Neoliberalismo

Contra el relato fatalista de un Macri ganador en 2019

Contra el relato fatalista de un Macri ganador en 2019

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Entre las estrategias discursivas legitimadoras del neoliberalismo, hay una que debe ser destacada: la de “desparramar fatalismo”. El discurso neoliberal está plagado de enunciados destinados a promover un pensamiento fatalista y resignado en las poblaciones. “El ajuste es inevitable”, “hay que sincerar la economía”, “la gente vivía en una fiesta”, “un empleado no puede creer que está en condiciones de comprase un plasma, cambiar el celular o viajar al exterior”, etc., etc.

Paulo Freire tenía muy claro este discurso de los dominadores: “La afirmación de las que las cosas son así porque no pueden ser de otra forma es odiosamente fatalista pues decreta que la felicidad pertenece solamente a los que tienen poder. Los pobres, los desheredados, los excluidos estarían destinados a morir de frío, no importa si en el Norte o en el Sur del mundo”[1].

El relato fatalista de hoy, que intentan inocular en la gente y, en algunos casos, lo están logrando, es que Mauricio Macri se va a presentar en 2019 sin ninguna oposición seria que pueda causarle algún traspié. La población, bastante gente por desgracia, entonces, comienza a internalizar el veneno fatalista y repite inconsciente e irresponsablemente lo que quieren que repita: “Macri se presenta en 2019 y gana otra vez, no ves que la oposición está toda dividida”. Ahora bien, la gente que cree esto, incluidos los que lo detestan y no lo van a votar, están dando cumplimiento a la profecía, esto, es, están ejecutando la profecía autocumplida. Si creemos y asumimos que un gobierno tan nefasto como el de Cambiemos, puede seguir gobernando a la Argentina, entonces, eso va a suceder, Cambiemos va a seguir gobernando otro período. Están certificando el siniestro relato creado por el nefasto Jaime Durán Barba, convencer a la gente de que un gobierno desastroso en lo social, que endeudó al país de una forma inédita sin ningún beneficio visible, en una situación de catástrofe económica, completamente entreguista en su política exterior y conformado por una mafia de CEOS dedicados a hacer negocios con el Estado, comenzando por su Jefe, puede tener chances de renovar el mandato. Es evidente que quienes creen y manifiestan que Macri tiene el camino allanado para 2019, han sufrido un proceso de severa desmoralización. También está claro que una de las estrategias más notorias de la derecha neoliberal es erosionar moralmente a la población. Es infectarla de escepticismo y fatalismo. De esa forma, la propia población genera y certifica las condiciones que la derecha quiere imponer.

Este fatalismo también está instalado en la oposición. Un movimiento como el peronista, con una tradición política nacional y popular indiscutida y una innegable vocación histórica de poder político, no puede caer en la trampa de aceptar una mera candidatura testimonial en 2019. Su autoestima no puede estar tan baja como para autocumplir los deseos de un gobierno que representa al núcleo de la oligarquía antipatria y que, además, manifiesta una notable torpeza política para conducir a la Nación. Porque no es ningún despropósito decir que hoy la Argentina no tiene conducción política y está al garete como país.

Vuelvo a repetir lo que vengo diciendo todo el tiempo, la única grieta, que es histórica, es la que existe entre los proyectos políticos nacionales y populares y los oligárquicos, hoy con el sello de la derecha neoliberal. Entonces, ya es hora de que se depure la oposición, tanto en el campo político, como en el sindical. Los colaboracionistas del gobierno y los traidores –y no es nada fácil mostrar diferencias entre ambos- deben quedar de un lado, y los que estamos con el proyecto nacional y popular, del otro. Es inaceptable e intolerable que se digan peronistas personajes como el gobernador Urtubey, los legisladores Pichetto y Bossio, el sindicalista Daer y el político Massa, por señalar algunos ejemplos. No son peronistas. Porque el peronismo tiene tres banderas muy claras: 1) Soberanía política, 2) Independencia económica y 3) Justicia social. Y estos personajes, dándole gobernabilidad a Cambiemos, no son fieles a ninguna de las tres. Por lo tanto, no debemos aceptar que se digan peronistas. En este sentido, la quiebra de la CGT es un buen comienzo de depuración. Basta de toda esa lacra de burócratas patronales y macristas que desprestigian al sindicalismo y traicionan a sus representados. Que quede bien claro quiénes son y dónde están. Es hora de que los opoficialistas pierdan identidad y comiencen a ocupar en el lugar que les corresponde: el de traidores a la causa nacional y popular. La oposición debe conformarse con quienes están en la vereda correcta en esta dramática hora de nuestra patria. Y debe definirse cuanto antes, buscando la unidad por sobre las diferencias, sin mezquindades y en torno de los liderazgos fuertes, como el Cristina Fernández. Porque no hay duda de que quienes dicen, en las filas del peronismo, que Cristina es el pasado han sido comprados por el relato macrista.

  1. Freire, Paulo (1997) A la sombra de este árbol. Barcelona; El Roure. Página 26.

José Luis Lens

Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación. Actualmente, Profesor Titular de la Cátedra de Educación Popular en la FCH-UNCPBA y Profesor Adjunto de Ciencias Políticas en la UBA-CBC.

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