Filosofía

Una reflexión filosófica para educadores y educadoras

Una reflexión filosófica para educadores y educadoras

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Tenemos que saber que es imposible realizar la transformación de nosotros mismos como educadores y educadoras a partir de cursos de capacitación, por más buenos que éstos sean. Es evidente que los procesos de formación de la docencia tradicionales no servirán para este cometido. Existen varias razones que explican por qué la formación tradicional basada en cursos de capacitación es inadecuada para transformarnos:

– Las propuestas desde las administraciones de la educación están sustentadas en criterios de acreditación de puntos, más que en una verdadera formación de los educadores y educadoras. Por eso, los docentes toman estos cursos incentivados más por los puntos que acreditan, que por la formación que le van a proporcionar.

– En no pocos casos se firman convenios entre las administraciones educativas oficiales e institutos de formación privados, con objetivos casi exclusivamente comerciales, lo cual se traduce en cursos de mala calidad y que tienen muy poco que ver con los reales problemas de la educación y la docencia.

– La metodología de formación basada en cursos de capacitación no se centra en la transformación de la docencia, sino en el aporte de técnicas y didácticas instrumentales encuadradas en el marco de la educación tradicional del sistema.

– Las innovaciones metodológicas, técnicas y/o didácticas no nos transforman como educadores y educadoras, porque son instrumentos funcionales y útiles sólo en el marco de la lógica escolar que, como vimos, es despolitizada.

– Las técnicas, metodologías, didácticas y nuevas tecnologías, no son fines en sí mismos, capaces por sí solos de transformarnos desde sus propios fundamentos, ya que somos los educadores y educadoras los que deberemos darles funcionalidad y sentido. Y si no estamos preparados para ello, no nos cambiarán.

– Mediante cursos de formación no se producirán cambios sustanciales en nosotros, salvo que los mismos nos induzcan y enseñen a reflexionar sobre nuestras propias prácticas desde posiciones progresistas.

Por lo tanto, sólo la reflexión continua sobre nuestras propias prácticas, y desde una clara toma de posición política y crítica, podrá colocarnos en un camino de formación continua, que nos permita realmente transformarnos en verdaderos educadores y educadoras dialógicos.

Hay un aprendizaje que para nosotros los docentes es esencial, se trata de aprender a tomar posición epistemológica, a tomar distancia de nosotros mismos, a objetivarnos, a objetivar nuestras prácticas pedagógicas. Esta es la única forma de mejorar en forma permanente, de rectificar el camino, de dar lugar a la coherencia, es decir, de unir dialécticamente lo que decimos con lo que realmente hacemos. Esta es la tarea de pensar y repensar la práctica.

Como decía Mafalda: “lo urgente no nos deja tiempo para lo importante”. La vorágine del día a día que nos impone el modelo nos va absorbiendo cada vez más hasta anularnos los deseos y la capacidad de tomar la distancia reflexiva necesaria para entender lo que hacemos, lo que estamos realizando. El sistema tiene una voracidad increíble. Es capaz de tragarnos sin que nos demos cuenta. De ahí la necesidad de mantenernos en una alerta crítica continua.

Pero la reflexión continua sobre nuestras propias prácticas deberá ser coherente, esto es, nuestra autocrítica deberá traducirse en cambios reales en nuestros desempeños, de lo contrario la reflexión perderá todo sentido.

La continua lectura crítica de nuestras propias prácticas se alimentará de la lectura crítica de la palabra. Una lectura crítica de la realidad que precede a la lectura de la palabra, pero que se realimenta permanentemente de esta última, provocando así un círculo virtuoso de crecimiento en el pensamiento y la acción transformadoras.

La reflexión sobre la práctica nos exige realizar una tarea que cada día se ejercita menos en este mundo que vivimos: tomar distancia de nuestras experiencias y prácticas para pensarlas, única forma de ponernos en posición de autocrítica. Este posicionamiento epistemológico se encuadra en la dialéctica contexto concreto-contexto teórico. La idea es aprender a pensar nuestro contexto concreto. La vorágine diaria que nos tiene atrapados nos impide realizar esta tarea fundamental, la única que puede permitirnos “desnaturalizar” los fenómenos y hechos de nuestra realidad.

¿Qué es tomar posición epistemológica? Es la actitud necesaria para reflexionar sobre nuestras experiencias y prácticas para buscar la razón de ser de los hechos que nos suceden. Saber por qué pasa lo que pasa. Es salir del contexto concreto, práctico y sumergirnos en el contexto teórico, de la toma de distancia y de la reflexión. En el contexto concreto, en la vida de todos los días realizamos acciones que están prácticamente automatizadas, esto es, las hacemos casi sin pensar, las hacemos por hábito. Y el hábito nos arrastra, de tal manera, que no nos damos cuenta del verdadero significado de lo que hacemos. Lo hacemos y punto. Hasta que en un momento paramos el proceso y nos decidimos a pensarlo, a reflexionar sobre él, para lo cual es necesario que tomemos distancia. A esta distancia la denominamos “epistemológica”, porque damos vuelta el proceso. Pasamos del hacer sin pensar, al pensar el hacer. Eso es lo que hacemos, “pensar nuestro hacer”. Y es ahí donde descubrimos cosas que nos estaban pasando inadvertidas. Ahí tomamos posición filosófica, porque surge la admiración, la sorpresa, el darnos cuenta. Nos sorprendemos de muchas cosas que hemos “naturalizado”, por ejemplo encontramos “natural” enseñar y aprender:

  • A puertas cerradas, en una institución que establece muy pocos vínculos con la comunidad a la que debe darle respuestas sociales y educativas;
  • Entre las cuatro paredes de un aula, donde ya sabemos que hay muchas cosas que no podremos enseñar los educadores y educadoras y aprender los educandos;
  • Mediante contenidos totalmente inadecuados para despertar la criticidad de los alumnos y
  • Formas de enseñar que estimulan la repetición y el memorismo, más que el interés por aprender y una auténtica comprensión e incorporación de los datos e informaciones por parte de los educandos.

He aquí la importancia de tomar posición epistemológica. Sin ella, no tendremos ninguna posibilidad de abordar la fundamental tarea de resignificar y transformar nuestras prácticas. Sin reflexión sobre las prácticas no hay autocrítica. Y sin autocrítica no existe ninguna posibilidad de resignificarlas y transformarlas.

 

José Luis Lens

Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación. Actualmente, Profesor Titular de la Cátedra de Educación Popular en la FCH-UNCPBA y Profesor Adjunto de Ciencias Políticas en la UBA-CBC.

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