La globalización corporativa y su democracia de fachada

La globalización corporativa y su democracia de fachada

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La aniquilación del sueño setentista y el vaciamiento de la democracia

Cuando ocurrió la Revolución cubana yo tenía sólo catorce años y en verdad mucho no me acuerdo del acontecimiento. Comencé a despertar a la realidad a fines de la década de los sesenta, pero siempre acuciado por los sinsabores económicos, que no nos daban tregua. A comienzos de la década de los setenta me encontraba de vuelta en España con mi familia, intentando recomponer nuestras vidas después de que nos desalojaran por la liberación de los alquileres en la dictadura del General Onganía. De una dictadura a otra dictadura, la de Francisco Franco. Cuando mis padres me trajeron a Argentina yo tenía sólo tres años y quedé como desertor en el sistema militar español. Mi estadía en España se hizo insoportable porque, aunque trabajaba, los cabrones me reclamaban que hiciera el servicio militar. Esto me empujó fuera de España y me convertí en inmigrante español en Francia y Suiza. Allí tomé conciencia de lo que significa ser un inmigrante sin papeles de residencia. Viví la discriminación en carne propia. Mi sensibilidad frente a las injusticias se nutrió de mis propias experiencias[1].

El impacto de la Revolución cubana y la oposición de la juventud y los sectores progresistas al escándalo de la guerra de Vietnam, alimentaron la sed de justicia, el sueño por un mundo mejor y los deseos de cambio y transformación social de aquellas soñadoras décadas de los sesenta y setenta en el mundo. Este espíritu puede resumirse en una frase rescatada de las paredes repletas de grafittis del Mayo francés:

“La imaginación al poder”.

Una espiral de revueltas estudiantiles y protestas obreras en el Tercer Mundo soplaban las velas del cambio. En América latina, la educación popular y la teología de la liberación expresaban la fuerza de la subjetividad revolucionaria de aquellas épocas. Pero ¿por qué desaparecieron y se evaporaron aquellos ímpetus, aquellos sueños, aquel delirio por transformar el mundo, aquella ilusión avasalladora?

Los medios de comunicación masivos eclosionaban con una incipiente fuerza manipuladora en las sociedades y el mundo y todavía los sectores del poder no imaginaban el tremendo instrumento que tenían en las manos. Aun no percibían bien su potencialidad manipuladora, ni cómo manejarlos ideológicamente con la máxima efectividad. Por otro lado, la revolución informática de las nuevas tecnologías estaba todavía en ciernes. Las potencias triunfantes en la Segunda Guerra Mundial todavía no habían podido afirmar completamente su dominación en el mundo y, además, estaban en una pugna militar-cultural-ideológica, la Guerra fría, que las mantenía ocupadas y en una tensión permanente. Los países europeos contendiente en la Gran Guerra recién comenzaban a acomodarse e intentaban buscar los caminos de la unidad que les devolviera el poder perdido.

Todos estos elementos se conjugaban para crear una coyuntura favorable a una contestación al sistema dominante. Y estallaron las revueltas estudiantiles en Europa y, especialmente de los movimientos sociales y las guerrillas en América latina. La subjetividad revolucionaria comenzaba a crecer en el mundo. Los sectores dominantes a escala global, especialmente los EE.UU. ya convertida en una potencia hegemónica a nivel global (salvo por supuesto el área dominada por la Unión Soviética), se asustaron frente a esta eclosión liberadora.

Entonces sucedió lo que ya conocemos, el surgimiento de la subjetividad revolucionaria de los estudiantes, obreros, sindicalistas e intelectuales progresistas y sus sueños por un mundo mejor, tuvieron que ser aplastados con dictaduras[2]. Asistimos, así, en América del Sur, a una seguidilla de dictaduras sangrientas que, encuadradas en la hipótesis de conflicto de la lucha contra el Comunismo, la Doctrina de la Seguridad Nacional y el Plan Cóndor, y con el respaldo de los Estados Unidos, al aniquilamiento de todos los movimientos populares y el pensamiento progresista que había surgido en la región. Los mejores intelectuales progresistas, los luchadores sindicales y los obreros lúcidos que sabían defender con dientes y uñas su derecho a una vida digna, todos fueron aniquilados por las sangrientas dictaduras.

La secuela fue terrible y dolorosa. Miles de desaparecidos, millones de pobres e indigentes, menos trabajo, más deuda externa, más dependencia económica, menos Estado, más Mercado, más frustración. De las cenizas de ese holocausto surgió la “ilusión democrática”. La mayoría de los países de la región recuperamos el Estado de Derecho, la democracia formal[3]. Una recuperación realmente valiosa, pero, como veremos, insuficiente. Y hablamos de ilusión porque la democracia, como mostraremos, se quedó en eso, en una ilusión. Al principio, cuando recuperamos el estado de derecho, una ilusión en el sentido positivo del término, es decir, entendida como sueño. Pero hoy, lamentablemente, una ilusión en el sentido negativo del concepto, una ilusión vana, vaciada de contenido y de viabilidad. ¿Qué es lo que pasó? ¿Dónde estuvo el clic que les permitió a los sectores dominantes convertir a la democracia en una ilusión vana y vaciada de significado? Hay razones que lo explican. Una de ellas es la capacidad de reciclarse del modelo, de adaptarse social, económica, cultural y políticamente a las nuevas circunstancias. El sistema se recicló, se aggiornó. Hay distintas hipótesis que intentan explicar cómo fue este proceso[4]. También es interesante considerar que las grandes empresas multinacionales comprendieron el poder ideológico y manipulador de los medios de comunicación y los integraron decididamente a su proyecto. Como mostraremos a continuación y en los próximos capítulos, la “corporativización de los medios” fue uno de los factores concurrentes que ayudó a vaciar de contenido a la democracia. Y cuando la democracia se vacía, lo único que nos queda es la ilusión.

La ilusión democrática

Tal como están las cosas hoy, la democracia tienes más de ilusión que de realidad, porque:

• Los Estados nacionales y sus gobiernos de turno han perdido sustancialmente poder frente a los grandes conglomerados económico-financieros, con una consecuencia fundamental para la democracia: los dirigentes y conductores de estos conglomerados no son elegidos por el pueblo.

• La ciudadanía sigue votando y eligiendo a políticos, mandatarios y funcionarios sin poder de decisión, con lo cual las elecciones se vacían de contenido y, consecuentemente, la democracia también se vacía. Por esa razón, derecha e izquierda dicen hoy tan poco en el campo de las políticas de gobierno[5].

• Paralelamente, los medios de comunicación masivos, ahora corporativizados y multinacionalizados, han cambiado su signo y orientación originaria, de fuentes de democratización de la información pasaron a ser fuentes de manipulación de la información, justamente, porque han sido asimilados por las corporaciones transnacionales, mejor dicho, se han convertido en corporaciones mediáticas. Las consecuencias de este hecho para la democracia son funestas, ya que el poder manipulador de los medios es impresionante. Es tan extraordinaria que, en pocas décadas, logró licuar la conciencia independiente de las masas y, consecuentemente, las posibilidades de surgimiento de una subjetividad transformadora[6].

Frente a esta realidad, la política de partidos y los políticos pierden credibilidad. Su continuo fracaso para transformar la realidad, aun admitiendo que algunos producen ciertos cambios, genera en la población una gran frustración, apatía e incredulidad. Es más, los políticos, aunque parezca extravagante decirlo, son los patos de la boda del escándalo del poder, son la cara visible de la corrupción del poder, mientras los verdaderos responsables de los grandes problemas de los pueblos y el mundo son los dirigentes y cabezas de los grandes conglomerados económico-financieros. No estamos exceptuando a los políticos de sus responsabilidades, respecto de las cuales no cabe duda de que no están a su altura, pero las corporaciones mediáticas tienen la capacidad de ocultar a los verdaderos responsables de los grandes problemas que enfrentamos, dejando expuestos en la vidriera de la crítica exclusivamente a los políticos, una mezcla rara de testaferros, mandatarios y, a la vez, chivos expiatorios de las multinacionales del poder económico-financiero[7].

Estas reflexiones nos inquietan con una pregunta: ¿quiénes son los verdaderos dueños del poder?

Los verdaderos dueños del poder

En las constituciones liberales se enuncia que el pueblo es el soberano, el verdadero detentador del poder, pero que no puede ejercerlo directamente, sino a través de sus representantes, los gobernantes. Esto no es cierto. Ni los pueblos ni los gobiernos son los verdaderos detentadores del poder. Es una verdad incontrastable que los dueños del poder, los amos del mundo, son las corporaciones multinacionales, el sistema financiero internacional, el complejo militar-industrial norteamericano, las agencias multilaterales que responden a los intereses corporativos transnacionales y de los países centrales, como el FMI, el Banco Mundial, la OCDE, la OMC, los bancos centrales de los países desarrollados, etc. También está claro que los dirigentes de estos organismos no son elegidos por la ciudadanía, a pesar del impacto que sus decisiones tienen sobre la vida de los pueblos. El poder de estas organizaciones tiene una dimensión planetaria, mientras que el poder de los Estados está limitado a una dimensión meramente nacional. Por otra parte, la gravitación e influencia de las corporaciones transnacionales en el flujo financiero ha sobrepasado con mucho al de los Estados nacionales, hace ya mucho tiempo.

Las transnacionales, mucho más ricas que los Estados y, a la vez, principales fuentes de financiamiento de los partidos políticos de todas las tendencias en la mayoría de los países, están por encima de las leyes y del propio poder político, están por encima de la democracia. Esto hace que la democracia, lamentablemente, sea hoy un espejismo. Por eso, es de una tremenda ingenuidad esperar que los cambios sociales requeridos puedan surgir de estas democracias. Esto no quiere decir que renunciemos a ella, sino que las deberemos imaginar y buscar de otra manera. El poder ya no está en los gobiernos, sino en las grandes corporaciones, en los grandes complejos militares-industriales, en los grupos de especuladores que manejan a su antojo el sistema financiero del planeta[8]. La democracia ha dejado de ser una realidad. Los dirigentes y responsables de las organizaciones, los que detentan y ejercen el verdadero poder, no son elegidos por el pueblo y sus decisiones no son conocidas por la gente. De ahí, que el margen de acción de los Estados y sus gobiernos sea cada vez más reducido, porque están prisioneros de los acuerdos económicos internacionales, respecto de los cuales los ciudadanos no han sido consultados y, menos aún, informados.

Todos los tratados elaborados en los últimos años, como el GATT, OMC, AMI, NTM, NAFTA, ALCA, etc. tienen, como objetivo final, la transferencia del poder de los Estados hacia organizaciones no-elegidas por nadie, en el marco del proceso que hoy llamamos “globalización neoliberal”.

Es claro, la suspensión o eliminación abierta de la democracia formal habría provocado una enorme inestabilidad social y económica. Por eso, los sectores hegemónicos han decidido, en forma estratégica, apuntalar y mantener una democracia de fachada o ilusoria, desplazando el poder real hacia nuevos centros. Los ciudadanos seguimos votando, pero nuestro voto está vaciado de contenido real[9]. En verdad, votamos por políticos que no tienen verdadero poder. He aquí el vaciamiento ideológico de la política de partidos occidentales. Aunque sigue habiendo matices, la derecha e izquierda partidiaria[10], ya no dicen casi nada.

La fusión de los medios con las grandes transnacionales fue una de las soluciones, porque, de esta manera, se aniquiló todo resabio de pensamiento autónomo, de subjetividad transformadora. El poder manipulador de los medios es inmenso. Los medios son verdaderas máquinas de lavar cerebros. La gente cada vez piensa menos. El pensamiento autónomo, clave para la participación social y el compromiso político está en franca decadencia en esta época y la corporativización de los medios es una de las principales causas. Por eso, para qué las dictaduras, cuando ya no existen rastros de subjetividad transformadora en los pueblos, salvo, por supuesto, algunos grupos, expresiones y movimientos populares acotados y bien controlados.

Con la disolución de la Unión Soviética y, consecuentemente, finalización de la Guerra fría, en la década de los noventa, la información necesaria para pensar el mundo ha desaparecido progresivamente de los medios de comunicación destinados al público en general. Hoy lo que no está en los medios no existe. Al igual que la democracia formal y las elecciones periódicas, los noticieros televisivos continúan existiendo, pero vaciados de todo contenido. Un noticiero de televisión contiene como mucho dos o tres minutos de información verdadera. El resto está constituido por temas del jet set, chismes del ambiente artístico, reportajes intrascendentes, noticias sensacionalistas, reality-shows sobre la vida cotidiana[11], etc. El periodismo político de nivel, los programas especializados, así como las emisiones de información de calidad han sido prácticamente suprimidos, tanto en los medios audiovisuales cuanto en los gráficos. La desaparición de la información veraz y confiable es el síntoma más palpable de que nuestro sistema socio-político ha cambiado para mal.

Los responsables del poder económico-financiero provienen casi todos del mismo lugar, de los mismos ambientes sociales. Se conocen, se encuentran y comparten los mismos puntos de vista y los mismos intereses. Mantienen, entonces, de forma totalmente natural, la misma visión del mundo. Por eso, es normal que se pongan de acuerdo sobre una única estrategia, sincronizando sus respectivas acciones hacia fines comunes, induciendo, a la vez, situaciones económicas favorables a la realización de sus objetivos, que son a saber:

* El debilitamiento de los gobiernos, principalmente de los Estados nacionales, y la consecuente desregulación y privatización de los servicios públicos.

* La desvinculación del Estado respecto de la economía e, incluso, de los sectores de la educación y la investigación. A largo plazo, también se promueve la desvinculación con la policía y las fuerzas armadas, destinadas a convertirse en sectores lucrativos para las empresas privadas.

* La presión para que los países del Tercer Mundo realicen “ajustes” estructurales y fiscales y, de esa manera, estén en condiciones de hacer frente a los préstamos leoninos del capital financiero internacional[12].

* La precarización de los empleos y mantenimiento de un nivel de desempleo elevado, gracias a las relocalizaciones y la globalización del mercado de trabajo. Esto acrecienta la presión económica sobre los asalariados-trabajadores, que estarán, entonces, dispuestos a aceptar cualquier salario y/o malas condiciones de trabajo.

* La reducción de las ayudas sociales y/o subsidios de desempleo, con el objetivo de incrementar la motivación de los desempleados para aceptar cualquier trabajo y a cualquier nivel salarial. Ayudas sociales demasiado elevadas impedirían que el desempleado pudiera actuar como un factor de presión eficaz sobre el mercado de trabajo.

* Impedir el aumento de reivindicaciones salariales en los países del Tercer Mundo, manteniendo regímenes totalitarios y/o corruptos. Si los trabajadores del Tercer Mundo fueran mejor remunerados, ello quebraría el principio mismo de las relocalizaciones y de la palanca que ellas ejercen sobre el mercado de trabajo y sobre la sociedad en los países desarrollados. Esto es, entonces, un aspecto o clave estratégica esencial que debe ser preservada a cualquier precio. Atacar a los sindicatos y la sindicalización es otra estrategia clave.

Por su parte, el dinero es hoy en día esencialmente virtual. Tiene por realidad una secuencia de 0 y de 1 en las computadoras de los bancos. La mayoría del comercio mundial se desarrolla sin moneda-papel, y solo el 10% de las transacciones financieras cotidianas corresponden a intercambios económicos en el “mundo real”. Los mercados financieros constituyen ellos mismos un sistema de creación de dinero virtual, de lucro no basado en la generación de riqueza real, esto es, en la producción y el trabajo.

Gracias al juego de los mercados financieros (que permiten transformar en utilidades las oscilaciones de las tasas de cambio), los inversores ágiles pueden ser declarados más ricos, por una simple circulación de electrones en las computadoras. Esta creación de dinero sin generación de riquezas económicas, corresponde a la definición misma de la creación artificial del dinero. Lo que la ley prohíbe a los falsificadores de dinero y la ortodoxia económica liberal prohíbe a los Estados, es posible, permitido y legal, para una minoría de especuladores financieros sin escrúpulos[13].

También es evidente que empezamos a enfrentarnos a los límites ecológicos de la actividad económica en el planeta. Este sistema económico, cuyo objetivo principal es la maximización de la ganancia a corto plazo y en el marco de los intereses privados, no toma en cuenta los costos a largo plazo de la degradación del medioambiente. Los modelos económicos actuales son igualmente inaptos para estimar a su justo valor la “producción” de la naturaleza, indispensable a nuestra sobrevivencia: producción de oxígeno, fijación del gas carbónico por los bosques y océanos, regulación de la temperatura, protección contra los rayos solares, reciclaje químico, repartición de las lluvias, producción de agua potable, producción de alimentos, etc.

Si nuestros modelos económicos integraran el costo real de la destrucción de la naturaleza, es decir, de la contaminación del medioambiente en sus múltiples aspectos, de las modificaciones climáticas y del agotamiento de los recursos no renovables, cambiaría en forma radical nuestra valoración de lo que es “rentable” respecto de lo que no lo es.

¿Cómo hacer frente a este poder casi omnímodo de los grandes grupos económico-financieros con sus bastiones ideológicos (Think Tank)[14] y los medios masivos de comunicación hegemónicos? Para no ser excluidos definitivamente del juego, los contra-poderes al poder de las transnacionales, como los sindicatos, asociaciones de consumidores, movimientos populares, movimientos ecológicos, minorías contestatarias, etc., deben responder estratégicamente ubicándose sobre un mismo plano de organización a nivel mundial y no solamente a nivel nacional, unificando y sincronizando sus acciones, en la escala de aquellos Estados influyentes, es decir, que tienen peso suficiente en los flujos económicos mundiales. Les queda poco tiempo para reaccionar, porque todos los elementos o instrumentos de control necesarios para instalar una futura dictadura mundial están totalmente operativos.

La era de los Estados-nación ha concluido, estamos ahora en la época de los grandes conglomerados económico-financieros. Esta época comenzó en la mitad del siglo XX, en la posguerra, y se puso en práctica en el transcurso de las décadas de los setenta y ochenta, convirtiéndose en un proceso plenamente operacional en la década de los noventa.

En esta época tienen el poder aquellos que controlan el sistema financiero y las corporaciones multinacionales. Los instrumentos básicos de este poder son el control de la tecnología, de la energía, de la moneda, y de la información. Como todo nuevo poder, se erige remplazando el poder precedente que, por lo tanto, está condenado a desaparecer. Se trata de un poder de tipo mundial o planetario. Constituye un nuevo nivel de organización de la civilización, una suerte de súper-organismo con capacidad para controlar globalmente el mundo.

Todos los problemas son hoy planetarios, ya sean sociales, económicos, tecnológicos o económicos. Todos se han convertido en mundiales y su resolución, por lo tanto, también debe ser global. Pero la pregunta está en saber al servicio de qué objetivos y de qué intereses trabaja este poder global, por quién debe ser ejercido y por cuáles contra-poderes debe ser controlado y equilibrado.

La “globalización” no es negativa per se. Potencialmente está en condiciones de permitir el establecimiento de una paz mundial duradera y una mejor gestión de los recursos del planeta. Pero permaneceremos en la mala senda si sigue siendo conducida por los grandes conglomerados económico-financieros, conservando su orientación neoliberal actual. Si persiste esta tendencia estaremos frente a un nuevo tipo de autoritarismo, los seres humanos seguirán siendo consumidores, objetos y mercancías, continuará la destrucción de la naturaleza, así como las nuevas formas de esclavitud. Y aquí es importante darnos cuenta de que el manejo manipulador de la información y la comunicación es una de las principales herramientas de la globalización neoliberal para ordenar el mundo desde sus valores e intereses.

Bibliografía:

KLEIN, Noami (2007) La Doctrina del Shock. El auge de la economía del desastre. Barcelona: Editorial Paidós Ibérica.

LENS, José Luis (2013) Educar para cambiar el mundo. Buenos Aires: Editorial Vida-Global. E-book.

MARCUSE, H., (1969) Ensayo sobre la liberación. Buenos Aires: Editorial Gutiérrez.

MARCUSE, H., (1970) La sociedad carnívora. Buenos Aires: Galerna..MARCUSE, H., (1972) El hombre unidimensional. Barcelona: Editorial Seix Barral.

  1. Esto es sólo una curiosidad, pero no deja de darme vueltas en la cabeza: En el mismo momento en que yo trabajaba como ayudante de cocina en un restaurante de Bussingy (Hotel De Ville) a pocos kilómetros de Lausana, ignorando completamente quién era Paulo Freire (quien posteriormente sería uno de mis principales inspiradores ideológicos), éste comenzaba a trabajar en el Consejo Mundial de Iglesias en Ginebra, una ciudad también sobre el lago Leman cercana a Lausana.
  2. Existen muchas razones para pensar que cuando la subjetividad de cambio de las masas es elevada, las dictaduras explícitas son prácticamente la única receta posible y viable para los sectores dominantes.
  3. Que debemos saber valorar, ya que reconquistar el Estado de Derecho tuvo un costo muy elevado. Lo que deploramos es su insuficiencia para superar los problemas más acuciantes de nuestro país y de la región: la tremenda desigualdad en la distribución de la riqueza. El Estado de Derecho es una condición necesaria e ineludible para hablar de democracia, pero es evidente que no es suficiente.
  4. Una de ellas, por cierto interesante de estudiar, es la de Naomi Klein, que expone con abundante documentación en su libro: La Doctrina del Shock. El auge de la economía del desastre. Barcelona: Editorial Paidós. 2007. Naomi Klein intenta demostrar, con una excelente documentación, que el capitalismo emplea continuamente la violencia y el terrorismo contra el individuo y la sociedad. Para ello, se aprovecha de las crisis –del tipo que fueran- para introducir medidas impopulares de choque económico, a menudo acompañadas de la violencia requerida para conseguirlas. Elegí dos breves fragmentos de este libro para ilustrar la hipótesis de Klein: “Cuando el Katrina destruyó Nueva Orleáns, la red de políticos republicanos , think tanks y constructores empezaron a hablar de un nuevo principio y atractivas oportunidades, estaba claro que se trataba del nuevo método de las multinacionales para lograr sus objetivos: aprovechar momentos de trauma colectivo para dar el pistoletazo de salida a reformas económicas y sociales de corte radical” (29-30) (…) “A pesar de la afirmación de la administración Bush de que el siglo XX terminó con una victoria decisiva del libre mercado sobre toda forma de socialismo, muchos países latinoamericanos comprenden perfectamente bien que lo que había fallado en Europa oriental y partes de Asia era el comunismo dictatorial. El socialismo democrático, entendiendo como tal no sólo los partidos socialistas que alcanzaban el poder a través de elecciones libres sino también las empresas y tierras dirigidas de forma democrática, había funcionado en muchas regiones, desde Escandinavia hasta la pujante e histórica economía de cooperativas de la región de Emilia-Romagna en Italia. Lo que Allende trató de llevar a Chile entre 1970 y 1973 fue una versión de esta combinación de democracia y socialismo. Gorbachov tenía un enfoque similar, aunque menos radical, para convertir a la Unión Soviética en un faro del socialismo en las líneas del modelo escandinavo. El Freedom Charter de Sudáfrica, el sueño que impulsó la larga lucha por la liberación, fue otra versión de esta misma tercera vía: no comunismo de Estado, sino mercados que coexistían con la nacionalización de bancos y minas, utilizando el dinero que éstos daban para construir barrios residenciales y buenas escuelas. Era una democracia tanto económica como política. Los trabajadores que fundaron Solidaridad en 1980 se comprometieron no a luchar contra el socialismo, sino por el socialismo, para que los trabajadores al final obtuvieran el derecho a dirigir tanto su país como sus lugares de trabajo de forma democrática. El sucio secreto de la era neoliberal es que estas ideas jamás fueron derrotadas en el campo de batallas de las ideas ni tampoco fueron abandonadas por los ciudadanos en las elecciones. Fueron expulsadas a base shocks aplicados en momentos políticos clave” (585-586).
  5. Esto no quiere decir que de lo mismo un gobierno de orientación progresista que uno neoliberal. Son distintos y, por lo tanto, promoverán políticas diferentes. No obstante, hasta tanto no se modifiqué la asimetría entre las oligarquías y los pueblos, los gobiernos progresistas tienen y tendrán grandes problemas para imponer su agenda.
  6. Herbert Marcuse fue uno de los teóricos en el siglo XX que mejor comprendió y analizó críticamente la extraordinaria capacidad del sistema capitalista para crear una “subjetividad” mantenedora y legitimadora del modelo.
  7. Por eso, la “demonización” de la política y los políticos, se ha convertido en una estrategia mediática de las corporaciones. De esta manera la dirigencia corporativa busca quedar exenta de toda responsabilidad frente a la opinión pública respecto de los fracasos de las políticas de los gobiernos. Mediante sus usinas mediáticas, que pretenden aparecer como garantes de la libertad de expresión, y lo que realmente defienden es la libertad de empresa, critican la corrupción de los políticos; pero, he aquí la hipocresía, quiénes, sino ellos, son los que los sobornan y corrompen, así como presionan continuamente y condicionan al Estado a favor de sus intereses.
  8. Miremos a los países de la Comunidad Europea, produciendo ajustes indignantes sobre su población bajo la presión de los grupos de especuladores financieros internacionales, sin que sus gobiernos puedan hacer nada para evitarla.
  9. La democracia formal está hoy bastardeada y avasallada de múltiples formas. En la Argentina, el gobierno de Muricio Macri, un genuino actor y representante de las mega empresas nacionales y las multinacionales que hacen negocios con el Estado argentino, está poniendo en práctica una verdadera “excepcionalidad institucional”. Está utilizando y manejando, a piacere, las instituciones del Estado. Para muestra basta un botón. En la Oficia Anticorrupción, encargada de controlar a los políticos y funcionarios del Estado y, que, por lo tanto, debería ser totalmente imparcial, Macri puso a una furiosa militante de su partido, el Pro, para que haga la vista gorda respecto de los negocios que su gobierno está haciendo con el Estado. Además, un requisito del puesto es que quien lo ocupe debe ser abogado o abogada, Ahora bien, la funcionaria en cuestión, Laura Alonso, no posee dicho título. Evidentemente, en estas condiciones la democracia es una fachada para engañar a una población manipulada y sin armas para defender sus derechos consagrados en la Constitución.
  10. Decimos “izquierda” y “derecha” desde la óptica partidaria, porque desde un enfoque político extrapartidario estas categorías siguen teniendo pleno sentido.
  11. Últimamente han aparecido en los Estados Unidos reality-show con las cacerías de los inmigrantes “ilegales”, que luego son encarcelados con ridículas vestimentas a rayas por el tremendo delito de querer trabajar y tener una vida digna. En mi país, la Argentina, C5N, un Canal de gran audiencia y, para peor, no monopólico, se pasó todo un día completo repitiendo y dándole una cantidad de tiempo increíble a una información de una banalidad sorprendente: un chico que se hizo pis en el aula y la maestra lo reprendió. Es realmente increíble e indignante que esta sea una noticia y, a la vez, se ignoren un montón de informaciones muchísimo más valiosas.
  12. Estos “ajustes”, sorprendentemente también se están realizando hoy en países de la Unión Europea, lo cual marca la voracidad implacable del capital financiero internacional.
  13. Estos grupos de especuladores financieros, verdaderas aves carroñeras, son los principales responsables de la crisis financiera internacional que estalló en 2008. Después de estas crisis, siempre vienen los tsunamis del ajuste, que terminan pagando los que menos tienen en las sociedades. Y no sólo en las de los países no desarrollados, sino también, ahora, en muchos países centrales.
  14. Esta expresión inglesa la podemos traducir por “usinas de pensamiento”, esto es, fuentes productoras de ideología legitimadora del modelo neoliberal.

José Luis Lens

Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación. Actualmente, Profesor Titular de la Cátedra de Educación Popular en la FCH-UNCPBA y Profesor Adjunto de Ciencias Políticas en la UBA-CBC.

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