Neoliberalismo

La construcción de los enemigos externos e internos como legitimación de la injerencia y la represión

La construcción de los enemigos externos e internos como legitimación de la injerencia y la represión

Resultado de imagen para el enemigo interno

Los teóricos y politólogos hablan de dos modalidades del ejercicio de la dominación política:

  • La dominación por coacción físico-psicológica.
  • La dominación por consenso.

En realidad, estás dos modalidades se relacionan dialécticamente, esto es, se requieren mutuamente. Fijémonos. Para poder usar la primera, muchas veces los dominadores necesitan poner en juego la segunda. Es lo que sucede, como veremos, con la invención de los enemigos internos y externos.

Por eso, habría que plantear una modalidad mixta, es decir, una que incluya la utilización de ambas. La denominaríamos:

  • Dominación mixta: coerción-consenso.

La invención de los enemigos externos se vincula directamente a la necesidad que tienen los Estados dominadores a escala global, como los Estados Unidos, de tener una hipótesis de conflicto. Es imprescindible el enemigo externo para “justificar” las acciones para la dominación, aun las más perversas y deshumanizadas. Durante la Guerra fría con la ya desaparecida Unión Soviética, los Estados Unidos gozaron de un formidable enemigo externo: El comunismo[1]. Con esa hipótesis, entre otras acciones para la dominación en el mundo, realizaron todo tipo de “injerencias” en los países de la región. Amparados en la “doctrina de la seguridad nacional”, creada bajo la inspiración norteamericana del enemigo externo comunista, las oligarquías nacionales de nuestra región, apoyadas de diferentes formas por los Estados Unidos, promovieron todo tipo de dictaduras, muchas de ellas cruentas y genocidas. Instalaron la teoría del enemigo interno en todos los países de nuestra región. El fatídico y genocida Plan Cóndor, se planificó y ejecutó en el marco de esta idea.

En nuestro país, encapuchados en la Doctrina de la Seguridad nacional, el contubernio oligarquía-fuerzas armadas destrozó la oposición popular a la Dictadura del mal llamado Proceso de Reorganización Nacional. Pero para ello, tuvo que instalar, con mucha fuerza en las subjetividades, la amenaza de un enemigo violento, antipatriótico y muy destructivo: el terrorismo subversivo. Esta instalación de un enemigo interno cumplía, por lo menos, dos objetivos:

  1. Generar un consenso antisubversivo en la población.
  2. Justificar las violentas represiones que estaban realizando.

¿Qué había detrás de todo esto? Un Plan de gobierno de sesgo conservador, favorable completamente a los intereses de la oligarquía, esto es, a los principales lobbies de la Argentina. A la Sociedad Rural, a los grupos concentrados de la economía, las corporaciones, a los bancos y al capital especulativo. Para imponer este plan había de aniquilar cualquier tipo de resistencia popular que, en ese entonces, estaba acompañada por una población con una subjetividad más crítica que la de hoy, por supuesto exceptuando el porcentaje de la derecha conservadora que apoya siempre a los gobiernos oligárquicos. Para ello, con la coartada del enemigo interno, el terrorismo subversivo, la dictadura produjo el mayor genocidio de la historia argentina, mediante la implementación sistemática de las desapariciones forzosas. Lo que fue más que represión, la aniquilación de una generación completa de gente extraordinaria que quería cambiar el mundo.

Si bien el gobierno macrista no llegó al poder político mediante un golpe cívico-militar, poco a poco fue derivando hacia la salida represiva. La ecuación no es difícil de resolver. El proyecto socio-económico conservador neoliberal es empobrecedor y devastador para los sectores populares. El desempleo, la pobreza y la pérdida de horizontes de vida de la gente crea tensión social, que se traduce en protestas, manifestaciones, marchas, movimientos sociales, etc. Para una oligarquía que por una cuestión de ADN nunca va a modificar sus políticas regresivas y anti populares, esto tiene una única salida: la represión. Y aquí aparece, otra vez, la figura del “enemigo interno”. Por eso, si ya instalamos en la conciencia de la gente la idea del enemigo interno, después será muy fácil lograr que la población vea a dicho enemigo en la figura de los que tensionan a la sociedad con sus marchas, manifestaciones y protestas. El resultado es la demonización de la protesta, el paso previo a su judicialización y represión.

Y aquí aparecen los medios hegemónicos, con las operaciones mediático-judiciales y todo el periodismo basura manipulando a las audiencias. Basta ver con que desparpajo y naturalidad la caterva de comunicadores cipayos y mercenarios instala en los medios la idea de que los movimientos sociales y los grupos que protestan y se manifiestan son violentos y ejercen la violencia. Y no sólo eso, sino que comienzan a darles vida a palabras de la maldita época de la dictadura genocida, como terrorismo, subversión, etc. Las audiencias, en su generalidad receptivo-pasivas, son inoculadas con este perverso veneno que condiciona su subjetividad y las convierte en enemigas de sí mismas.

Lo tremendo de todo esto es que ya lo vivimos. Volver a vivirlo es una pesadilla. Es cierto que hoy no hay condiciones para un genocidio sistemático, no obstante sí las hay para una regresión socio-cultural que nos haría retroceder muchos años, en la que desaparecerían, casi sin que nos diéramos cuenta, con toda naturalidad, una serie de derechos y conquistas que nos costaron muchos años de lucha.

Tengamos en cuenta, que esta construcción es posible por la existencia de dos condiciones:

  1. El estado de colonización subjetiva de gran parte de la población.
  2. El accionar manipulador de los medios de comunicación en su consolidada etapa de monopolio y hegemonía a nivel global y nacional.

Depende de nosotros que esto no ocurra. Sólo los pueblos salvarán a los pueblos. Los líderes son importantes y necesarios, pero sin pueblos concientizados, la lucha estará perdida.

  1. Una vez finalizada la Guerra fría y extinguido el comunismo como enemigo interno-externo, había que inventar otro. El auto atentado de las Torres Gemelas lo posibilitó, es así como apareció el Terrorismo internacional.

José Luis Lens

Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación. Actualmente, Profesor Titular de la Cátedra de Educación Popular en la FCH-UNCPBA y Profesor Adjunto de Ciencias Políticas en la UBA-CBC.

Descubre más desde Autoformación y Empoderamiento

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo