Neoliberalismo

Por qué todavía se lo sigue votando al macrismo

¿Por qué todavía se lo sigue votando al macrismo? Análisis crítico de la nota de José Natanson: “El macrismo no es un golpe de suerte”(Página 12, 17/8/2017).

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La lectura que hace José Natanson del macrismo es muy poco consistente y funcional a la derecha.

Con todos los indicadores económicos abajo, habiendo aumentado la pobreza y el hambre, la desocupación, el cierre de miles de comercios y pymes, una deuda externa que poco a poco se nos va convirtiendo en impagable y nos devora con los intereses, una inflación que no se detiene, una inserción aperturista en un mundo proteccionista, un mercado interno que se hunde, un desaparecido forzoso que no pueden justificar, una detenida política que es reclamada por el mundo, con una avalancha de acusaciones de corrupción al Presidente y sus principales colaboradores, que es tapada por los medios hegemónicos[1] y sin plan de gobierno, no es posible prodigarle muchas alabanzas al macrismo. No hay como fundamentarlas, ni tampoco las merece.

Natanson dice: “El macrismo es una derecha democrática y renovada”. Aquí es necesario aclarar que lo único que tiene de democrático la derecha conservadora macrista es su legitimidad de origen, porque es un gobierno que fue elegido en elecciones libres, pero totalmente blindadas por el monopolio mediático hegemónico del Grupo Clarín que, en tanto tal, practica una dictadura implícita[2]. Por eso, no es ningún despropósito decir que Mauricio Macri estafó la buena fe de una gran parte de la población, porque no cumplió ninguna de sus promesas de Campaña. Además, la presión y condicionamientos sobre el Poder judicial es realmente notable. La Justicia argentina de hoy está profundamente degradada. Salvando honrosas excepciones, los jueces hacen lo que Mauricio Macri les manda. Como para muestra basta un botón, la causa de los Panamá Papers fue extinguida. Cuándo el Poder Ejecutivo avasalla al Judicial y el Presidente de la Corte Suprema de Justicia se comporta como un mandadero de Mauricio Macri[3], ¿dónde queda la democracia?

José Natanson dice:

“Cambiemos se presenta como una renovación modernizante de la política. Sin entrar una vez más en discusiones acerca de la realidad concreta de sus acciones (la manipulación del escrutinio bonaerense desmiente este supuesto higienismo), señalemos que, auto-reivindicado como el primer partido político del siglo XXI, el macrismo se proclama como un paso adelante respecto de los vicios y las mañas de las agrupaciones tradicionales”.  

Este párrafo es sorprendente, en principio, porque Natanson nos propone no discutir la realidad concreta de las acciones de Cambiemos y quedarnos con lo que dice y proclama de sí mismo, esto es, con el “relato” generado por Jaime Durán Barba. Claro, el relato de Cambiemos vende que es una instancia superadora de los vicios y las mañas de la vieja política, mientas nos maltrata y degrada con la corrupción del uso del Estado para hacer negocios, los fraudes electorales, las operaciones mediático-políticas, las ocultaciones y las continuas mentiras y manipulaciones de la nueva política. ¿Esta es la renovación de Cambiemos?

Pero hay un punto en el que “parece” que Natanson tiene buenos fundamentos para distinguir y alabar a Cambiemos. Es cuando dice:

“Sin embargo, hay algo más que una simple habilidad táctica detrás del triunfo del macrismo, que el domingo pasado logró consolidarse como la fuerza más votada a nivel nacional, mejoró su performance respecto del 2015 y derrotó al peronismo en bastiones históricos. ¿Qué tendencias sociales consiguió interpelar? ¿Qué entendió Macri de la Argentina?”

Y decimos “parece”, porque tampoco aquí hay fundamentos de fuste para distinguirlo. En primer lugar, Cambiemos no ganó las elecciones, porque dos de cada tres personas, no lo votó. Lo que ocurrió es que tuvo un desempeño que superó las expectativas negativas que el propio macrismo tenía antes de las elecciones. Y eso, con la ayuda inapreciable de los medios que lo blindan a sangre y fuego. Pero lo más importante a destacar, es que si las elecciones superaron sus expectativas negativas, es fue porque tiene “todo” el poder. Todo el poder económico. Todo el poder mediático y todo el poder político. Y aun así, Cristina Fernández, sin aparato, sin spots publicitarios, sin medios a su servicio y sin marketing político, ganó en el principal distrito de la Argentina. ¿Cuál es la nueva fuerza de Cambiemos?, ¿cuál es su carácter renovador y moderno?

No obstante, le doy la derecha a José Natanson en un punto: La competencia de Cambiemos para “comunicar”, pero manipulativamente. Eso lo hacen muy bien. Excelentemente. Pero con esto no podrán ir más allá de la esfera electoral y tampoco lo podrán hacer por mucho tiempo.

Sigamos sorprendiéndonos. Dice Natanson:

“Pero el objetivo de esta nota no es denunciar la simulación de Cambiemos ni desnudar la oscuridad de su alma verdadera sino entender por qué sus propuestas resultan convincentes, indagar los motivos profundos de su eficacia, entender por qué funciona”.

Cambiemos no “ganó” (tengamos en cuenta las comillas) porque sus propuestas resultan convincentes para la gente, como dice José Natanson. Cambiemos “ganó” porque:

  • Exhibe la mayor concentración de poder de los últimos tiempos en la sociedad argentina. Tiene todo los poderes en una concentración nunca antes vista: el económico financiero, el mediático y el político.
  • Realizó uno de los mayores y más importantes pactos político-económicos de los últimos tiempos en la Argentina: el contubernio Cambiemos-Grupo Clarín. .
  • Está respaldado por el todo el poder concentrado de la economía.
  • A partir de lo anterior, obtuvo un blindaje mediático nunca antes visto en la Argentina y tiene la capacidad logística de armar operaciones mediático-judiciales contra sus opositores, especialmente, su principal enemiga Cristina Fernández.
  • En un nivel de importancia menor, pero destacable, porque tiene todo el poder económico-mediático, logró crear un poderoso marketing político de publicidad y manipulación, que tiene tres patas:
  • La comunicación, mediante la creación de relatos y gestos políticos.
  • Acciones políticas orientadas a impactar en target precisos de la población.
  • Fuertes campañas electorales.
  • Manejó y maneja, como un instrumento formidable de presión y condicionamiento de los gobernadores peronistas, la co-participación federal.
  • Logró fragmentar, con gran eficacia, a las fuerzas sindicales y políticas, creando un opoficialismo.
  • Todo el poder mediático-judicial trabaja sobre una población que, en general, tiene un bajo nivel de conciencia política.

¿En qué es eficaz el macrismo, en qué sentido funciona y por qué decimos que es eficiente? Funciona, esto dicho relativamente, como máquina electoral. Es eficaz y competente para manipular a la población con el objetivo exclusivo de juntar votos. Tal como lo dice el gurú Jaime Durán Barba en los retiros espirituales de Cambiemos, sus conferencias y libros: “ustedes tienen que decirle a la gente lo que quiere oír, porque el objetivo excluyente es conseguir votos”. El propio Duran Barba señala en sus libros que utiliza el método científico para descubrir, mediante sus obsesivos focus groups, lo que la gente quiere que le digan, para después manipularla en las campañas electorales.

Sin pretender faltarle el respeto a José Natanson y sin pecar de soberbia, no hace falta indagar demasiado para entender por qué convence, por qué es tan eficaz, por qué funciona Cambiemos. Porque sabe manipular y tiene todo el poder para hacerlo. Además, porque la población, en general, tiene un bajo nivel de conciencia policía, como el propio Durán Barba le enseña a sus discípulos en los retiros espirituales (Chapadmalal), cuando les dice: “sólo el 6% de la gente vota por razones políticas, el resto lo hace por otras razones”. Entonces, no le hablen de economía, de tarifas, de inflación, háblenles de su mascota, de su abuelito, del tiempo, etc.

Asimismo, es extremadamente pueril ponderar el timbreo como una instancia renovada y modernizante. Miren lo que dice José Natanson:

“Más pendiente de la época que de la épica, el oficialismo defiende una visión anti-heroica de los asuntos públicos, una reivindicación de la normalidad cuya gran escenificación es el timbreo. Concebido como un contacto directo entre el funcionario y las personas, el timbreo es espontáneo, informal, casi diríamos puro, en contraste con la forma favorita del populismo: el acto de masas y toda su parafernalia de organización, traslado, protocolo de oradores y largas negociaciones previas por los lugares en el palco. Decisivamente, el timbreo permite desplazar el eje del ciudadano al vecino. Aunque quien pulse el timbre sea un funcionario nacional, incluso un ministro, la gobernadora o el mismísimo presidente, la política se hace, en un pase de manos mágico, local: el mensaje es que son los problemas inmediatos y cotidianos los que realmente importan, los que el político, como muestran las fotos que luego circulan por los medios, se acerca a escuchar”. 

Cualquiera que se tome el trabajo de ir a la Web a buscar el manual de instrucciones de Cambiemos para los timbreos, se encontrará con frases como esta: “En los timbreos tenemos que “dar la sensación de que estamos prestando atención” a lo que dice el vecino”. La idea es “hacerle creer” a la gente que sus problemas le importan a Cambiemos. Pero la verdad es que a Cambiemos le importan un rábano. Los timbreos son instancias preparadas de antemano. Una simple y vulgar farsa marketinera. José Natanson, esto de novedoso no tiene nada, porque es una instancia totalmente manipuladora, que la mayoría de la gente ya descubrió.

Dice José Natanson:

“El macrismo no es, por recurrir a la fórmula de Ricardo Forster, una anomalía, un accidente o un golpe de suerte; es una fuerza potente que se encuentra en el trance de construir una nueva hegemonía”

Es totalmente cierto que el macrismo no es un golpe de suerte, también es cierto que es una fuerza potente, es la fuerza de la oligarquía convertida en partido político. Pero no es cierto que se va a convertir en una nueva hegemonía, hay un serio error de visión política en esta afirmación. El desastre, lamentablemente, al que nos está conduciendo Cambiemos lo impedirá. Además, decirle a la población que Cambiemos se va a convertir en una nueva hegemonía, cuando está conduciendo al abismo a la Argentina, es funcional a la derecha conservadora, lo que hace ruido en un periodista del Diplo, cuya tradición es el progresismo de izquierda.

Que quede claro. No hay un éxito de Cambiemos, porque su gobierno es un fracaso rotundo. Lo que hay es un buen manejo de la opinión pública, pero con fines inconfesables. Y ese manejo de la opinión de la gente es posible porque Cambiemos tiene, como señalamos arriba, “todo” el poder. Pero no cabe duda de que esa eficacia, ese poder de convencimiento tiene fecha de vencimiento porque la mentira no se puede mantener por mucho tiempo. Y esa fecha cada vez está más cerca.

  1. Por ejemplo, qué dicen el Grupo Clarín y todos sus satélites de los casos Lewis y Benetton en la Patagonia, propietarios ambos de cientos de miles de hectáreas, que las adquirieron violando la ley y están realizando todo tipo de negociados espurios con la colaboración del Estado, los intendentes zonales y los jueces de la Nación. Su silencio es, a la vez, revelador e indignante.
  2. Un medio con el nivel de hegemonía de Clarín, que miente descaradamente, oculta todo lo que puede dañar al gobierno de Cambiemos y realiza operaciones mediático-judiciales todo el tiempo estigmatizando a las figuras del gobierno popular anterior, especialmente a la ex presidente Cristina Fernández, está violando flagrantemente el derecho a la comunicación e información de la ciudadanía. Entonces, no es nada descabellado decir que está practicando una “dictadura implícita”.
  3. El caso del Juez Eduardo Freiler fue más que evidente para mostrar esta dependencia de la Corte respecto del Podre Ejecutivo.

José Luis Lens

Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación. Actualmente, Profesor Titular de la Cátedra de Educación Popular en la FCH-UNCPBA y Profesor Adjunto de Ciencias Políticas en la UBA-CBC.

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