tiempo, no tiene la fuerza para hacerlo. Primero, porque la izquierda radical tiene muy pocos votos y en un sistema democrático liberal electoral no va a poder lograrlo nunca y, en segundo lugar, porque hasta el propio Marx reconoció el valor del capitalismo para crear riqueza. La pretensión de desmontar el capitalismo no es viable, precisamente, porque el capitalismo es indispensable para producir riqueza, aunque con sistemas políticos basados en Estados sociales y reguladores y atendiendo a los límites ecológicos. No es un problema de sistema, sino de estrategia política. Tenemos que transforma las sociedades desde lo que tenemos. y eso es posible. Entonces, tenemos que ir a una sociedad, a partir del sistema existente, pero con estrategias políticas que nos permitan transformarla. Y aquí la politización y empoderamiento de los pueblos es esencial. Cada vez más nacional y más popular, cada vez más humanizada y justa, con cada vez mejor distribución de la riqueza, cada vez menos desigual. En el caso de América latina, proyectando la unidad de la región para hacerse más fuerte. Con Estados fuertes incididos por pueblos politizados y empoderados. Ese es el camino que emprendió Evo. Y su derrota lo que muestra es que ahí está el talón de Aquiles del imperialismo, lo que realmente le duele y perturba.

Criticar a Evo es un error de la izquierda radical. No me gusta Evo porque no ataca al capitalismo. Pero no lo va a atacar, porque no tiene sentido, porque es inviable. Ese es el punto. Y ese dogmatismo los hace sectarizarse, cerrarse sobre sí mismos y no participar de los grandes movimientos sociales, no participar de los partidos y frentes que tiene raigambre popular. Entonces entran en una sectarización que impide la unidad, que es clave, porque la táctica del Imperialismo es fragmentar, dividir, separar. Fíjense cómo dividió a América latina en todos estos países cipayos que colaboran con los golpes. Lo primero que hicieron en Bolivia los golpistas fue romper relaciones con Venezuela y echar a los médicos cubanos, porque tienen un MANDATO, es el mandato de Washington, esta es la clave. Entonces, con ese mandato ellos conspiran contra los gobiernos nacionales y populares, ayudan a su derrocamiento, acosan y colaboran en el armado de grupos que conspiran y actúan contra los países como Venezuela, como Nicaragua, como Cuba que luchan por su soberanía, que defienden y pelan por su independencia. Bueno ese es el tema. Al tener el mandato de Washington, hacen lo que Washington les pide. Son gobiernos verdaderamente vendepatria, esa es la palabra justa.

Lo que los intelectuales de izquierda, las feministas y los autonomistas no entienden de la realidad de Bolivia

También es importante analizar la terrible situación de la coincidencia contra Evo de la ultra izquierda y la ultra derecha. Ya en varias ocasiones Álvaro García Linera le había echado en cara a la izquierda el error de votar con la derecha contra Evo. Su pregunta siempre era en el mismo tono: ¿qué se siente votando junto con la derecha contra Evo? En una entrevista después del golpe de Estado, García Linera crítico al feminismo, a la intelectualidad de izquierda y a los autonomistas que salieron a apoyar el golpe. A las feministas les dijo:

“A las críticas de mujeres que dicen que en Bolivia lo que está sucediendo es una pelea por el poder entre machos, les digo que esa es una discusión de un par de feministas sentadas en un café viendo por la televisión cómo matan y cómo garrotean mujeres. Díganle lo mismo a las mujeres indígenas del Alto que han sido gasificadas el día de ayer, que las han obligado a arrodillarse delante de policías, que les digan lo mismo. Díganles porqué están saliendo a pelear, porqué marchan 4 o 5 horas con el hijo, con la hija, con una whipala en el hombro. No están peleando por una pelea de machos, están peleando porque se les quiere arrebatar su igualdad, díganle a esa mujer de pollera de Santa Cruz, que por caminar con pollera se le acusó de india cochina, y se le dijo que se fuera a su tierra; esa es una manera muy aristocrática para explicar los problemas”.

Respeto de la izquierda y los autonomistas dijo:

“Sus análisis son obscenos. Tienen un desfase con la realidad, arman conceptos preocupados en la estética y no en la capacidad de reflejarlos en los hechos. Cuando comenzó la movilización de las clases medias en Santa Cruz, La Paz, y en Cochabamba, los grupos autonomistas se asombraban porque veían un despertar de la sociedad y hablaban de una nueva explosión de democracia. Interesante. El problema con ellos es que no entendían el problema de clase y la condición de clase de esas colectividades urbanas que empezaron a manifestar su rechazo y movilizarse contra Evo Morales.

Eran clase media, universidades privadas, barrios acomodados, no eran las villas, no eran los barrios obreros, no eran los barrios migrantes; ese fue el primer gran error de los autonomistas: no entender el contenido de clase. Segundo error, el discurso de clase. Cuando esos colectivos urbanos comienzan a gritar que había que salir a matar a los coyas, a los indios, los autonomistas comenzaron un poco a incomodarse. Cuando en Cochabamba la clase media tradicional armó bandas para ir a agredir a mujeres que marchaban con sus hijos en las espaldas, los autonomistas se enmudecieron. Ya no sabían qué decir los autonomistas cuando el líder de estos grupos (Luis Fernando Camacho), en televisión, al lado de la biblia saca una lista para decir que iba a anotar, como Pablo Escobar, quiénes estaban contra él. Ahí el autonomismo comenzó a dudar que algo estaba mal, de que ese entusiasmo con el que recibió ese despertar de sectores juveniles, traía algo raro”[10].

La desmitificación de la democracia liberal

Hoy más que nunca debemos diferenciar la “democracia formal” de la “democracia real”. Aquí me gusta comenzar por definir con claridad y precisión qué debemos entender por democracia. Y nada mejor que la definición que nos brindó el filósofo greco-francés Cornelius Castoriadis, quien en una charla en la Universidad de Buenos Aires, en 1993, dijo:

“Habría que empezar preguntándose en qué consiste esta famosa democracia a la occidental. Pienso, por mi parte, que hablar de democracia en estos casos, es parte de la inmensa regresión ideológica y de la amnesia histórica que caracteriza a nuestra época y que se expresan también en el plano intelectual, en la reflexión política, en la filosofía y en la economía. La palabra democracia es simple en su sentido y en su intención central. Los griegos inventaron ese término al mismo tiempo que inventaban la cosa, la realidad a la que correspondía. Democracia: nada más ni nada menos que el poder del pueblo. No hay lugar para juegos filosóficos o hermenéuticos. La democracia es el poder del pueblo. Entonces, es una vergonzosa hipocresía decir hoy que hay algún país en este planeta en que el pueblo tiene el poder. Consideremos los regímenes políticos en los países occidentales. Si miramos, no la letra de las constituciones, sino el funcionamiento real de las sociedades políticas, comprobamos inmediatamente que son regímenes de oligarquías liberales”,

No hay definición más acertada que ésta. Entonces, sin poder popular no hay democracia. Sin justicia social, no hay democracia. Sin soberanía política, no hay democracia. Sin independencia económica, no hay democracia. La diferencia entre la democracia formal y la democracia real, entonces, es bien evidente. Pero la derecha neoliberal y el imperialismo, ni por asomo van a plantear estas diferencias, menos aún, las van a acepar. Por el contrario, van a trabajar, como lo hacen, sobre la ignorancia política de importantes sectores de la población, sobre todo las clases medias, enfocándose exclusivamente en la idea de la democracia formal fetichizada por gran parte de la ciudadanía.

De ahí que debamos, por varias razones, trabajar mucho en la tarea de ayudar a que la ciudadanía tome consciencia de la diferencia entre ambos conceptos. En primer lugar, porque el concepto de “democracia”, y no la real, sino la formal, está naturalizado en la forma de un fetiche[11]. La democracia es prácticamente un objeto sagrado para el común denominador de la gente. En segundo lugar, y este punto es más relevante, porque, aprovechando esta naturalización en la población, el concepto es usado por la derecha neoliberal y el imperialismo para impugnar y destruir procesos políticos de sesgo nacional y popular. Evo debía ganar por diez puntos de diferencia y el hecho de no sobrepasarlos con holgura se convirtió en una fuerte impugnación en su contra. Evo hizo fraude, esa fue otra acusación no probada, pero fue suficiente con la sospecha. Evo no cumplió con el referedum que negó por un punto su posibilidad de reelección. Evo quería perpetuarse en el poder. Todas estas objeciones, críticas e impugnaciones, giran en torno de la democracia formal. La democracia real no apareció ni aparece nunca. La democracia real, que se define por el nivel de poder popular, por la igualdad social y por el nivel de soberanía política e independencia económica lograda, de esa democracia nadie habló, ni habla. La ignorancia política de gran parte de la ciudadanía, es un gran negocio para la derecha golpista.

Conclusiones

Los desafíos que tenemos por delante son enormes. Pero si no los enfrentamos lo que nos espera es aun peor que los que nos va a costar asumirlos.

El golpe de Estado en Bolivia creo que es un cachetazo que no esperábamos. Por lo menos yo no lo esperaba, sobre todo de la forma que aconteció. Estimo que si no nos preparamos bien en esta esperanzada etapa que comenzamos en diciembre, podemos tener serios problemas en el futuro. La responsabilidad es de todos, gobierno y pueblo. Aquí es importante asumir el supuesto de la necesidad de una conjunción dialéctica de poder popular y poder político[12]. Tenemos el ejemplo de Chile, cuyo pueblo, que explotó en rebeldía, no cuenta con el liderazgo necesario para canalizar políticamente esa expresión de fuerza y poder, ya que su clase política carece completamente de representatividad. Esa impresionante manifestación popular no puede permanecer en forma indefinida en el tiempo, ya que se corren serios riesgos:

  • Que, al extenderse en el tiempo, se vaya desgastando y extinguiendo progresivamente la movilización popular.
  • Que, mediante acciones manipulativas, la demanda sea apropiada por sectores que no la representan.
  • Que se instale permanentemente, como algo natural, un clima de violencia y caos.
  • Que la incertidumbre y la acefalía lleven a una pérdida de confianza en la capacidad del Estado para organizar la sociedad.

El gobierno de esta experiencia de sesgo nacional y popular que iniciamos el 10 de diciembre en la Argentina, siempre incidido y supervisado por un pueblo politizado y movilizado, debe asumir los siguientes desafíos:

  • Ante la fragmentación cipaya motorizada por Washington en la región, promover distintos tipos de instancias para apuntar a la unidad geopolítica de los países de América latina y el Caribe. Acción ya comenzada por el Presidente electo Alberto Fernández.
  • Asumir la necesidad, como un acto de soberanía, de luchar contra la penetración del imperialismo norteamericano en el país, a partir de contrarrestar, mediante distintas estrategias y acciones, el espionaje y el lobby realizado desde el Departamento de Estado de los Estados Unidos, a través de su Embajada en nuestro país. Esta tarea le corresponde a la AFI (Agencia Federal de Inteligencia), para lo cual es necesario redefinir este organismo. Es sabido que la Embajada de los Estados Unidos mantiene relaciones en forma continua con políticos y empresarios importantes de nuestro país. Si las relaciones son oficiales e institucionales, no habría problema, pero existen pruebas de injerencismo en los intereses de la nación[13]. Además, es histórico el papel de las embajadas norteamericanas de los países de nuestra región, en la orquestación de los golpes de estado.
  • Es necesario, también, que el gobierno se haga cargo de una reformulación profunda de la educación y formación de las fuerzas de seguridad y las fuerzas armadas, con un sentido patriótico y en defensa de una democracia igualitaria como expresión de un pueblo empoderado. Las últimas experiencias de Chile y Bolivia son esenciales para entender este llamado.
  • Promover la nacionalización de los sectores y empresas clave para el desarrollo nacional, que deben estar bajo la dirección del Estado, como la energía, las comunicaciones y el transporte.
  • Promover la tarea de desmonopolizar la matriz industrial, productiva y comercial, como acción esencial para un desarrollo autónomo como país.
  • Promover la desmopolización de los medios de comunicación. Sin el derecho a la información de la ciudadanía no hay democracia. La hegemonía mediática impuesta por los poderes fácticos es uno de los más grandes problemas que tenemos hoy en nuestra sociedad y en las de la región. La politización de la ciudadanía, por ejemplo, que es esencial en el proceso de empoderamiento del pueblo, requiere necesariamente de información crítica. De periodismo editorialista crítico y de periodismo de investigación crítico.
  • Por último, como una acción cultural para la liberación, es imprescindible, promover la elevación del nivel de educación política de la ciudadanía. Si bien en todas las estrategias y acciones planteadas hay una responsabilidad compartida entre el gobierno a cargo del Estado y el pueblo, en este caso la responsabilidad de la ciudadanía es mayor, principalmente, porque la educación política de la población comienza por una opción personal, esto es, de cada uno de nosotros, para luego proyectarse hacia lo colectivo. Sin educación política, no hay poder popular, y sin poder popular no hay democracia, tal como la etimología del concepto lo señala.

Pero aquí hay que tener en cuenta un problema que afecta a casi todos los países de nuestra región y, en especial, a la Argentina. Se trata de la tendencia a la derechización de la clase media, sobre todo la ascendente. En nuestro país hablamos de aproximadamente el treinta por ciento de la población y que, por ende, tiene el poder de consensuar tanto un golpe de Estado junto a los sectores reaccionarios, como de volcar una elección hacia la derecha. Aquí hay un tema educativo-cultural de gran importancia. No se trata de una oligarquía, por lo tanto de un grupo dominante, sino de un sector con un bajo nivel de educación política y, que, por lo tanto, no percibe con claridad a sus enemigos. Apoyan y defienden, sin tener consciencia de ello, a quienes son sus verdugos Si logramos que dicha parte de la ciudadanía comprenda esta situación, lograríamos una verdadera mayoría opositora a los golpes y reactiva a la manipulación en los actos eleccionarios. Esto requiere acciones educativo-culturales del gobierno bajo la incidencia de los sectores populares con consciencia política.

Debemos pensar en un gran proyecto de formación política de la ciudadanía, dando la batalla por la democratización de los medios y la elevación del nivel de alfabetización política de la población, en especial, de las clases medias. Esto última requiere de un replanteo teórico-ideológico del sistema educativo, ya que la escuela no forma auténtica ciudadanía. Por supuesto, que este proyecto tiene un alto contenido político transformador.

Lo que está ocurriendo con los medios en nuestra región y, en especial, en la Argentina, ya escaló más allá de toda indignación. Se trata de un grupo de envenenadores sociales, que inoculan, día por día y hora por hora, su destructiva ponzoña a sus audiencias. Debemos renunciar a llamarlos periodistas, porque no lo son, son auténticos mercenarios del poder.

En la batalla educativo-cultural que debemos librar, la formación e información son los dos pilares sobre los que tenemos que trabajar intensamente. Medios de información y sistema educativo[14]. La tarea es eminentemente política, con participación decisiva del gobierno a cargo del Estado y de un pueblo responsable y movilizado que incida sobre él y lo apoye.

No se trata sólo de la formación de la militancia, que se realiza desde una posición partidista o frentista, sino de la formación de la ciudadanía. Y no pensamos en una formación partidaria, ni doctrinaria, sino de una formación política patriótica, donde se comprenda en forma crítica cómo son los fenómenos políticos, que no pueden entenderse si no es como una lucha de poderes, cuya matriz, desde una perspectiva regional geopolítica, es la contradicción imperialismo-patria y, desde una perspectiva nacional, oligarquía-pueblo. Esta es la politización trascedente, la formación para crear una auténtica mayoría que defienda realmente los intereses de la Patria.

¿Cómo vamos a lograr este tipo de formación política para conseguir esa mayoría? No sabemos las formas concretas que adquirirán los proyectos y las acciones, pero sí que es imprescindible que lo hagamos. De no encararlo estamos condenados a ser los siguientes en la lista de Washington.

  1. La clausura del espacio aéreo por los gobiernos de Perú, Ecuador y Colombia al paso del avión que trasladaba a Evo a México, que tuvo que volar sobre el mar, es un ejemplo claro de cómo estos países se subordinaron de forma cipaya a los designios de Washington. Es todo un símbolo de la fragmentación y sumisión frente al Imperialismo norteamericano.
  2. Para los que todavía, debido al apagón informativo respecto de esta problemática, no lo tienen claro, la recomendación es que recurran a Google y ahí van a encontrar una profusa documentación del inocultable injerencismo de Washington en la región.
  3. Colombia es el paradigma de este tipo de gobiernos.
  4. Tenemos aquí el llamado eje del mal por Washington: La heroica Cuba de Fidel y el Che Guevara, la Nicaragua de Ortega, heredera de Sandino y la Venezuela de Chavez, defendida con gran lealtad y patriotismo por Nicolás Maduro. Está también nuestra Argentina, retomada en estado de desastre ahora por Alberto Fernández y Cristina Fernández. El Chile aplastado por Pinochet, cuyo pueblo despertó de su letargo y se levantó en una rebeldía imparable, la Bolivia que inicia la lucha por el retorno de Evo después de una epopeya de autodeterminación. Así está nuestra región.
  5. Es sintomático que cuando accede al poder político un gobierno de sesgo neoliberal, una de sus primeras tareas es fragmentar la unidad regional, socavando a los organismos que la promueven, retirándose de ellos, etc.
  6. “El RAP del poder: la red que vincula a los políticos al servicio del establishment”. Artículo de Adolfo Struck – @AdolfoStruck. Ver artículo: “El RAP colonizador y sus raperos vendepatria”. José Luis Lens.
    https://www.autoformacionyempoderamiento.com/rap-colonizador-raperos-vendepatria/

  7. Fijémonos que este golpe de Estado en Bolivia estuvo cuidadosamente preparado. Fue orquestado por Washington con sectores reaccionarios locales, cuyo intereses no son democráticos y religiosos como quieren hacernos creer, con una burda intención manipuladora, Fernando Camacho y la presidente títere Jeanine Áñez, sino que son intereses bien materiales, bien concretos, intereses corporativos y bien contrarios a los de la Nación y el pueblo.
  8. La idea de que hubo fraude, también es insostenible. Evo ganó por más del diez por ciento. Incluso, organizaciones radicadas en Washington lo confirmaron.
  9. Si bien los procesos de manipulación de los electorados utilizando las redes sociales, las fake news, la Big Data gestionada por algoritmos y los trolls, no son golpes, al estar financiados por organismos vinculados al exterior, no dejan de ser acciones injerencistas. Es lo que sucedió en las elecciones de Mauricio Macrí en 2015 y Jair Bolsonaro en 2018. Donde las fake news, la Big Data gestionada por algoritmos y los trolls, tuvieron un papel destacado.
  10. “Vicepresidente de Bolivia responde a críticas de la izquierda”. Entrevista de Telesur a Álvaro García Linera. 17/11/2109.

  11. Fijémonos hasta qué punto está naturalizado el concepto de democracia formal, que incluso los analistas de sesgo progresista están confundidos. No hay uno que, en el análisis del golpe de Estado, no ponga como primer dato a destacar el supuesto error de Evo al desconocer el referéndum sobre su reelección. De sus logros y transformaciones no hablan. Y si lo hacen, es en segundo término. Pero siempre hablan de error de Evo, de su supuesto no cumplimiento con las normas de la democracia formal. ¿Cuál fue el error de Evo? Darle dignidad al campesinado indígena, nacionalizar los hidrocarburos para generar y distribuir socialmente esa renta, crecer económicamente cuando los gobiernos cipayos, como los de Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, etc. muestran cómo se extranjerizan y derrumban sus economías. ¿Ese fue el error de Evo?
  12. Ver: “La conjunción dialéctica de poder popular y poder político, en: Lens, José Luis (2018) Nosotros somos los que estábamos esperando. Buenos Aires: VI-DA TEC Editores. Página 163.
  13. Ver: O’Donell, Santiago (2015) ArgenLeaks. Buenos Aires: Editorial Sudamericana.
  14. Ver:” Sin educación política liberadora no ha y democracia”, pág 45, “Educación política liberadora: la gran ausente”, pág 51, “Formación e Información”, pág 81, en: Lens, José Luis (2018) Nosotros somos los que estábamos esperando. Buenos Aires. VI-DA TEC Editores.

José Luis Lens

Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación. Actualmente, Profesor Titular de la Cátedra de Educación Popular en la FCH-UNCPBA y Profesor Adjunto de Ciencias Políticas en la UBA-CBC.

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