Antagónicos y diferentes

Antagónicos y diferentes

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Cuando los hombres y mujeres comenzaron a producir más de lo que necesitaban para subsistir (excedente productivo), lo que implica un determinado nivel de desarrollo técnico-productivo, y no antes, es que comenzaron a darse las condiciones para su explotación, para la explotación del hombre por el hombre. Entonces, surgió una división que es esencial para entender el juego político: dominadores y dominados. La primera expresión histórica de esta división fue la de amos-esclavos, que dominó en todas las sociedades antiguas. Luego, en la edad media, señores-siervos, con el surgimiento del capitalismo hablamos de propietarios-proletarios y hoy, sin entrar en una disquisición categorial, en oligarquía-campo popular. Pero desde que apareció esta división, la brecha, la verdadera brecha[1], nunca se ha cerrado.

Es importante tener clara esta división, porque es a partir de ella, que se nos impone como una certeza indiscutible, que nos definimos política e ideológicamente. Esta división nos obliga a una opción ético-política. Decimos nos obliga, porque es imposible eludirla. Podemos ignorarla, no ser conscientes de que existe, lavarnos las manos frente al problema, decir que somos a-políticos, que la política no nos importa, que somos neutrales, etc. Pero en todos estos casos habremos realizado la opción por los dominadores. Aunque no lo sepamos, o no nos importe saberlo, nos habremos posicionado política e ideológicamente, habremos hecho la opción por los dominadores. Esto quiere decir, lisa y llanamente, que la apoliticidad es imposible.

Cuando somos conscientes de que la división es un hecho indiscutible, ahí estamos asumiendo la opción y, entonces, la realizamos. Y esta opción es previa a cualquier tipo de definición partidaria. La opción es filosófico-existencial, antes que partidaria o doctrinaria. Somos conservadores o progresistas, de derecha o de izquierda, antes de definirnos por alguna teoría, doctrina o partido político. Por eso, ese dicho promovido por las oligarquías, de que la división derecha-izquierda ya no tiene sentido, es una gran mentira. Es cierto que está muy desgastada en la política partidaria, pero porque son muchos los políticos que perdieron y/o renunciaron a la brújula ideológica.

Por cierto que la opción se nos impone a los que estamos en el campo popular, porque quienes integran las oligarquías no se la plantean, ni tiene sentido para ellos, ya que dicha acción no se inscribe en su ADN. Son de derecha y conservadores por naturaleza.

Como vimos, la división es histórica, porque según las épocas y los contextos adquiere distintas formas. Además, también desde una visión política la división puede asumir diferentes formas y expresiones. En este sentido es muy interesante, valiosa e instructiva la que realiza Paulo Freire, quien nos habla de antagónicos y diferentes. ¿Quiénes son unos y otros?

Los antagónicos son los que, según Paulo Freire, prohíben ser a los demás. Podríamos armar una larga lista de personajes que prohíben ser a los demás. A nivel global, comenzaríamos con Donald Trump, y en nuestro país el primero de la lista sería Mauricio Macri, seguido por todo su equipo: Peña. Quintana, Lopettegui, Aranguren, Patricia Bullrich, Durán Barba y toda una larga lista de políticos y funcionarios, entre los que se destaca Lilita Carrió, como líder de la tropa. Toda esta caterva de personajes tienen por misión mentir y mentir para ocultar el desastre social que está realizando el gobierno que defienden y promueven. También están los capitanes de la industria, como por ejemplo, Cristiano Rattazzi, los banqueros, los capitostes de la Sociedad Rural, con Luis Miguel Etchevehere a la cabeza, los terratenientes locales y foráneos, como Luciano Benetton, que posee cerca de un millón de hectáreas, de tierras pertenecientes a los mapuches, sus dueños originarios. El accionar de estos personajes, en el marco de los conglomerados económico-financieros, tiene por objetivo enriquecer más a los ricos y empobrecer más a los pobres. Su ideal no está sólo en la conservación de un mundo injusto y desigual, sino en promoverlo continuamente. Por eso, son los que prohíben ser a los demás, a los diferentes.

Por su parte, los diferentes somos los que conformamos el amplio campo popular: obreros, empleados, cuentapropistas, gremialistas, cooperativistas, militantes de los movimientos sociales, jubilados con remuneraciones que no les alcanzan para vivir, pequeños y medianos empresarios, profesionales, docentes, etc. En fin, todos los que vivimos de nuestro trabajo. Los que no explotamos ni manipulamos a nadie. Los diferentes somos oprimidos, explotados y/o manipulados de distinta forma y en distintos niveles por los sectores dominantes. Por ejemplo, los medios de comunicación hegemónicos, que hoy forman parte de la oligarquía, al negarnos el derecho a la comunicación, nos manipulan a todos.

No cabe duda de que la oligarquía en el poder, en este caso el gobierno de la derecha conservadora neoliberal de Cambiemos, perjudica, aunque de diferentes formas, a los que componemos el amplio campo popular. La historia y la actualidad nos brindan elementos contundentes para sostener que son enemigos del campo popular. Está claro que aquí hay un enemigo común bien definido.

¿Por qué diferentes? Porque, gracias a Dios, pensamos distinto. Tenemos diferentes ideas respecto de la vida, la religión, los partidos políticos. Somos radicales, peronistas, socialistas, anarquistas, comunistas, trotskistas, kirchneristas, feministas, apartidarios, incluso macristas, etc. Adherimos a diferentes teorías sobre los distintos temas. Somos más o menos dogmáticos respecto de determinadas doctrinas y ortodoxias. En fin, somos gente de todo tipo de pelajes, pero tenemos una nota común, pertenecemos al amplio campo popular, y en ese sentido nos caracterizamos por tener un enemigo común, que no nos deja realizarnos, que nos oprime y manipula. Incluso nos somete haciéndonos creer que los diferentes estamos en veredas opuestas (ver nota 1).

Una sana estrategia política, entonces, sería “unirnos” en contra del enemigo común. La lógica es clara y contundente: la unión nos convertiría en un polo de poder incontrastable, sobre todo en un sistema político en el que se llega al gobierno a través del voto. En este sentido los diferentes tenemos un llamado a la unidad.

Pero, claro, las cosas no son tan simples en la política y no podemos ser ingenuos. La derecha conservadora neoliberal es muy hábil y dispone de mucho poder para fragmentar el campo popular en sus diferentes expresiones. Tiene capacidad para poner efectivamente en acto el principio de dividir para reinar. Además, no son muchos los políticos y líderes que se mueven a partir de la causa popular, por lo tanto la oferta partidaria se va a poblar, como ya ocurrió y está ocurriendo, de colaboracionistas encubiertos[2]. Los medios hegemónicos, además, con el Grupo Clarín a la cabeza, trabajaron duro sobre la opinión pública, y lo siguen haciendo, mediante operaciones mediático-judiciales. Su principal objetivo es erosionar, de todas las formas imaginables frente a la población, al gobierno Kirchnerista anterior, inventando una crisis que nunca existió. Crearon, así, un relato basado en la idea de la pesada herencia dejada por el gobierno anterior, para impactar en un imaginario popular, sobre todo el de las clases medias, extremadamente moldeable.

El primer dato que tenemos que tener en cuenta es la constatación de que Cambiemos es un gobierno de la derecha conservadora neoliberal, cuyas características principales son:

  • Se encuadra en el marco histórico de los gobiernos de la derecha conservadora neoliberal. La misma receta de siempre: más mercado y menos Estado para los sectores populares. Esto no es nada nuevo. Salvando las diferencias que señalan las épocas, esto ya lo hemos vivido.
  • Es parte de los poderes fácticos, por lo tanto dispone de todo el apoyo del mega empresariado, los grupos concentrados de la economía, el conglomerado financiero y los medios hegemónicos. A partir del contubernio Cambiemos-Grupo Clarín, consiguió un blindaje mediático nunca antes visto, que hizo y está haciendo estragos en una población que, en general, tiene un bajo nivel de conciencia política.
  • Está compuesto por mega empresarios que vienen a administrar el Estado, sin plan de gobierno y con un plan de negocios.
  • Es intrínsecamente autoritario, aunque haya llegado al poder político mediante elecciones libres.
  • Cuenta con el poder para dividir y neutralizar a una CGT tradicionalmente burocrática. Y hasta el momento lo ha conseguido, porque, a pesar de los resultados desastrosos de su gobierno para los sectores populares y medios, la CGT le ha otorgado y sigue otorgando una tregua que le dio y da un oxígeno que no merecía ni merece.
  • A pesar de poseer una minoría parlamentaria, consiguió convertir a una parte importante de los legisladores en un opoficialismo, con lo cual logró las leyes que necesitaba para gobernar a partir de un plan extremadamente conservador y depredatorio del campo popular.
  • También, mediante un manejo discrecional de la co-participación federal, logró fragmentar al grupo de gobernadores peronistas.

Ahora bien, si tenemos claro lo anterior y si, además, incorporamos realmente la idea de que las diferencias en el amplio campo popular se deben saldar en aras de su “unidad”, nos daremos cuenta que la clave está en decidir en qué vereda queremos y vamos a estar. Y sólo hay dos veredas, la de la oligarquía y la del campo popular. Entonces, no debería haber quiebres entre los que estamos en la vereda popular. No importa que seamos, radicales, peronistas, kirchneristas, socialistas, comunistas., trotskistas, incluso macristas, porque esas son contradicciones completamente secundarias. Teniendo clara la contradicción principal, oligarquía-campo popular, conformaríamos un polo de poder unitario, con plena capacidad para derrotar en las urnas a la derecha conservadora neoliberal de Cambiemos.

En síntesis, la clave está en:

Saber diferenciar a los “antagónicos” de los diferentes,

Entender que las diferencias que nos separan a los que estamos en la vereda de los dominados, no son fundamentales, sino completamente secundarias y superables en la búsqueda de la “unidad”.

Comprender que separados seremos presa fácil de la depredación macrista y unidos nos convertiremos en un bloque de poder inmenso e invencible.

  1. Decimos la “verdadera brecha”, porque últimamente se han inventado brechas destinadas a manipular a la población. Por ejemplo, la que inventó Jorge Lanata entre kirchneristas y anti kirchneristas. Obviamente esta brecha está dentro del plan de dividir para reinar de Cambiemos. La idea es fragmentar el campo popular, donde no tiene ningún sentido hablar de este tipo de oposiciones, ya que todos los que conformamos dicho campo, pensemos como pensemos, estemos en el partido que estemos o militemos donde militemos, tenemos un enemigo común: la oligarquía neoliberal.
  2. Lo hemos vivido. Con un parlamento minoritario, el gobierno de Macri logró sacar las leyes que necesitaba para poner a funcionar su plan de gobierno (en realidad su plan de negocios). Y pudo hacerlo porque tuvo la colaboración del opoficialismo, como lo definió acertadamente Carlos Heller. Los “colaboracionistas” de este gobierno son muchos y variados. De partidos y alianzas pseudoperonistas, como la de Sergio Massa, diputados y senadores traidores del Frente para la Victoria, gobernadores e intendentes del peronismo, ex funcionarios de Cristina, los burócratas de la CGT. Todos justificándose en la idea de que es necesario darle “gobernabilidad” a la administración de Cambiemos. Pero, ya sabemos que darle gobernabilidad a un gobierno enemigo del pueblo, es traicionar al pueblo.

José Luis Lens

Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación. Actualmente, Profesor Titular de la Cátedra de Educación Popular en la FCH-UNCPBA y Profesor Adjunto de Ciencias Políticas en la UBA-CBC.

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