Basta de los economistas que dicen que el problema de la Argentina es el gasto público

Basta de los economistas que dicen que el problema de la Argentina es el gasto[1] público

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Disculpen el exabrupto, pero el abuso lo amerita, ¡estoy hasta las pelotas de oír a un montón abrumador de talibanes del neoliberalismo decir en los medios, que ocuparon por asalto con el perverso marketing del establishment[2], que el problema de la Argentina es el “gasto público”[3]! Se trata de un argumento para defenestrar a los gobiernos nacionales y populares, como vamos a demostrar, de una pobreza extraordinaria.

El primer lugar, toman como objetivo lo que es un instrumento, al igual que los conceptos de “inflación” y “déficit fiscal”. Ponen la lupa en un instrumento que, a la vez, estigmatizan y usan de caballito de batalla para erosionar a las administraciones progresistas, que intentan denigrar con el término de “populismos”. Es claro que el “gasto público” es un concepto relativo, en ese sentido no es malo ni bueno en sí mismo, sino que depende de lo que ocurra con otras variables de la política y la economía. En determinadas circunstancias es un dinamizador de la economía y, en otras, puede convertirse en un obstáculo para el desarrollo económico y social. El problema nunca está en los instrumentos sino en los objetivos, en este caso, en cómo se utilizan. El problema no es el martillo, sino el mal uso que nos hizo errar al clavo y romper la pared.

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La mala intención de estos talibanes neoliberales queda al descubierto cada vez que comienzan señalando que nuestro problema es el gasto público. En realidad, “achicar el gasto público” es un dogma neoliberal, como lo es “reducir impuestos” (de los ricos especialmente), liberalizar la economía y privatizar las empresas públicas. Todas estas acciones, lejos de estar avaladas por criterios científicos y evidencias empíricas, como pretende infructuosamente la ideología neoliberal, se encuadran en las necesidades de afirmar y legitimar el poder de las oligarquías:

“Debido a su ADN dominador, las oligarquías no abandonan nunca sus ansias de poder y, desde lo político, necesitan legitimarse continuamente respecto de las poblaciones, para lo cual deben manipularlas a los efectos de obtener su adhesión y consenso. Esto es lo que nos muestra la historia y la experiencia, que los sectores dominantes, para lograr aplicar eficazmente su dominio a todo el pueblo, necesitan presentar sus valores e intereses como los de todo el conjunto de la población”[4].

Sus falaces argumentos se basan en supuestos que permanecen ocultos para las miradas acríticas que, lamentablemente, son las de una parte importante de la población. Su estrategia argumentativa se sustenta en un pensamiento totalmente antidialéctico, ya que se basa en la fragmentación de la realidad, a partir de lo cual se rompen las relaciones y vínculos que explican los fenómenos y la visión holística[5], que es fundamental para entender los fenómenos de la realidad:

  • Separan a la economía de la política, como si fueran dos campos que no mantienen, como realmente sucede, una interrelación insoslayable. Al igual que ocurre con la educación, es imposible entender la economía sin poner en juego los objetivos políticos. Fijémonos que los objetivos políticos siempre están ocultos, no los explicitan y declaran nunca.
  • Establecen la validez de los comienzos absolutos, lo que una buena lectura crítica de la realidad jamás confirma. Dicen, por ejemplo, la clave está en lograr el “déficit cero”, a partir de lo cual proponen como una receta válida el “ajuste” del mal llamado gasto público. El razonamiento antidialéctico es el siguiente: el problema para superar el estancamiento económico está en el déficit fiscal, por eso, es lo que debemos atacar en primer lugar y en forma exclusiva. Una vez superado, entonces comenzará el desarrollo de la economía. Pero sin superar el déficit fiscal (comienzo absoluto) no podremos avanzar en la mejora de la economía. Este razonamiento es falaz desde donde se lo mire. Está claro que apuntar en forma absoluta y prescindente de otras acciones a lograr el déficit cero, lo que requiere un severo ajuste de la inversión social, nos va a llevar a una feroz contracción de la economía con un costo humano monumental, justamente lo que dicen querer superar en última instancia mediante el ajuste[6]. Acá queda al desnudo al ideología neoliberal, cuyos valores son a todas luces anti humanitaristas, ya que la economía es más importante que las personas. ¿Imaginémonos el costo humano de un ajuste de la inversión social en comida, educación, salud, empleo y vivienda? Por ejemplo, ¿cómo revertir la situación de los niños que no toman leche en los primeros tres años de vida? Es un costo irreversible. ¿Cuál es el sentido, entonces, de realizar un ajuste de la inversión social con un costo semejante? Sólo tiene valor, como podemos comprobar, para una filosofía económico-política deshumanizada como la neoliberal.
  • Desestiman, también en forma antidialéctica, la multicausalidad, con lo cual pretenden explicar los fenómenos apelando a una sola causa. Por ejemplo, pretendiendo demostrar que la causa de la “inflación” es la emisión de dinero. Esto los lleva a soslayar intencionalmente otras causas como las devaluaciones de la moneda, la formación de los precios por los poderes fácticos, el aumento excesivo de las ganancias de las corporaciones, la corrupción privado-política, la evasión y elusión de impuestos, la fuga de divisas, etc:

“Nuestro análisis de la realidad debe ser siempre holístico, considerando que la verdad está en el todo y no en las partes. Esto nos exige suponer la interacción de todas las partes del todo, lo que nos obliga a establecer la idea de que: Ningún hecho, situación o fenómeno puede ser el resultado de una sola causa. Porque cualquier situación o fenómeno siempre estará sometido a la influencia e interacción de muchas partes (…) Los hechos y fenómenos se producen siempre por un conjunto convergente de causas. A veces, hay causas denominadas detonantes, a las que luego se les atribuye una centralidad que en realidad no poseen. Por ejemplo, calentemos un recipiente con agua, hasta que llegue a 99 grados. Le agregamos un grado más, y el agua hierve. ¿Cuál fue la causa que hizo que el agua hirviera? Podríamos decir, el grado 100. A partir de aquí, podríamos señalar que esa fue la causa que hizo hervir el agua. Lo cual sería un error, porque no estaríamos considerando los 99 grados que el agua ya tenía. De haber tenido menos grados, ese grado que se le sumó no habría producido ningún efecto. Con este ejemplo queda claro que el análisis debe ser siempre holístico, ya que es necesario tomar en cuenta la multitud de causas que entran en juego cada vez que se produce un hecho o fenómeno”.

En la misma línea de una lógica antidialéctica, descontextualizan (descuartizan) la realidad. Cuando sostienen obsesivamente, por ejemplo, que el problema de la Argentina es el “gasto público”[7], que en verdad es un instrumento de la política, nunca un objetivo final, dejan de lado el accionar histórico de las oligarquías, que presionan y condicionan a los gobiernos progresistas imponiéndoles sus valores y objetivos económico-socio-culturales y la geopolítica de dominación regional de Washignton, que bloqueó y bloquea nuestro desarrollo científico-tecnológico e industrial propio, impidiendo, además, de distintas formas la unidad de un bloque regional capaz de generar un geopolítica propia y soberana, que nos ayudaría económica y políticamente como país.

Por eso, como vemos, el problema de la Argentina está muy lejos de ser el “gasto público” que, como señalamos, es un instrumento de la política, sino que el problema de la Argentina está sin duda:

En el poder histórico de las oligarquías que con su infinito egoísmo, ambición y ansias de poder destruyen las posibilidades de desarrollo socio-económico del país y su gente. Persiguen la maximización de las ganancias a ultranza, forman los precios, hacen todo tipo de negocios con el Estado, evaden impuestos, lavan dinero, se llevan las divisas al exterior (guaridas fiscales) y se subordinan a los poderes externos, “entregando” el país a los intereses foráneos. Aquí está el problema de la Argentina, no en la ridícula idea del excesivo “gasto social”, un dogma neoliberal que, como vimos, es imposible demostrar con argumentos y fundamentos serios.

  1. En realidad no se trata de un gasto, sino de una inversión, una inversión en la gente, que es la esencia de toda comunidad. Por eso, deberíamos dejar de usar el concepto de “gasto”, ya que es impropio.
  2. Ver: El furor de los Teleconomistas liberales, Alexis Dritsos, en Dos líneas “El País” 17 nov 2018.
  3. Sin embargo, los datos de la realidad contradicen las afirmaciones de estos economistas neoliberales. El porcentaje de gasto público en relación al PBI, de Argentina en 2016, según registros de Expansión.Datosmacro.com, fue de 41.42%, pero fue mayor el de economías sólidas y en expansión como las de Francia (56.50%), Dinamarca (51,50%) y Suecia (49,30%). Asimismo, economías estancadas y destruidas registraron porcentajes mucho menores, como Nigeria (9,4%), Etiopía (18,23%), Haití (18,69%) y República Democrática del Congo (17,61%). Entonces, ¿cómo hay que entender y procesar el argumento de estos economistas? La respuesta no es difícil, no hay argumentos válidos porque se trata de un “dogma” del neoliberalismo.
  4. Ver: “La evidencia de la división dominadores-dominados, como clave de la lectura crítica del fenómeno político” (pág. 91), en: Lens José Luis (2018) Nosotros somos los que estábamos esperando. Buenos Aires: VI-DA TEC Editores.
  5. “La verdad es el todo” (Friedrich Hegel).
  6. Todos los talibanes del neoliberalismo sostienen que la mejor forma de superar la pobreza es aplicar sus recetas económicas. No obstante, la realidad los desmiente todo el tiempo.
  7. Echarle la culpa al gasto público o social del estancamiento de la Argentina que, como vimos, es una inversión en la gente, en la mejora de la calidad de vida de población y, especialmente, de los sectores subalternos, es el mismo caso de la gobernadora María Eugenia Vidal, que acusó a las pymes de falta de competitividad, cuando el gobierno del que ella forma parte las está destrozando con tarifazos impagables, la apertura de las importaciones y la destrucción del mercado interno. Esta es la estrategia de legitimación de la banda de saqueadores neoliberales que nos gobierna, arruinar nuestra calidad de vida, prohibir nuestra realización como personas y sociedad y, después, echarnos la culpa a nosotros de la situación que ellos mismos provocaron. Más cinismo e hipocresía es imposible!!

José Luis Lens

Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación. Actualmente, Profesor Titular de la Cátedra de Educación Popular en la FCH-UNCPBA y Profesor Adjunto de Ciencias Políticas en la UBA-CBC.

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