Neoliberalismo

El índice de libertad económica de los talibanes neoliberales

El índice de libertad económica de los talibanes neoliberales: la libertad del zorro en el gallinero

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Estamos asistiendo a una invasión mediática de los talibanes de la libertad económica, que tiene por objetivo instalar en el sentido común general la idea de que la “libertad económica” –como ellos la conciben- es la clave del crecimiento, la eliminación de la pobreza y el aumento de la calidad de vida de la población. Para ello, en todos sus artículos, así como en todas sus presencias en los debates televisivos, comienzan instalando una afirmación:

“Los veinte países con los indicadores más altos de libertad económica son los que más crecen y menos pobres tienen. Lamentablemente, la Argentina ha dejado de estar en ese ranking y hoy ocupa el puesto ciento sesenta entre ciento sesenta y dos países”.

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Como vamos a comprobar en lo que sigue, el supuesto del que parten, esto es, que la libertad económica está vinculada directamente al crecimiento, la disminución de la pobreza y la mejora de la calidad de vida de la población, es completamente cuestionable, por no decir falso. No obstante, en los debates nadie les cuestiona este supuesto. El problema es que si compramos este supuesto, que es totalmente cuestionable, entonces, después debemos tragarnos todas sus derivaciones y conclusiones. Uno puede ver que los polemistas críticos o que discrepan con el neoliberalismo parecen intuir que algo va mal, pero carecen de argumentos para rebatirlo y los debates quedan inconclusos y con la fea sensación de que los libertarios de la economía han triunfado en la discusión.

¿Por qué decimos que el supuesto es totalmente cuestionable y, por lo tanto, falso desde el punto de vista filosófico y científico? Porque es un dogma y, por lo tanto, carece de fundamentos científicos. Para mostrarlo vamos a apelar a una combinación de argumentos ideológicos, filosóficos, políticos y científicos.

En primer lugar, debemos saber quiénes elaboraron y promueven el indicador de “libertad económica”. Se trata de una serie de doce indicadores creados por la Fundación Heritage y The Wall Street Journal. Su finalidad, declarada, es medir el grado de aplicación del concepto, que es ideológico y proviene del Liberalismo económico, de “libertad económica”. El índice fue creado en 1995 bajo la inspiración de La riqueza de las naciones, obra de Adam Smith y el pensamiento de Friedrich Hayek y Milton Friedman.

Los antecedentes de la Fundación Heritage son preocupantes desde el punto de vista ideológico y, por lo tanto, no generan confianza respecto de sus intenciones. Sabemos que la Fundación impulsó la  Doctrina Reagan en Afganistán, Angola, Camboya, Nicaragua y otras naciones del mundo. Asimismo, proveyó asesoría intelectual y de estrategia política, y apoyo militar y financiero, a través del gobierno de Estados Unidos​, a los principales movimientos anticomunistas de la década de los ochenta, como el grupo terrorista Contras en Nicaragua y Jonas Savimbi del movimiento UNITA en Angola, para promover golpes de Estado en países con gobiernos comunistas, socialistas y populares. ​

Algunos analistas sostienen que el compromiso, simbiosis y alianza entre Heritage y las políticas de Washington en los ochenta fue total. Su fundador, Joseph Coors declaró en el congreso estadounidense haber comprado con 65.000 dólares de su bolsillo un pequeño avión de carga para los Contras mientras oficiaba como asesor gubernamental de Reagan​. También Otto Reich, quien fuera “Senior Research Fellow” de la Heritage mientras se desempeñaba como Subsecretario de Asuntos Hemisféricos del gobierno de George W. Bush, fue uno de los funcionarios estadounidenses con mayor implicación en la organización y despliegue de las fuerzas contrainsurgentes en América Central en los años ochenta, así como también estuvo presente en la gestión del derrocamiento del presidente hondureño Manuel Zelaya en 2009. ​También está comprobado que varios personajes de la fundación han tenido fuertes vínculos con la CIA, entre ellos Bruce Klingner, ex director adjunto de la División de la CIA para Corea e investigador principal para el noreste de Asia en el Centro de Estudios Asiáticos de la Fundación Heritage.

Con estos antecedentes la sospecha de un fuerte componente ideológico en este producto de la fundación, que es claramente un think thanks del neoliberalismo, están fundadas. Las dudas sobre los fundamentos científicos de este indicador de libertad económica, desde aquí, entonces, están justificadas.

Ya podemos explicitar una primera objeción crítico-filosófica al supuesto principal, que reza así: “La libertad económica está vinculada directamente al crecimiento, la disminución de la pobreza y la mejora de la calidad de vida de la población”. Y la libertad económica para esta usina neoliberal (la Fundación Heritage) se sustenta en tres patas: 1) La reducción de impuestos (sobre todo a los ricos), 2) La reducción del gasto público y 3) La eliminación del déficit fiscal. Está claro que la “libertad” de la Fundación Heritage, es la libertad del zorro en el gallinero. Una definición de “libertad” muy peligrosa, sobre todo para los sectores populares. Nuestra reflexión filosófico-política en este punto parte de una evidencia incontrastable, que he desarrollado en mi último libro[1]:

“Mediante la duda metódica llegamos a una evidencia fundacional:

La división dominadores-dominados”

¿Por qué la denominamos fundacional?

Porque de ella, como van a ver, se derivan una serie de inferencias que son clave para comprender en forma crítica el fenómeno político. Podemos dudar de todas las filosofías, teorías e ideas políticas existentes, pero hay algo de lo que no podemos dudar, de la existencia de dominadores y dominados, que es la causa de la creciente desigualdad existente en nuestro país, la región y el mundo. De esta certeza se desprenden, desde una lógica de análisis político, una serie de consecuencias, conceptos, fundamentos y principios, no menos ciertos. Por ejemplo el siguiente: La constatación histórico-experiencial de que, debido a su ADN, los sectores dominantes no abandonan nunca sus ansias de dominio y, desde lo político, necesitan legitimarse continuamente respecto de las poblaciones, para lo cual deben manipularlas a los efectos de obtener su adhesión y consenso. Esto es lo que nos muestra la historia y la experiencia, que los sectores dominantes, para lograr aplicar eficazmente su dominio a todo el pueblo, necesitan presentar sus valores e intereses como los de todo el conjunto de la población”.

En lo que sigue, además de comprobar que el indicador de “libertad económica” es un instrumento ideológico de legitimación política del neoliberalismo de los dogmáticos talibanes libertarios, mostramos que la metodología con la cual se elaboró y utiliza el indicador es un fraude científico, porque las variables se acomodan subjetiva y arbitrariamente siempre en función de fundamentar la idea preexistente de que la libertad económica de los países es la llave del crecimiento, la disminución de la pobreza y el aumento del nivel de vida de la población. Para esta tarea nos servimos de la reflexión de un bloguero español, Pedro Fresco, que se tomó el trabajo de investigar y poner a la luz las contradicciones y arbitrariedades que se ocultan en la utilización de las doce variables que conforman el indicador. Este es el revelador artículo del bloguero:

La Fundación Heritage y el fraude del índice de libertad económica[2]

Existe un famoso índice de libertad económica que publica anualmente The Wall Street Journal y que realiza la Heritage Foundation, un think tank neoliberal cuyo objetivo es la minimización de la intervención del estado en la economía. Este índice (u otros similares) se presentan habitualmente en debates económicos por parte personas que defienden ideologías que van  desde el neoliberalismo al anarco-capitalismo, con el objetivo de demostrar cómo las privatizaciones, las bajadas de impuestos y, en definitiva, la minimización del estado es buena para la economía.

La cuestión es que los países más ricos y con un alta calidad de vida suelen salir en los primeros puestos, por lo que los defensores de estas teorías concluyen que la minimización del estado es buena para la sociedad. Pero uno, que ya es zorro viejo en estas cosas, se da cuenta enseguida cuando algo falla y cuando hay una manipulación oculta en los datos, índices o estudios, y en este caso es evidente que lo hay ¿cómo es posible que estados con regulaciones e intervenciones estatales bajas o nulas salgan mal en el índice y otros, con fuertes regulaciones e impuestos, aparezcan de los más “económicamente libres”? Obviamente nos la están colando por algún sitio. Así que me puse a analizar el índice y he sacado interesantes conclusiones, que ahora comentaré.

Para empezar explico un poco cómo se hace el índice. El índice nos otorga un resultado numérico por país del 0 al 100, y que corresponde a la media aritmética de 10 campos con puntuaciones individuales, que son estos: Derechos de propiedad, inexistencia de corrupción, libertad fiscal, gasto del gobierno, libertad de negocios, libertad de contratación, libertad monetaria, libertad de comercio, libertad de inversión y libertad financiera. Todos estos campos también se puntúan del 0 al 100, y finalmente se hace la media aritmética, puntuando todos los campos igual. Es decir, no hay un área prevalente, no hay una ponderación por importancia, todas las áreas cuentan lo mismo.

Esto nos lleva a situaciones aparentemente absurdas. Fijaos, si un gobierno tiene altísimos impuestos y, consecuentemente, altísimo gasto público, eso le penalizará en las áreas de “gastos del gobierno” y “libertad fiscal”, que computan un 10% cada una. Sin embargo el 80% de la puntuación final está libre de eso, será independiente de los impuestos y del gasto público (realmente es más que independiente, el gasto público sube la puntuación, luego lo veremos). Por eso cuando en un debate sobre impuestos o gasto público que alguien te saca este ranking es bastante absurdo, porque una subida de toda la presión fiscal afecta muy poco. Un ejemplo, Dinamarca es el país con más presión fiscal de Europa (48%), sin embargo tiene 40 puntos en libertad fiscal y 1,8 en gasto del gobierno. Como veis, incluso con una presión fiscal elevada le otorgan la mitad de la puntuación máxima en su área aunque esto tiene truco, porque cuentan las tasas máximas del impuesto, no las medias (o sea, lo importante no es que se cobren muchos impuestos, sino que se cobren mucho a los ricos). Todos los países nórdicos y más avanzados tienen cifras cercanas a 0 en “gasto público” (excepto Noruega) mientras los africanos sacan muy buenos resultados (Etiopia y Sudán se salen).

Si solo contasen estos dos parámetros los países más pobres, depauperados y con estados más débiles debían ser los más “económicamente libres”, pero no, al final del estudio el resultado es el contrario, y lo es por el resto de conceptos. Veamos, por ejemplo, el concepto “derechos de propiedad”. Aparecen con muy buenas puntuaciones países que son paraísos fiscales (Barbados, Hong Kong, Suiza) pero gana… ¡Dinamarca! (95). De hecho países como Alemania, Noruega, Suecia, etc. Aparecen con puntuaciones de 90 puntos. ¿Por qué pasa esto? Pues porque están contando aquí cosas como la independencia de la justicia, la corrupción en la misma, la posibilidad de expropiación, etc. Mientras no cuentan en absoluto cuantos impuestos se cobran. Al final una puntuación alta no depende de cuánto capital puedas acumular (Guinea Ecuatorial puntúa un 15 o Arabia Saudí un 40), sino de cuestiones de limpieza institucional de la justicia y otras inherentes a los países ricos. Ya veis, la malvada “expropiación” del estado vía impuestos, al final, no afecta para nada a los “derechos de propiedad”. Curioso ¿verdad?

De hecho lo de la corrupción cuenta dos veces, porque hay un apartado de “inexistencia de corrupción”, donde también destacan países como Dinamarca y Finlandia. La baja corrupción de un país tiene muchas causas, pero tiene que ver fundamentalmente con cosas como la cultura del país, la riqueza, el buen funcionamiento del sistema democrático, los sueldos decentes del funcionariado, y poco o nada que ver con el tamaño del estado o la cantidad de cosas “públicas” que haya (por ejemplo, Francia tiene un 80 y Noruega, con el petróleo estatal, 90). Vamos, que si el estado es grande, paga buenos sueldos y funciona bien, lo normal es que la puntuación en este campo sea elevada… ¿Comenzáis a ver las trampas?

Los apartados de “libertad de negocios”, “monetaria” y “de contratación” también son curiosos. En libertad de negocios importa tanto los días y cantidad de papeleo que hay que hacer para abrir un negocio como los costes de los negocios y las licencias respecto al PIB del país. Claro, en países ricos obviamente este ratio baja (al ser el PIB alto), por lo que los países ricos que tienen administraciones públicas modernas y funcionales (que facilitan trámites, que tienen trámites online, etc) tienen muy buenas puntuaciones. En libertad de contratación se tiene en cuenta que no haya sueldos mínimos, que exista libertad para despedir, etc. Países como Bahréin, Brunei y hasta Mongolia salen bien, aunque los países flexisecuritarios del norte de Europa también sacan puntuaciones altas porque su modelo es de protección laboral estatal a través de altos impuestos y no de rigidez laboral. “Libertad monetaria” es, básicamente, que no haya inflación ni control de precios, por lo que todos los países de la zona euro salen bien, pero países como Marruecos, Perú o Senegal aparecen a nivel de los europeos.

Obviamente todas estas puntuaciones tienen una alta arbitrariedad, tanto por la fuente consultada como por la selección de los factores a analizar. Suecia, Dinamarca o Finlandia no tienen salarios mínimos y eso les mejora la puntuación, pero tienen poderosísimos convenios laborales y/o regulaciones locales que marcan salarios mínimos de facto bastante más altos que países con SMI, pero eso no se cuenta. En libertad monetaria se basa mucho en lo que llaman “Price control penalty”, inventada y restada a la inflación por criterios meramente subjetivos. En la “libertad de contratación” los datos son poco creíbles, porque hay países donde los trabajadores son tratados como ganado que sacan peores puntuaciones que países como Nueva Zelanda, con un SMI de los más altos del mundo.

En el último grupo, “libertad de comercio” depende de barreras comerciales y regulaciones. Todos los países europeos sacan buenas puntuaciones cuando existen muchísimas regulaciones sanitarias, de seguridad, cuotas, subsidios, etc. Mientras países que no tienen nada de esto sacan malas puntuaciones, lo que no tiene ningún sentido. Al final aquí está la arbitrariedad en las penalizaciones por “restricciones”, que se otorgan conforme les da la gana a los autores.

En “libertad de inversión” también hacen lo mismo, van restando puntos por “restricciones” pero hay un par de cosas interesantes. Están quitando puntos por falta de transparencia (en el fondo relacionada con la corrupción) y quitan hasta un 20% por problemas de seguridad física e inexistencia de infraestructuras, algo que obviamente perjudica la puntuación de los países pobres e inseguros y beneficia la de los desarrollados y con estados que funcionan.

En “libertad financiera” se cuenta la regulación bancaria, que el banco central sea “independiente”, la cantidad de competencia en este sector, etc. Aquí lo que hacen es otorgar una nota de 0 a 10 (o a 100) básicamente como les parece, en función de una ponderación subjetiva de las restricciones, controles, cantidad de competencia, etc. Ah! Aquí nadie tiene un 100 porque obviamente cualquier país con dos dedos de frente tendrá una mínima regulación aunque sea para evitar el fraude (como veis no tener regulación para evitar el fraude es positivo para sacar más nota). Botswana, El Salvador o Panamá sacan las mismas notas que España o Francia…

Este es más o menos el resumen del índice y las principales trampas que he podido detectar en un análisis por encima, podéis consultar más las definiciones y los cálculos en la página de la Heritage Foundation y ver las puntuaciones por países, que nos muestran de forma bastante clara que se está trileando con los números para que salga un índice con muchos de los países más desarrollados en las primeras posiciones.

Al final hay que ser un poco suspicaz con estas cosas, sobre todo cuando conocemos cómo funciona esta gente. El índice está hecho para que los países desarrollados salgan por encima de los países más pobres en la mayoría de casos. Hay una especie de “puntos extra” que los países obtienen por el mero hecho de ser desarrollados. Cuestiones como la inexistencia de corrupción, la transparencia, la existencia de infraestructuras, la seguridad ciudadana o un alto PIB, que son propias de los países más ricos y con democracias mejor estructuradas, crean bases de puntuación bastante altas. De hecho es la propia existencia de un estado fuerte y de un gasto público elevado es lo que permite indirectamente puntuar bien en algunas áreas. Y la mera existencia de un alto PIB genera automáticamente que se aumenten las puntuaciones en varios campos.

Luego, además, están las cuestiones de ponderación. Un país que tenga la presión fiscal más alta del mundo sacará 30 o 40 puntos en ese campo, mientras que a Zimbabue, por ejemplo, le puntúan un 10 en libertad bancaria y un 0 en libertad de inversión, debido a que mucha gente está fuera del sector bancario (normal, es un país pobre) y porque hay bastantes empresas estatales y por tanto sectores en los que no se puede invertir ¿Es esto equilibrado? Obviamente no, pero el índice está hecho así para que las realidades “anti-libertad económica” propias de los países pobres bajen mucho la puntuación mientras que las de los países ricos la bajen, pero menos.

No hacer ponderaciones por áreas también es una forma de manipular el resultado final. Subir la presión fiscal 20 puntos sería calificado por cualquier liberal económico como una medida comunista, pero si lo haces igual tu puntuación baja… ¿2-3 centésimas? En cambio, si dejas degradar la justicia o la seguridad ciudadana por no subir 1 ó 2 puntos la presión fiscal muy probablemente la puntuación caerá más bastante de esas 2-3 centésimas ¿veis cómo funciona?. No ponderar cada una de las áreas por importancia no es objetivizar el listado, es subjetivizarlo y manipularlo pues pones al mismo nivel áreas clave con otras de menor importancia.

Al final os preguntaréis, si van a salir más altos los estados con estados más funcionales, mejores democracias, más redistribución de renta, más nivel educativo, etc. ¿Qué sentido tiene este ranking? ¿No está puntuando a países que tienen medidas contrarias a los que los creadores del índice defienden? Son preguntas interesantes, y me parece que la respuesta es que la cuestión aquí no es tanto el orden en la lista cómo la evolución en la misma y las posiciones destacadas de los paraísos fiscales, me explico.

Si tú creas un índice de libertad económica y los primeros países son Botswana, Perú, Georgia y Jordania nadie te va a hacer ningún caso. Nadie prefiere vivir en Bostwana antes que en Dinamarca, Francia o Canadá, por tanto eso no puede salir. Es importante que el índice refleje un listado más o menos coherente con la riqueza y la calidad de vida. Ahora, una vez hecho y listado, cada vez que un país suba impuestos, nacionalice algo, ponga una nueva regulación o tenga inflación su puntuación bajará respecto al año anterior. Y como la lista es más o menos lógica con la riqueza de los países (grosso modo) se crea el equívoco mental de que la “libertad económica” (entendida como desregulación, privatización y minimización del estado) es buena y que regular o subir impuestos malo.

Al final la gente ve que del 3º al 6º tenemos a Nueva Zelanda, Australia, Suiza y Canadá y dice “vaya, este índice pone a los países desarrollados de los primeros”, sin embargo el 1º y el 2º son Hong Kong y Singapur (Recordad: Países muy pequeños, altos PIB, mucha seguridad) que son territorios off-shore o casi paraísos fiscales, que es lo que interesa aquí, vender esos modelos. Luego nadie se da cuenta que Bostwana o Georgia están por encima de España, Francia o Italia…

Si se hiciese un listado de “libertad económica” tal y como lo venden los “liberales económicos” (menos impuestos, menos estado, menos regulación) y se hiciese con resultados fuesen adecuadamente ponderados, seguramente países como Perú, Georgia y Bostwana saldrían de los primeros, junto a paraísos fiscales, territorios offshore, etc. Ese es el modelo, no Australia, Canadá o Dinamarca, que nadie se equivoque. Los países nórdicos salen bien sencillamente porque cosas como la seguridad, el estado funcional, el nivel educativo o la existencia de infraestructuras elevan las notas, cuando son cosas que nada tiene que ver con la “libertad económica” tal y como la entienden ellos sino seguramente lo contrario, es decir, son producto de fuertes estados del bienestar y de la distribución más equitativa de la renta.

Lo más peligroso de la manipulación no son las mentiras, las mentiras se acaban captando tarde o temprano, lo peligroso es la combinación interesada y maliciosa de medias verdades con medias mentiras. Esta gente actúa así, esconde trampas entre puntuaciones, introduce sibilinamente falacias lógicas, confunde causas con consecuencias, las razones de las cosas, genera modelos y fórmulas que otorguen el resultado que predeterminadamente buscan, etc.

Este índice no es más que otra herramienta para una causa, la causa de la privatización y desregulación de todo y así permitir al capital dominar el mundo sin restricción estatal o democrática alguna. Espero que este breve análisis superficial os ayude a entender que esto no es más que otra manipulación, como tantos estudios, propuestas y análisis de estos grupos, siempre interesados, nunca objetivos, jamás neutrales.

  1. Lens, José Luis (2018) Nosotros somos los que estábamos esperando. Buenos Aires: VI-DA TEC Editores. La evidencia de la división dominadores-dominados, como clave de la lectura crítica del fenómeno político, páginas 90-91.
  2. Fuente: Pedro Fresco: https://lavozliberal.wordpress.com/2015/09/26/la-fundacion-heritage-y-el-fraude-del-indice-de-libertad-economica/

José Luis Lens

Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación. Actualmente, Profesor Titular de la Cátedra de Educación Popular en la FCH-UNCPBA y Profesor Adjunto de Ciencias Políticas en la UBA-CBC.

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